Junio 04 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 134
JONÁS 1 - 4
Jonás huye del Señor
1 El Señor le
dio el siguiente mensaje a Jonás, hijo de Amitai: 2 «Levántate
y ve a la gran ciudad de Nínive. Pronuncia mi juicio contra ella, porque he
visto lo perversa que es su gente».
3 Entonces
Jonás se levantó y se fue en dirección contraria para huir del Señor.
Descendió al puerto de Jope donde encontró un barco que partía para Tarsis.
Pagó su pasaje, subió a bordo y se embarcó rumbo a Tarsis con la esperanza de
escapar del Señor.
4 Ahora
bien, el Señor mandó un poderoso viento sobre el mar, el cual desató
una violenta tempestad que amenazaba con despedazar el barco. 5 Temiendo
por sus vidas, los desesperados marineros pedían ayuda a sus dioses y lanzaban
la carga por la borda para aligerar el barco.
Todo esto sucedía mientras Jonás dormía
profundamente en la bodega del barco, 6 así que el
capitán bajó a buscarlo. «¿Cómo puedes dormir en medio de esta situación?—le
gritó—. ¡Levántate y ora a tu dios! Quizá nos preste atención y nos perdone la
vida».
7 Entonces
la tripulación echó suertes para ver quién había ofendido a los dioses y
causado tan terrible tempestad. Cuando lo hicieron, la suerte señaló a Jonás
como el culpable. 8 Así que los marineros le
reclamaron:
—¿Por qué nos ha venido esta espantosa tormenta?
¿Quién eres? ¿En qué trabajas? ¿De qué país eres? ¿Cuál es tu nacionalidad?
9 —Soy
hebreo—contestó Jonás—y temo al Señor, Dios del cielo, quien hizo el mar y
la tierra.
10 Los
marineros se aterraron al escuchar esto, porque Jonás ya les había contado que
huía del Señor.
—¿Ay, por qué lo hiciste?—gimieron.
11 Como
la tormenta seguía empeorando, le preguntaron:
—¿Qué debemos hacer contigo para detener esta
tempestad?
12 —Échenme
al mar—contestó Jonás—y volverá la calma. Yo sé que soy el único culpable de
esta terrible tormenta.
13 Sin
embargo, los marineros remaron con más fuerza para llevar el barco a tierra,
pero la tempestad era tan violenta que no lo lograron. 14 Entonces
clamaron al Señor, Dios de Jonás: «Oh Señor—le rogaron—, no nos dejes
morir por el pecado de este hombre y no nos hagas responsables de su muerte.
Oh Señor, has enviado esta tormenta sobre él y solo tú sabes por qué».
15 Entonces
los marineros tomaron a Jonás y lo lanzaron al mar embravecido, ¡y al instante
se detuvo la tempestad! 16 Los marineros quedaron
asombrados por el gran poder del Señor, le ofrecieron un sacrificio y
prometieron servirle.
17 Entre
tanto, el Señor había provisto que un gran pez se tragara a Jonás; y
Jonás estuvo dentro del pez durante tres días y tres noches.
Oración de Jonás
2 Entonces
Jonás oró al Señor su Dios desde el interior del pez 2 y
dijo:
«En mi gran aflicción clamé al Señor
y él me respondió.
Desde la tierra de los muertos te llamé,
¡y tú, Señor, me escuchaste!
3 Me arrojaste a las profundidades del mar
y me hundí en el corazón del océano.
Las poderosas aguas me envolvieron;
tus salvajes y tempestuosas olas me cubrieron.
4 Entonces dije: “Oh Señor, me has expulsado de tu
presencia;
aun así volveré a mirar hacia tu santo templo”.
5 »Me
hundí bajo las olas
y las aguas se cerraron sobre mí;
las algas se enredaban en mi cabeza.
6 Me hundí hasta las raíces de las montañas.
Me quedé preso en la tierra,
cuyas puertas se cierran para siempre.
Pero tú, oh Señor mi Dios,
¡me arrebataste de las garras de la muerte!
7 Cuando la vida se me escapaba,
recordé al Señor.
Elevé mi oración sincera hacia ti
en tu santo templo.
8 Los que rinden culto a dioses falsos
le dan la espalda a todas las misericordias de Dios.
9 Pero yo te ofreceré sacrificios con cantos de
alabanza,
y cumpliré todas mis promesas.
Pues mi salvación viene solo del Señor».
10 Entonces
el Señor ordenó al pez escupir a Jonás sobre la playa.
Jonás va a Nínive
3 El Señor habló
por segunda vez a Jonás: 2 «Levántate y ve a la
gran ciudad de Nínive y entrega el mensaje que te he dado».
