LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 173

Julio 13 de 2026

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LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 173

 

JEREMÍAS 18 – 22

El alfarero y el barro

18 El Señor le dio otro mensaje a Jeremías: 2 «Baja al taller del alfarero y allí te hablaré». 3 Así que hice lo que me dijo y encontré al alfarero trabajando en el torno; 4 pero la vasija que estaba formando no resultó como él esperaba, así que la aplastó y comenzó de nuevo.

5 Después el Señor me dio este mensaje: 6 «¡Oh, Israel! ¿No puedo hacer contigo lo mismo que hizo el alfarero con el barro? De la misma manera que el barro está en manos del alfarero, así estás en mis manos. 7 Si anuncio que voy a desarraigar, a derribar y a destruir a cierta nación o a cierto reino, 8 pero luego esa nación renuncia a sus malos caminos, no la destruiré como lo había planeado. 9 Y si anuncio que plantaré y edificaré a cierta nación o a cierto reino, 10 pero después esa nación hace lo malo y se niega a obedecerme, no la bendeciré como dije que lo haría.

11 »Por lo tanto, Jeremías, advierte a todo Judá y a Jerusalén y diles: “Esto dice el Señor: ‘En vez de algo bueno, les tengo preparado un desastre. Así que cada uno de ustedes abandone sus malos caminos y haga lo correcto’”».

12 Sin embargo, el pueblo respondió: «No gastes saliva. Continuaremos viviendo como se nos antoja y con terquedad seguiremos nuestros propios malos deseos».

13 Así que esto dice el Señor:

«¿Acaso alguien ha oído semejante cosa,
    aun entre las naciones paganas?
¡Israel, mi hija virgen,
    ha hecho algo terrible!
14 ¿Acaso la nieve desaparece de las cumbres del Líbano?
    ¿Quedan secos los arroyos helados que fluyen de esas montañas distantes?
15 Pero mi pueblo no es confiable, porque me ha abandonado;
    quema incienso a ídolos inútiles.
Tropezó y salió de los caminos antiguos
    y anduvo por senderos llenos de lodo.
16 Por lo tanto, su tierra quedará desolada;
    será un monumento a su necedad.
Todos los que pasen por allí quedarán pasmados
    y menearán la cabeza con asombro.
17 Como el viento del oriente desparrama el polvo,
    así esparciré a mi pueblo delante de sus enemigos.
Cuando tengan dificultades, les daré la espalda
    y no prestaré atención a su aflicción».

Complot contra Jeremías

18 Entonces el pueblo dijo: «Vengan, busquemos la manera de detener a Jeremías. Ya tenemos suficientes sacerdotes, sabios y profetas. No necesitamos que él enseñe la palabra ni que nos dé consejos ni profecías. Hagamos correr rumores acerca de él y no hagamos caso a lo que dice».

19 Señor, ¡óyeme y ayúdame!
    Escucha lo que dicen mis enemigos.
20 ¿Deben pagar mal por bien?
    Han cavado una fosa para matarme,
aunque intercedí por ellos
    y traté de protegerlos de tu enojo.
21 ¡Así que deja que sus hijos se mueran de hambre!
    ¡Deja que mueran a espada!
Que sus esposas se conviertan en viudas, sin hijos.
    ¡Que sus ancianos se mueran por una plaga
    y que sus jóvenes sean muertos en batalla!
22 Que se escuchen gritos de dolor desde sus casas
    cuando los guerreros caigan súbitamente sobre ellos.
Pues han cavado una fosa para mí
    y han escondido trampas a lo largo de mi camino.
23 Señor, tú conoces todos sus planes para matarme.
    No perdones sus crímenes ni borres sus pecados;
que caigan muertos ante ti.
    En tu enojo encárgate de ellos.

La vasija de Jeremías hecha pedazos

19 Esto me dijo el Señor: «Ve y compra una vasija de barro. Después pide a algunos de los líderes de tu pueblo y a los sacerdotes que te sigan. 2 Vete por la puerta de las Ollas Rotas al basurero en el valle de Ben-hinom, y dales este mensaje. 3 Diles: “¡Reyes de Judá y ciudadanos de Jerusalén, escuchen este mensaje del Señor! Esto dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: ‘¡Traeré un terrible desastre a este lugar, y a los que se enteren les zumbarán los oídos!

