Marzo 17 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 55
DEUTERONOMIO 7 AL 9
El privilegio de la santidad
7 »Cuando
el Señor tu Dios te lleve dentro de la tierra donde estás a punto de
entrar y que vas a poseer, él te abrirá camino quitando de tu paso a muchas
naciones: los hititas, los gergeseos, los amorreos, los cananeos, los ferezeos,
los heveos y los jebuseos. Esas siete naciones son más fuertes y numerosas que
tú. 2 Cuando el Señor tu Dios las
entregue en tus manos y las conquistes, debes destruirlas por completo. No
hagas tratados con ellas ni les tengas compasión. 3 No
te unas en matrimonio con su gente. No permitas que tus hijas ni tus hijos se
casen con los hijos o las hijas de esas naciones, 4 porque
ellos harán que tus hijos y tus hijas se aparten de mí para rendir culto a
otros dioses. Entonces el enojo del Señor arderá contra ti, y pronto
te destruirá. 5 Lo que tienes que hacer es destruir
sus altares paganos, hacer pedazos sus columnas sagradas, derribar sus postes
dedicados a la diosa Asera y quemar sus ídolos. 6 Pues
tú eres un pueblo santo porque perteneces al Señor tu Dios. De todos
los pueblos de la tierra, el Señor tu Dios te eligió a ti para que
seas su tesoro especial.
7 »El Señor no
te dio su amor ni te eligió porque eras una nación más numerosa que las otras
naciones, ¡pues tú eras la más pequeña de todas! 8 Más
bien, fue sencillamente porque el Señor te ama y estaba cumpliendo el
juramento que les había hecho a tus antepasados. Por eso te rescató con mano
poderosa de la esclavitud y de la mano opresiva del faraón, rey de
Egipto. 9 Reconoce, por lo tanto, que el Señor tu
Dios es verdaderamente Dios. Él es Dios fiel, quien cumple su pacto por mil
generaciones y derrama su amor inagotable sobre quienes lo aman y obedecen sus
mandatos. 10 Pero no duda en castigar ni en
destruir a quienes lo rechazan. 11 Por lo tanto,
obedece todos los mandatos, los decretos y las ordenanzas que te entrego hoy.
12 »Si
prestas atención a estas ordenanzas y las obedeces con fidelidad, el Señor tu
Dios cumplirá su pacto de amor inagotable contigo, tal como lo prometió
mediante el juramento que les hizo a tus antepasados. 13 Te
amará y te bendecirá y te dará muchos hijos. Hará fértil a tu tierra y a tus
animales. Cuando llegues a la tierra que juró dar a tus antepasados, tendrás
numerosas cosechas de granos, vino nuevo y aceite de oliva, y también grandes
manadas de ganado, ovejas y cabras. 14 Serás la
nación más bendecida de toda la tierra. Ningún israelita, sea hombre o mujer,
quedará sin tener hijos, y todo tu ganado dará crías. 15 El Señor te
protegerá de cualquier enfermedad. No dejará que sufras las enfermedades
terribles que conociste en Egipto; en cambio, ¡se las enviará a todos tus
enemigos!
16 »Destruye
a todas las naciones que el Señor tu Dios entrega en tus manos. No
les tengas compasión ni rindas culto a sus dioses, porque caerás en su
trampa. 17 Tal vez te preguntes: “¿Cómo podremos
conquistar a esas naciones que son mucho más poderosas que nosotros?”. 18 ¡Pero
no les tengas miedo! Solo recuerda lo que el Señor tu Dios le hizo al
faraón y a toda la tierra de Egipto. 19 Acuérdate
de los tremendos horrores que el Señor tu Dios envió contra ellos.
¡Tú lo viste todo con tus propios ojos! Y recuerda las señales milagrosas y las
maravillas, y la mano fuerte y el brazo poderoso con que él te sacó de Egipto.
El Señor tu Dios usará ese mismo poder contra toda la gente a la que
tú temes. 20 ¡Y luego el Señor tu Dios
mandará terror para expulsar a los pocos sobrevivientes que aún hayan
quedado escondidos de ti!
21 »No,
no les tengas miedo a esas naciones, porque el Señor tu Dios está
contigo y él es Dios grande e imponente. 22 Poco a
poco, el Señor tu Dios irá expulsando a esas naciones de tu paso. No
las echarás a todas de una sola vez porque, de ser así, los animales salvajes
se multiplicarían con demasiada rapidez para ti. 23 Pero
el Señor tu Dios entregará a todas esas naciones en tus manos. Las
llenará de confusión hasta que queden destruidas. 24 Pondrá
a sus reyes bajo tu poder, y tú borrarás sus nombres de la faz de la tierra.