3 Esta
vez Jonás obedeció el mandato del Señor y fue a Nínive, una ciudad
tan grande que tomaba tres días recorrerla toda. 4 El
día que Jonás entró en la ciudad, proclamó a la multitud: «Dentro de cuarenta
días Nínive será destruida». 5 Entonces la gente de
Nínive creyó el mensaje de Dios y desde el más importante hasta el menos
importante declararon ayuno y se vistieron de tela áspera en señal de
remordimiento.
6 Cuando
el rey de Nínive oyó lo que Jonás decía, bajó de su trono y se quitó sus
vestiduras reales. Se vistió de tela áspera y se sentó sobre un montón de
cenizas. 7 Entonces el rey y sus nobles enviaron el
siguiente decreto por toda la ciudad:
«Nadie puede comer ni beber nada, ni siquiera los
animales de las manadas o de los rebaños. 8 Tanto
el pueblo como los animales tienen que vestirse de luto y toda persona debe
orar intensamente a Dios, apartarse de sus malos caminos y abandonar toda su
violencia. 9 ¡Quién sabe!, puede ser que todavía
Dios cambie de parecer, contenga su ira feroz y no nos destruya».
10 Cuando
Dios vio lo que habían hecho y cómo habían abandonado sus malos caminos, cambió
de parecer y no llevó a cabo la destrucción con que los había amenazado.
Enojo de Jonás por la misericordia
del Señor
4 Este
cambio de planes molestó mucho a Jonás y se enfureció. 2 Entonces
le reclamó al Señor:
—Señor, ¿no te dije antes de salir de casa que tú
harías precisamente esto? ¡Por eso hui a Tarsis! Sabía que tú eres un Dios
misericordioso y compasivo, lento para enojarte y lleno de amor inagotable.
Estás dispuesto a perdonar y no destruir a la gente. 3 ¡Quítame
la vida ahora, Señor! Prefiero estar muerto y no vivo si lo que yo predije
no sucederá.
4 El Señor le
respondió:
—¿Te parece bien enojarte por esto?
5 Entonces
Jonás se fue al oriente de la ciudad e hizo una enramada. Luego se sentó bajo
la sombra de la enramada mientras esperaba ver lo que le acontecería a la
ciudad. 6 Ahora bien, el Señor Dios
proveyó que una planta frondosa creciera allí y pronto extendió sus anchas
hojas sobre la cabeza de Jonás y lo protegió del sol. Esto le trajo alivio y
Jonás estuvo muy agradecido por la planta.
7 ¡Pero
Dios también proveyó un gusano! Al amanecer del día siguiente, el gusano se
comió el tallo de la planta, de modo que se marchitó. 8 Así
que cuando el sol se intensificó, Dios proveyó un viento abrasador del oriente
para que soplara sobre Jonás. El sol pegó sobre su cabeza hasta que se sintió
tan débil que deseaba morirse y exclamó: «¡Es mejor morir que vivir así!».
9 Entonces
Dios dijo a Jonás:
—¿Te parece bien enojarte porque la planta murió?
—¡Sí—replicó Jonás—, estoy tan enojado que
quisiera morirme!
10 Entonces
el Señor le respondió:
—Sientes lástima por una planta, aunque tú no
hiciste nada para que creciera. Creció rápido y murió rápido. 11 Pero
Nínive tiene más de ciento veinte mil habitantes que viven en oscuridad
espiritual, sin mencionar todos los animales. ¿No debería yo sentir
lástima por esta gran ciudad?
SALMOS 129
Cántico para los peregrinos que suben
a Jerusalén.
129 Desde
mi temprana juventud, mis enemigos me han perseguido.
Que todo Israel repita:
2 Desde mi temprana juventud, mis enemigos me han
perseguido,
pero nunca me derrotaron.
3 Tengo la espalda cubierta de heridas,
como si un agricultor hubiera arado largos surcos.
4 Pero el Señor es bueno;
cortó las cuerdas con que me ataban los impíos.
5 Que
todos los que odian a Jerusalén
retrocedan en vergonzosa derrota.
6 Que sean tan inútiles como la hierba que crece en un
techo,
que se pone amarilla a la mitad de su desarrollo,
7 que es ignorada por el cosechador
y despreciada por el que hace los manojos.
8 Y que los que pasan por allí
se nieguen a darles esta bendición:
«El Señor los bendiga;
los bendecimos en el nombre del Señor».
El libro de Jonás es la historia de un profeta
rebelde que desprecia a su Dios porque Él ama a sus enemigos.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”