4 »”’Pues Israel me ha abandonado y convirtió este valle en un lugar de maldad. La gente quema incienso a dioses ajenos, ídolos nunca antes conocidos por esta generación ni por sus antepasados ni por los reyes de Judá. Y han llenado este lugar de sangre de niños inocentes. 5 Han construido altares paganos a Baal y allí queman a sus hijos en sacrificio a Baal. Jamás ordené un acto tan horrendo; ¡ni siquiera me pasó por la mente ordenar semejante cosa! 6 Así que, ¡atención! Se acerca la hora, dice el Señor, cuando ese basurero ya no será llamado más Tofet ni valle de Ben-hinom, sino valle de la Matanza.

7 »”’Trastornaré los planes cuidadosos de Judá y Jerusalén. Dejaré que los ejércitos invasores masacren a la gente y dejaré los cadáveres como comida para los buitres y los animales salvajes. 8 Reduciré a ruinas a Jerusalén, y así la haré un monumento a su necedad. Todos los que pasen por allí quedarán horrorizados y darán un grito ahogado a causa de la destrucción que verán. 9 Me ocuparé de que sus enemigos sitien la ciudad hasta que no haya más comida. Entonces los que queden atrapados adentro se comerán a sus hijos, a sus hijas y a sus amigos. Caerán en una profunda desesperación’”.

10 »Jeremías, rompe en pedazos a la vista de estos hombres la vasija que trajiste. 11 Luego diles: “Esto dice el Señor de los Ejércitos Celestiales: ‘Así como esta vasija está hecha pedazos, así haré pedazos a la gente de Judá y de Jerusalén, de tal manera que no habrá esperanza de reparación. Enterrarán a sus muertos aquí en Tofet, el basurero, hasta que ya no haya más lugar. 12 Esto le haré a este lugar y a su gente, dice el Señor. Haré que esta ciudad sea profanada como Tofet. 13 Efectivamente, todas las casas de Jerusalén—incluso el palacio de los reyes de Judá—quedarán como Tofet, es decir, todas las casas donde quemaron incienso en las azoteas en honor a los astros como si fueran dioses o donde derramaron ofrendas líquidas a sus ídolos’”».

14 Después de transmitir el mensaje, Jeremías regresó de Tofet, el basurero, y se detuvo frente al templo del Señor. Allí le dijo a la gente: 15 «Esto dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Traeré desastre sobre esta ciudad y las aldeas vecinas como lo prometí, porque tercamente se negaron a escucharme”».

Jeremías y Pasur

20 Ahora bien, Pasur, hijo de Imer, el sacerdote encargado del templo del Señor, oyó lo que Jeremías profetizaba. 2 Así que arrestó al profeta Jeremías, ordenó que lo azotaran y que lo pusieran en el cepo junto a la puerta de Benjamín, en el templo del Señor.

3 Al día siguiente, cuando al fin Pasur lo puso en libertad, Jeremías dijo: «Pasur, el Señor te ha cambiado el nombre. De ahora en adelante serás llamado “El hombre que vive aterrorizado”. 4 Pues esto dice el Señor: “Enviaré terror sobre ti y todos tus amigos y verás cuando sean masacrados por las espadas del enemigo. Entregaré al pueblo de Judá en manos del rey de Babilonia. Él los llevará cautivos a Babilonia o los traspasará con la espada; 5 y dejaré que tus enemigos saqueen a Jerusalén. Todos los tesoros famosos de la ciudad—las joyas preciosas, el oro y la plata de tus reyes—serán llevados a Babilonia. 6 En cuanto a ti, Pasur, tú y todos los de tu casa irán cautivos a Babilonia. Allí morirán y serán enterrados, tú y todos tus amigos, a quienes profetizaste que todo iría bien”».