Nadie podrá hacerte frente, y tú los destruirás a todos.
25 »Quema
sus ídolos y no codicies ni la plata ni el oro que los recubre. No te los
lleves contigo, o se convertirán en una trampa para ti, porque son detestables
al Señor tu Dios. 26 No traigas a tu casa
ninguna clase de objetos detestables porque, si lo haces, serás destruido,
igual que ellos. Aborrece por completo esas cosas, porque están apartadas para
ser destruidas.
Un llamado a recordar y a obedecer
8 »Asegúrate
de obedecer todos los mandatos que te entrego hoy. Entonces vivirás y te
multiplicarás, y entrarás en la tierra que el Señor juró dar a tus
antepasados y la poseerás. 2 Recuerda cómo el Señor tu
Dios te guio por el desierto durante cuarenta años, donde te humilló y te puso
a prueba para revelar tu carácter y averiguar si en verdad obedecerías sus
mandatos. 3 Sí, te humilló permitiendo que pasaras
hambre y luego alimentándote con maná, un alimento que ni tú ni tus antepasados
conocían hasta ese momento. Lo hizo para enseñarte que la gente no vive solo de
pan, sino que vivimos de cada palabra que sale de la boca del Señor. 4 En
todos esos cuarenta años, la ropa que llevabas puesta no se gastó, y tus pies
no se ampollaron ni se hincharon. 5 Ten por cierto
que, así como un padre disciplina a su hijo, el Señor tu Dios te
disciplina para tu propio bien.
6 »Por
lo tanto, obedece los mandatos del Señor tu Dios andando en sus
caminos y temiéndolo. 7 Pues el Señor tu
Dios te lleva a una buena tierra, con arroyos y lagunas, con fuentes de agua y
manantiales que brotan a chorros de los valles y las colinas. 8 Es
una tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granadas, de aceite de oliva
y miel. 9 Es una tierra donde abunda el alimento y
no falta nada. Es una tierra donde el hierro es tan común como las piedras y
donde el cobre abunda en las colinas. 10 Cuando
hayas comido hasta quedar satisfecho, asegúrate de alabar al Señor tu
Dios por la buena tierra que te ha dado.
11 »Sin
embargo, ¡ese es el momento cuando debes tener mucho cuidado! En tu abundancia,
ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios al desobedecer los
mandatos, las ordenanzas y los decretos que te entrego hoy. 12 Pues
cuando te sientas satisfecho y hayas prosperado y edificado casas hermosas
donde vivir, 13 cuando haya aumentado mucho el
número de tus rebaños y tu ganado, y se haya multiplicado tu plata y tu oro
junto con todo lo demás, ¡ten mucho cuidado! 14 No
te vuelvas orgulloso en esos días y entonces te olvides del Señor tu
Dios, quien te rescató de la esclavitud en la tierra de Egipto. 15 No
olvides que él te guio por el inmenso y terrible desierto, que estaba lleno de
escorpiones y serpientes venenosas, y que era tan árido y caliente. ¡Él te dio
agua de la roca! 16 En el desierto, te alimentó con
maná, un alimento desconocido para tus antepasados. Lo hizo para humillarte y
para ponerte a prueba por tu propio bien. 17 Todo
esto lo hizo para que nunca se te ocurriera pensar: “He conseguido toda esta
riqueza con mis propias fuerzas y energías”. 18 Acuérdate
del Señor tu Dios. Él es quien te da las fuerzas para obtener
riquezas, a fin de cumplir el pacto que les confirmó a tus antepasados mediante
un juramento.
19 »Pero
una cosa te aseguro: si alguna vez te olvidas del Señor tu Dios y
sigues a otros dioses, y les rindes culto y te inclinas ante ellos, sin duda
serás destruido. 20 Tal como el Señor destruyó
a otras naciones en tu paso, así también tú serás destruido si te niegas a
obedecer al Señor tu Dios.
