Junio 10 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 140
JOB 1 - 3
Prólogo
1 Había
un hombre llamado Job que vivía en la tierra de Uz. Era un hombre intachable,
de absoluta integridad, que tenía temor de Dios y se mantenía apartado del
mal. 2 Tenía siete hijos y tres hijas. 3 Poseía
siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas
burras; también tenía muchos sirvientes. En realidad, era la persona más rica
de toda aquella región.
4 Los
hijos de Job se turnaban en preparar banquetes en sus casas e invitaban a sus
tres hermanas para que celebraran con ellos. 5 Cuando
las fiestas terminaban—a veces después de varios días—Job purificaba a sus
hijos. Se levantaba temprano por la mañana y ofrecía una ofrenda quemada por
cada uno de ellos, porque pensaba: «Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a
Dios en el corazón». Esta era una práctica habitual de Job.
Primera prueba de Job
6 Un
día los miembros de la corte celestial llegaron para presentarse delante
del Señor, y el Acusador, Satanás, vino con ellos. 7 El Señor le
preguntó a Satanás:
—¿De dónde vienes?
Satanás contestó al Señor:
—He estado recorriendo la tierra, observando todo
lo que ocurre.
8 Entonces
el Señor preguntó a Satanás:
—¿Te has fijado en mi siervo Job? Es el mejor
hombre en toda la tierra; es un hombre intachable y de absoluta integridad.
Tiene temor de Dios y se mantiene apartado del mal.
9 Satanás
le respondió al Señor:
—Sí, pero Job tiene una buena razón para temer a
Dios: 10 siempre has puesto un muro de protección
alrededor de él, de su casa y de sus propiedades. Has hecho prosperar todo lo
que hace. ¡Mira lo rico que es! 11 Así que extiende
tu mano y quítale todo lo que tiene, ¡ten por seguro que te maldecirá en tu
propia cara!
12 —Muy
bien, puedes probarlo—dijo el Señor a Satanás—. Haz lo que quieras
con todo lo que posee, pero no le hagas ningún daño físico.
Entonces Satanás salió de la presencia del Señor.
13 Un
día cuando los hijos y las hijas de Job celebraban en casa del hermano
mayor, 14 llegó un mensajero a casa de Job con las
siguientes noticias: «Sus bueyes estaban arando y los burros comiendo a su
lado, 15 cuando los sabeos nos asaltaron. Robaron
todos los animales y mataron a los trabajadores, y yo soy el único que escapó
para contárselo».
16 Mientras
este mensajero todavía hablaba, llegó otro con esta noticia: «Cayó del cielo el
fuego de Dios y calcinó a las ovejas y a todos los pastores; yo soy el único
que escapó para contárselo».
17 Mientras
este mensajero todavía hablaba, llegó un tercero con esta noticia: «Tres bandas
de saqueadores caldeos robaron sus camellos y mataron a los sirvientes; yo soy
el único que escapó para contárselo».
18 No
había terminado de hablar el tercer mensajero cuando llegó otro con esta
noticia: «Sus hijos e hijas estaban festejando en casa del hermano mayor
y, 19 de pronto, un fuerte viento del desierto
llegó y azotó la casa por los cuatro costados. La casa se vino abajo y todos
ellos murieron; yo soy el único que escapó para contárselo».
20 Job
se levantó y rasgó su vestido en señal de dolor; después se rasuró la cabeza y
se postró en el suelo para adorar 21 y dijo:
«Desnudo salí del vientre de mi madre,
y desnudo estaré cuando me vaya.
El Señor me dio lo que tenía,
y el Señor me lo ha quitado.
¡Alabado sea el nombre del Señor!».
22 A
pesar de todo, Job no pecó porque no culpó a Dios.
Segunda prueba de Job
2 Un
día los miembros de la corte celestial llegaron nuevamente para
presentarse delante del Señor, y el Acusador, Satanás, vino con
ellos. 2 El Señor le preguntó:
—¿De dónde vienes?
Satanás contestó al Señor:
—He estado recorriendo la tierra, observando todo
lo que ocurre.
3 Entonces
el Señor le preguntó a Satanás:
—¿Te has fijado en mi siervo Job? Es el mejor
hombre en toda la tierra; es un hombre intachable y de absoluta integridad.
Tiene temor de Dios y se mantiene apartado del mal. Además ha conservado su
integridad a pesar de que tú me incitaste a que le hiciera daño sin ningún
motivo.
4 Satanás
respondió al Señor:
—¡Piel por piel! Cualquier hombre renunciaría a
todo lo que tiene para salvar su vida. 5 Así que
extiende tu mano y quítale la salud, ¡ten por seguro que te maldecirá en tu
propia cara!
6 —Muy
bien, haz con él lo que quieras—dijo el Señor a Satanás—, pero no le
quites la vida.
7 Entonces
Satanás salió de la presencia del Señor e hirió a Job con terribles
llagas en la piel, desde la cabeza hasta los pies.
8 Job,
sentado entre cenizas, se rascaba con un trozo de teja. 9 Su
esposa le dijo: «¿Todavía intentas conservar tu integridad? Maldice a Dios y
muérete».
10 Sin
embargo, Job contestó: «Hablas como una mujer necia. ¿Aceptaremos solo las
cosas buenas que vienen de la mano de Dios y nunca lo malo?». A pesar de todo,
Job no dijo nada incorrecto.
Los tres amigos de Job comparten su
angustia
11 Cuando
tres de los amigos de Job se enteraron de la tragedia que había sufrido,
viajaron juntos desde sus respectivos hogares para consolarlo y confortarlo.