Queja de Jeremías

7 Oh Señor, me engañaste,
    y yo me dejé engañar.
Eres más fuerte que yo,
    y me dominaste.
Ahora soy objeto de burla todos los días;
    todos se ríen de mí.
8 Cuando hablo, me brotan las palabras.
    Grito: «¡Violencia y destrucción!».
Así que estos mensajes del Señor
    me han convertido en objeto de burla.
9 Sin embargo, si digo que nunca mencionaré al Señor
    o que nunca más hablaré en su nombre,
su palabra arde en mi corazón como fuego.
    ¡Es como fuego en mis huesos!
¡Estoy agotado tratando de contenerla!
    ¡No puedo hacerlo!
10 He oído los muchos rumores acerca de mí.
    Me llaman «El hombre que vive aterrorizado».
Me amenazan diciendo: «Si dices algo te denunciaremos».
    Aun mis viejos amigos me vigilan,
    esperando que cometa algún error fatal.
«Caerá en su propia trampa—dicen—,
    entonces nos vengaremos de él».

11 No obstante, el Señor está a mi lado como un gran guerrero;
    ante él mis perseguidores caerán.
    No pueden derrotarme.
Fracasarán y serán totalmente humillados;
    nunca se olvidará su deshonra.
12 Oh Señor de los Ejércitos Celestiales,
tú pruebas a los justos
    y examinas los secretos y los pensamientos más profundos.
Permíteme ver tu venganza contra ellos,
    porque a ti he encomendado mi causa.
13 ¡Canten al Señor!
    ¡Alaben al Señor!
Pues al pobre y al necesitado
    los ha rescatado de sus opresores.

14 ¡Sin embargo, maldigo el día en que nací!
    Que nadie celebre el día de mi nacimiento.
15 Maldigo al mensajero que le dijo a mi padre:
    «¡Buenas noticias! ¡Es un varón!».
16 Que lo destruyan como a las ciudades de la antigüedad
    que el Señor derribó sin misericordia.
Asústenlo todo el día con gritos de batalla,
17     porque no me mató al nacer.
¡Oh, si tan solo hubiera muerto en el vientre de mi madre,
    si su cuerpo hubiera sido mi tumba!
18 ¿Por qué habré nacido?
    Mi vida entera se ha llenado
    de dificultades, de dolor y de vergüenza.

No hay escapatoria de Babilonia

21 El Señor habló por medio de Jeremías cuando el rey Sedequías envió a Pasur, hijo de Malquías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maaseías, para hablar con el profeta. Le suplicaron:

2 —Por favor, habla al Señor por nosotros y pídele que nos ayude. El rey Nabucodonosor está atacando a Judá. Quizá el Señor sea misericordioso y haga un poderoso milagro como lo ha hecho en el pasado. Tal vez obligue a Nabucodonosor a que retire sus ejércitos.

3 Jeremías respondió:

—Regresen al rey Sedequías y díganle: 4 “Esto dice el Señor, Dios de Israel: ‘Haré que tus armas no sirvan contra el rey de Babilonia ni contra los babilonios que te atacan fuera de tus murallas. Es más, traeré a tus enemigos al mismo corazón de la ciudad. 5 Yo mismo pelearé contra ti con mano fuerte y brazo poderoso porque estoy muy enojado. ¡Me has puesto furioso! 6 Enviaré una plaga terrible sobre esta ciudad y morirán tanto la gente como los animales. 7 Después de todo eso, dice el Señor, entregaré al rey Sedequías, a sus funcionarios y a todo el que en la ciudad sobreviva a la enfermedad, a la guerra y al hambre, en manos del rey Nabucodonosor de Babilonia y de sus otros enemigos. Él los masacrará y no les mostrará misericordia, piedad o compasión’”.

8 »Dile a todo el pueblo: “Esto dice el Señor: ‘¡Elijan entre la vida y la muerte! 9 Todo el que permanezca en Jerusalén morirá por guerra, enfermedad o hambre, pero aquellos que salgan y se entreguen a los babilonios vivirán. ¡Su recompensa será la vida! 10 Pues he decidido traer desastre y no bien a esta ciudad, dice el Señor. Será entregada al rey de Babilonia, quien la reducirá a cenizas’”.