Victoria por la gracia de Dios
9 »¡Escucha,
Israel! Hoy estás a punto de cruzar el río Jordán para tomar posesión de la
tierra que pertenece a naciones más grandes y más poderosas que tú. ¡Viven en
ciudades con murallas que llegan hasta el cielo! 2 Los
habitantes son altos y fuertes, son descendientes de los famosos gigantes
anaceos. Has escuchado que se dice: “¿Quién puede hacer frente a los
anaceos?”. 3 Pero reconoce hoy que el Señor tu
Dios es el que cruzará delante de ti como un fuego devorador para destruirlos.
Él los subyugará para que los conquistes rápidamente y los expulses enseguida,
tal como el Señor te prometió.
4 »Después
de que el Señor tu Dios haya hecho eso por ti, no digas en tu
corazón: “¡El Señor nos ha dado esta tierra porque somos muy buena
gente!”. No, no es así. Es por la perversión de las otras naciones que él las
quita de tu camino. 5 No es porque seas tan bueno o
porque tengas tanta integridad que estás a punto de poseer la tierra de ellas.
El Señor tu Dios expulsará a esas naciones de tu paso a causa de la
perversidad de ellas y para cumplir el juramento que les hizo a tus antepasados
Abraham, Isaac y Jacob. 6 Debes reconocer que
el Señor tu Dios no te da esa buena tierra porque tú seas bueno. No,
porque no lo eres; eres un pueblo terco.
El becerro de oro
7 »Recuerda
y no olvides jamás cómo hiciste enojar al Señor tu Dios en el
desierto. Desde el día que saliste de Egipto hasta ahora, vienes rebelándote
constantemente contra él. 8 Hasta en el monte Sinaí le provocaste tanto enojo que estaba
dispuesto a destruirte. 9 Eso sucedió cuando yo
estaba en el monte recibiendo las tablas de piedra grabadas con las palabras
del pacto que el Señor había hecho contigo. Estuve allí cuarenta días
y cuarenta noches, y durante todo ese tiempo no probé alimento ni bebí
agua. 10 El Señor me dio las dos tablas
en las que Dios había escrito con su propio dedo todas las palabras que te
había hablado desde en medio del fuego cuando estabas reunido al pie del monte.
11 »Pasados
los cuarenta días y las cuarenta noches, el Señor me entregó las dos
tablas de piedra grabadas con las palabras del pacto. 12 Luego
el Señor me dijo: “¡Levántate! Baja enseguida, porque el pueblo que
sacaste de Egipto se ha corrompido. ¡Qué pronto se apartaron de la forma en que
les ordené que vivieran! ¡Fundieron oro y se hicieron un ídolo!”.
13 »El Señor también
me dijo: “He visto lo terco y lo rebelde que es este pueblo. 14 Quítate
del medio, para que lo destruya y borre su nombre de la faz de la tierra. Luego
haré una nación poderosa con tus descendientes, una nación más fuerte y
numerosa que esta gente”.
15 »Así
que, mientras el monte seguía ardiendo en llamas, di la vuelta y comencé a
bajar; en las manos llevaba las dos tablas de piedra grabadas con las
condiciones del pacto. 16 Abajo, ante mis ojos,
pude ver que ustedes habían pecado contra el Señor su Dios. Habían
fundido oro y se habían hecho un becerro. ¡Qué pronto se apartaron del camino
que el Señor les había ordenado seguir! 17 Entonces
tomé las tablas de piedra y las tiré al suelo, y se partieron en pedazos a la
vista de todos.
18 »Luego
me postré hasta el suelo delante del Señor y estuve allí otros
cuarenta días y cuarenta noches. No comí pan ni bebí agua, debido al pecado tan
grande que ustedes habían cometido al hacer lo que el Señor odiaba,
con lo cual provocaron su enojo. 19 Tuve miedo de
que ese enojo tan intenso del Señor, que lo volvió en contra de ustedes,
lo llevara a destruirlos; pero una vez más, él me escuchó. 20 El Señor estaba
tan enojado con Aarón que también quería destruirlo a él; pero oré por Aarón, y
el Señor le perdonó la vida. 21 Así que
tomé el pecado de ustedes—o sea, el becerro que habían hecho—, lo derretí en el
fuego y luego lo molí hasta que quedó hecho polvo, y después lo arrojé en el
arroyo que baja del monte.
22 »Ustedes
también hicieron enojar al Señor en Taberá, en Masá y en
Kibrot-hataava. 23 Además, en Cades-barnea,
el Señor les ordenó que salieran, diciendo: “Suban y tomen la tierra
que les he dado”. Pero ustedes se rebelaron contra la orden del Señor su
Dios y se negaron a confiar en él y a obedecerlo. 24 Así
es, vienen rebelándose contra el Señor desde que los conozco.