Sus nombres eran Elifaz, el temanita; Bildad, el suhita y Zofar, el
naamatita. 12 Cuando vieron a Job de lejos, apenas
lo reconocieron. Con fuertes lamentos, rasgaron sus vestidos y echaron polvo al
aire sobre sus cabezas en señal de dolor. 13 Entonces,
durante siete días y siete noches, se sentaron en el suelo junto a Job, y
ninguno le decía nada porque veían que su sufrimiento era demasiado grande para
expresarlo con palabras.
Primer discurso de Job
3 Por
fin habló Job y maldijo el día de su nacimiento. 2 Dijo:
3 «Que
sea borrado el día en que nací,
y la noche en que fui concebido.
4 Que ese día se convierta en oscuridad;
que se pierda aun para Dios en las alturas,
y que ninguna luz brille en él.
5 Que la oscuridad y la penumbra absoluta reclamen ese
día para sí;
que una nube negra lo ensombrezca
y la oscuridad lo llene de terror.
6 Que esa noche sea borrada del calendario
y que nunca más se cuente entre los días del año
ni aparezca entre los meses.
7 Que esa noche sea estéril,
que no tenga ninguna alegría.
8 Que maldigan ese día los expertos en maldiciones,
los que, con una maldición, podrían despertar al
Leviatán.
9 Que las estrellas de la mañana de ese día permanezcan
en oscuridad;
que en vano espere la luz
y que nunca llegue a ver la aurora.
10 Maldigo ese día por no haber cerrado el vientre de mi
madre,
por haberme dejado nacer para presenciar toda esta
desgracia.
11 »¿Por
qué no nací muerto?
¿Por qué no morí al salir del vientre?
12 ¿Por qué me pusieron en las rodillas de mi madre?
¿Por qué me alimentó con sus pechos?
13 Si hubiera muerto al nacer, ahora descansaría en paz;
estaría dormido y en reposo.
14 Descansaría con los reyes y con los primeros
ministros del mundo,
cuyos grandiosos edificios ahora yacen en ruinas.
15 Descansaría junto a príncipes, ricos en oro,
cuyos palacios estuvieron llenos de plata.
16 ¿Por qué no me enterraron como a un niño que nace
muerto,
como a un niño que nunca vivió para ver la luz?
17 Pues una vez muertos, los malvados no causan más
problemas
y los cansados encuentran reposo.
18 Aun los cautivos logran tranquilidad en la muerte,
donde no hay guardias que los maldigan.
19 El rico y el pobre están allí,
y el esclavo se libera de su dueño.
20 »Oh,
¿por qué dar luz a los desdichados,
y vida a los amargados?
21 Ellos desean la muerte, pero no llega;
buscan la muerte con más fervor que a tesoro escondido.
22 Se llenan de alegría cuando finalmente mueren,
y se regocijan cuando llegan a la tumba.
23 ¿Por qué dar vida a los que no tienen futuro,
a quienes Dios ha rodeado de dificultades?
24 No puedo comer a causa de mis suspiros;
mis gemidos se derraman como el agua.
25 Lo que yo siempre había temido me ocurrió;
se hizo realidad lo que me horrorizaba.
26 No tengo paz ni tranquilidad;
no tengo descanso; solo me vienen dificultades».
SALMOS 135
135 ¡Alabado
sea el Señor!
¡Alaben el nombre del Señor!
Alábenlo, ustedes, los que sirven al Señor,
2 los que sirven en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.
3 Alaben
al Señor, porque el Señor es bueno;
celebren con música su precioso nombre.
4 Pues el Señor escogió a Jacob para sí,
a Israel, como su tesoro especial.
5 Yo
conozco la grandeza del Señor:
nuestro Señor es más grande que cualquier otro dios.
6 El Señor hace lo que le place
por todo el cielo y toda la tierra,
y en los océanos y sus profundidades.
7 Hace que las nubes se eleven sobre toda la tierra.
Envía relámpagos junto con la lluvia
y suelta el viento desde sus depósitos.
8 Destruyó
al primer hijo varón de cada hogar egipcio
y a las primeras crías de los animales.
9 Realizó señales milagrosas y maravillas en Egipto
en contra del faraón y todo su pueblo.
10 Hirió de muerte a grandes naciones
y masacró a reyes poderosos:
11 a Sehón, rey de los amorreos;
a Og, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
12 Entregó sus tierras como herencia,
como preciada posesión a su pueblo Israel.
13 Tu
nombre, oh Señor, permanece para siempre;
tu fama, oh Señor, se conoce en cada generación.
14 Pues el Señor hará justicia a su pueblo
y tendrá compasión de sus siervos.
15 Los
ídolos de las naciones no son más que objetos de plata y oro;
manos humanas les dieron forma.
16 Tienen boca pero no pueden hablar,
tienen ojos pero no pueden ver.
17 Tienen oídos pero no pueden oír,
tienen boca pero no pueden respirar.
18 Y los que hacen ídolos son iguales a ellos,
como también todos los que confían en ellos.
19 ¡Oh
Israel, alaba al Señor!
¡Oh sacerdotes—descendientes de Aarón—, alaben al Señor!
20 ¡Oh levitas, alaben al Señor!
¡Todos los que temen al Señor, alaben al Señor!
21 El Señor sea alabado desde Sion,
porque él vive aquí en Jerusalén.
¡Alabado sea el Señor!
¿Cómo confiar en Dios incluso cuando la vida no
es justa y sufrimos sin una buena razón? La historia de Job nos invita a
reflexionar sobre lo que significa que Dios dirige el mundo con sabiduría, y
sobre cómo esta verdad puede darnos paz en tiempos oscuros. Job es el último de
los tres libros que analizan estos temas sobre la sabiduría bíblica.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”