Juicio contra los reyes de Judá

11 »Dile a la familia real de Judá: “¡Escuchen el mensaje del Señor! 12 Esto dice el Señor a la dinastía de David:

»”¡Hagan justicia cada mañana al pueblo que ustedes juzgan!
    Ayuden a los que han sufrido robos;
    rescátenlos de sus opresores.
De lo contrario, mi enojo arderá como fuego insaciable
    debido a todos sus pecados.
13 Yo pelearé personalmente contra el pueblo en Jerusalén,
    esa poderosa fortaleza,
contra el pueblo que se jacta: ‘Nadie puede tocarnos aquí;
    nadie puede entrar aquí’.
14 Y yo mismo los castigaré por ser tan pecadores,
    dice el Señor.
Prenderé fuego a sus bosques
    y ese fuego incendiará todo a su alrededor”.

Mensaje a los reyes de Judá

22 Esto me dijo el Señor: «Ve y habla directamente al rey de Judá. Dile: 2 “Rey de Judá, tú que te sientas en el trono de David, escucha el mensaje del Señor. Deja que tus ayudantes y tu pueblo también escuchen. 3 Esto dice el Señor: ‘Sean imparciales y justos. ¡Hagan lo que es correcto! Ayuden a quienes han sufrido robos; rescátenlos de sus opresores. ¡Abandonen sus malas acciones! No maltraten a los extranjeros, ni a los huérfanos ni a las viudas. ¡Dejen de matar al inocente! 4 Si me obedecen, siempre habrá un descendiente de David sentado en el trono aquí en Jerusalén. El rey entrará por las puertas del palacio en carros y a caballo, con su corte de ayudantes y súbditos. 5 Sin embargo, si rehúsan prestar atención a esta advertencia, les juro por mi propio nombre, dice el Señor, que este palacio se convertirá en un montón de escombros’”».

Mensaje referente al palacio

6 Ahora bien, esto dice el Señor con respecto al palacio real de Judá:

«Te amo tanto como a la fructífera Galaad
    y como a los verdes bosques del Líbano.
Pero te convertiré en un desierto
    y nadie vivirá dentro de tus muros.
7 Citaré a obreros de demolición,
    los cuales sacarán sus herramientas para desmantelarte.
Arrancarán todas tus selectas vigas de cedro
    y las echarán al fuego.

8 »Gente de muchas naciones pasará por las ruinas de la ciudad y se dirán el uno al otro: “¿Por qué habrá destruido el Señor esta gran ciudad?”. 9 Y la contestación será: “Porque violaron su pacto con el Señor su Dios al rendir culto a otros dioses”».

Mensaje acerca de Joacaz

10 No lloren por el rey muerto ni lamenten su pérdida.
    ¡En cambio, lloren por el rey cautivo que se llevan al exilio,
    porque nunca más volverá para ver su tierra natal!

11 Pues esto dice el Señor acerca de Joacaz, quien sucedió en el trono a su padre, el rey Josías, y fue llevado cautivo: «Él nunca regresará. 12 Morirá en una tierra lejana y nunca más verá su propio país».

Mensaje acerca de Joacim

13 Y el Señor dice: «¡Qué aflicción le espera a Joacim,
    que edifica su palacio con trabajo forzado
Construye las paredes a base de injusticia,
    porque obliga a sus vecinos a trabajar,
    y no les paga por su trabajo.
14 Dice: “Construiré un palacio magnífico
    con habitaciones enormes y muchas ventanas.
Lo revestiré con cedro fragante
    y lo pintaré de un rojo agradable”.
15 ¡Pero un hermoso palacio de cedro no hace a un gran rey!
    Josías, tu padre, también tenía mucha comida y bebida;
pero él era justo y recto en todo lo que hacía.
    Por esa razón Dios lo bendijo.
16 Hizo justicia al pobre y al necesitado y los ayudó,
    y le fue bien en todo.
¿No es eso lo que significa conocerme?
    —dice el Señor—.
17 ¡Pero tú, solo tienes ojos para la avaricia y la deshonestidad!
    Asesinas al inocente,
    oprimes al pobre y reinas sin piedad».