25 »Por
esa razón, me postré hasta el suelo delante del Señor y estuve allí
durante cuarenta días y cuarenta noches, porque el Señor dijo que iba
a destruirlos. 26 Oré al Señor y dije:
“Oh Señor Soberano, no los destruyas; son tu propio pueblo. Son tu
posesión más preciada, los que redimiste de Egipto con tu gran poder y tu mano
fuerte. 27 Te ruego que no les tomes en cuenta su
terquedad ni su terrible pecado, y que recuerdes, en cambio, a tus siervos
Abraham, Isaac y Jacob. 28 Si tú destruyes a este
pueblo, los egipcios van a decir: ‘Los israelitas murieron porque el Señor no
pudo llevarlos a la tierra que había prometido darles’. O también podrían
decir: ‘Los destruyó porque los odiaba; los llevó al desierto a propósito para
aniquilarlos’. 29 Pero los israelitas son tu pueblo
y tu posesión más preciada, los que sacaste de Egipto con tu gran fuerza y tu
brazo poderoso”.
SALMOS 55
Para el director del coro: salmo de
David; acompáñese con instrumentos de cuerda.
55 Escucha
mi oración, oh Dios;
¡no pases por alto mi grito de auxilio!
2 Por favor, escúchame y respóndeme,
porque las dificultades me abruman.
3 Mis enemigos me gritan;
me lanzan perversas amenazas a viva voz.
Me cargan de problemas
y con rabia me persiguen.
4 Mi
corazón late en el pecho con fuerza;
me asalta el terror de la muerte.
5 El miedo y el temblor me abruman,
y no puedo dejar de temblar.
6 Si tan solo tuviera alas como una paloma,
¡me iría volando y descansaría!
7 Volaría muy lejos,
a la tranquilidad del desierto. Interludio
8 Qué rápido me escaparía,
lejos de esta furiosa tormenta de odio.
9 Confúndelos,
Señor, y frustra sus planes,
porque veo violencia y conflicto en la ciudad.
10 Día y noche patrullan sus murallas para cuidarla de
invasores,
pero el verdadero peligro es la maldad que hay dentro
de la ciudad.
11 Todo se viene abajo;
las amenazas y el engaño abundan por las calles.
12 No
es un enemigo el que me hostiga;
eso podría soportarlo.
No son mis adversarios los que me insultan con tanta arrogancia;
de ellos habría podido esconderme.
13 En cambio, eres tú, mi par,
mi compañero y amigo íntimo.
14 ¡Cuánto compañerismo disfrutábamos
cuando caminábamos juntos hacia la casa de Dios!
15 Que
la muerte aceche a mis enemigos;
que la tumba se los trague vivos,
porque la maldad habita en ellos.
16 Pero
clamaré a Dios,
y el Señor me rescatará.
17 Mañana, tarde y noche
clamo en medio de mi angustia,
y el Señor oye mi voz.
18 Él me rescata y me mantiene a salvo
de la batalla que se libra en mi contra,
aunque muchos todavía se me oponen.
19 Dios, quien siempre ha gobernado,
me oirá y los humillará. Interludio
Pues mis enemigos se niegan a cambiar de rumbo;
no tienen temor de Dios.
20 En
cuanto a mi compañero, él traicionó a sus amigos;
no cumplió sus promesas.
21 Sus palabras son tan suaves como la mantequilla,
pero en su corazón hay guerra.
Sus palabras son tan relajantes como una loción,
¡pero por debajo son dagas!
22 Entrégale
tus cargas al Señor,
y él cuidará de ti;
no permitirá que los justos tropiecen y caigan.
23 Pero
tú, oh Dios, mandarás a los perversos
a la fosa de destrucción;
los asesinos y los mentirosos morirán jóvenes,
pero yo confío en que tú me salves.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
YAHWEH, Adonai, SEÑOR, Jehová… Parece que Dios
tiene muchos nombres, ¿cómo debemos llamarlo exactamente? Te invitamos a un
fascinante viaje de análisis de los diferentes nombres que los judíos y
cristianos han utilizado para referirse a su creador en el transcurso de los
siglos y lo que es más importante, ¡por qué! Mira el tercer video de un
análisis en seis partes de la antigua oración bíblica llamada: El Shemá.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”