18 Por lo tanto, esto dice el Señor acerca de Joacim, hijo del rey Josías:

«El pueblo no llorará por él, lamentándose entre sí:
    “¡Ay, mi hermano! ¡Ay, mi hermana!”.
Sus súbditos no llorarán por él, lamentando:
    “¡Ay, nuestro amo ha muerto! ¡Ay, su esplendor se ha ido!”.
19 Será enterrado como un burro muerto:
    ¡arrastrado fuera de Jerusalén y arrojado fuera de las puertas!
20 Llora por tus aliados en el Líbano;
    grita por ellos en Basán.
Búscalos en las regiones al oriente del río.[g]
    Mira, todos han sido destruidos.
    No quedó nadie para ayudarte.
21 Te lo advertí cuando eras próspero,
    pero respondiste: “¡No me fastidies!”.
Has sido así desde tu niñez;
    ¡nunca me obedeces!
22 Y ahora a tus aliados se los llevará el viento.
    Todos tus amigos serán llevados cautivos.
    Seguramente para entonces verás tu maldad y te avergonzarás.
23 Puede que sea lindo vivir en un palacio magnífico,
    recubierto con madera de cedros del Líbano,
pero pronto gemirás con punzadas de angustia,
    angustia como la de una mujer con dolores de parto.

Mensaje a Joaquín

24 »Tan cierto como que yo vivo—dice el Señor—, te abandonaré, Joaquín, hijo de Joacim, rey de Judá. Aunque fueras el anillo con mi sello oficial en mi mano derecha, te arrancaría. 25 Te entregaré a los que buscan matarte—a los que tanto temes—al rey Nabucodonosor de Babilonia y al poderoso ejército babilónico. 26 Te expulsaré de esta tierra, a ti y a tu madre, y morirás en un país extranjero, no en tu tierra natal. 27 Nunca regresarás a la tierra que añoras.

28 »¿Por qué es este hombre, Joaquín, como una vasija desechada y rota?
    ¿Por qué serán él y sus hijos exiliados al extranjero?
29 ¡Oh tierra, tierra, tierra!
    ¡Escucha este mensaje del Señor!
30 Esto dice el Señor:
“Que conste en acta que este hombre, Joaquín, no tuvo hijos.
    Él es un fracasado,
porque no tendrá hijos que le sucedan en el trono de David
    para gobernar a Judá”.

 

 

SALMOS 18

Para el director del coro: salmo de David, siervo del Señor. Entonó este cántico al Señor el día que el Señor lo rescató de todos sus enemigos y de Saúl. Cantó así:

18 Te amo, Señor;
    tú eres mi fuerza.
2 El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi salvador;
    mi Dios es mi roca, en quien encuentro protección.
Él es mi escudo, el poder que me salva
    y mi lugar seguro.
3 Clamé al Señor, quien es digno de alabanza,
    y me salvó de mis enemigos.

4 Me enredaron las cuerdas de la muerte;
    me arrasó una inundación devastadora.
5 La tumba me envolvió con sus cuerdas;
    la muerte me tendió una trampa en el camino.
6 Pero en mi angustia, clamé al Señor;
    sí, oré a mi Dios para pedirle ayuda.
Él me oyó desde su santuario;
    mi clamor llegó a sus oídos.

7 Entonces la tierra se estremeció y tembló.
    Se sacudieron los cimientos de las montañas;
    temblaron a causa de su enojo.
8 De su nariz salía humo a raudales;
    de su boca saltaban violentas llamas de fuego.
    Carbones encendidos se disparaban de él.
9 Abrió los cielos y descendió;
    había oscuras nubes de tormenta debajo de sus pies.
10 Voló montado sobre un poderoso ser angelical,
    remontándose sobre las alas del viento.
11 Se envolvió con un manto de oscuridad
    y ocultó su llegada con oscuras nubes de lluvia.
12 Nubes densas taparon el brillo a su alrededor,
    e hicieron llover granizo y carbones encendidos.
13 El Señor retumbó desde el cielo;
    la voz del Altísimo resonó
    en medio del granizo y de los carbones encendidos.
14 Disparó sus flechas y dispersó a sus enemigos;
    destellaron grandes relámpagos, y ellos quedaron confundidos.
15 Luego, a tu orden, oh Señor,
    a la ráfaga de tu aliento,
pudo verse el fondo del mar,
    y los cimientos de la tierra quedaron al descubierto.

16 Él extendió la mano desde el cielo y me rescató;
    me sacó de aguas profundas.
17 Me rescató de mis enemigos poderosos,
    de los que me odiaban y eran demasiado fuertes para mí.
18 Me atacaron en un momento de angustia,
    pero el Señor me sostuvo.
19 Me condujo a un lugar seguro;
    me rescató porque en mí se deleita.
20 El Señor me recompensó por hacer lo correcto;
    me restauró debido a mi inocencia.
21 Pues he permanecido en los caminos del Señor;
    no me he apartado de mi Dios para seguir el mal.
22 He seguido todas sus ordenanzas;
    nunca he abandonado sus decretos.
23 Soy intachable delante de Dios;
    me he abstenido del pecado.
24 El Señor me recompensó por hacer lo correcto;
    él ha visto mi inocencia.

25 Con los fieles te muestras fiel;
    a los íntegros les muestras integridad.
26 Con los puros te muestras puro,
    pero te muestras astuto con los tramposos.
27 Rescatas al humilde,
    pero humillas al orgulloso.
28 Enciendes una lámpara para mí.
    El Señor, mi Dios, ilumina mi oscuridad.
29 Con tu fuerza puedo aplastar a un ejército;
    con mi Dios puedo escalar cualquier muro.

30 El camino de Dios es perfecto.
    Todas las promesas del Señor demuestran ser verdaderas.
    Él es escudo para todos los que buscan su protección.
31 Pues ¿quién es Dios aparte del Señor?
    ¿Quién más que nuestro Dios es una roca sólida?
32 Dios me arma de fuerza
    y hace perfecto mi camino.
33 Me hace andar tan seguro como un ciervo
    para que pueda pararme en las alturas de las montañas.
34 Entrena mis manos para la batalla;
    fortalece mi brazo para tensar un arco de bronce.
35 Me has dado tu escudo de victoria.
    Tu mano derecha me sostiene;
    tu ayuda me ha engrandecido.
36 Has trazado un camino ancho para mis pies
    a fin de evitar que resbalen.

37 Perseguí a mis enemigos y los alcancé;
    no me detuve hasta verlos vencidos.
38 Los herí de muerte para que no pudieran levantarse;
    cayeron debajo de mis pies.
39 Me has armado de fuerza para la batalla;
    has sometido a mis enemigos debajo de mis pies.
40 Pusiste mi pie sobre su cuello;
    destruí a todos los que me odiaban.
41 Pidieron ayuda, pero nadie fue a rescatarlos.
    Hasta clamaron al Señor, pero él se negó a responder.
42 Los molí tan fino como el polvo que se lleva el viento.
    Los barrí a la cuneta como lodo.
43 Me diste la victoria sobre los que me acusaban.
    Me nombraste gobernante de naciones;
    ahora me sirve gente que ni siquiera conozco.
44 En cuanto oyen hablar de mí, se rinden;
    naciones extranjeras se arrastran ante mí.
45 Todas pierden el valor
    y salen temblando de sus fortalezas.

46 ¡El Señor vive! ¡Alabanzas a mi Roca!
    ¡Exaltado sea el Dios de mi salvación!
47 Él es el Dios que da su merecido a los que me dañan;
    él somete a las naciones bajo mi control
48     y me rescata de mis enemigos.
Tú me mantienes seguro, lejos del alcance de mis enemigos;
    me salvas de adversarios violentos.
49 Por eso, oh Señor, te alabaré entre las naciones;
    cantaré alabanzas a tu nombre.
50 Le das grandes victorias a tu rey;
    le muestras amor inagotable a tu ungido,
    a David y a todos sus descendientes para siempre.

 

 

Cuando el pueblo de Dios era víctima de la injusticia, como cuando los israelitas sufrieron la opresión egipcia, Dios intervenía y les mostraba justicia reparadora, tal como les había ordenado que ellos hicieran con los demás. Por supuesto, la triste ironía es que los israelitas seguirían oprimiendo a los demás incluso después de haber sido oprimidos ellos mismos, ignorando estos conceptos tan importantes de rectitud y justicia que Dios decretó que debían seguir. Hoy en día, nosotros, como seres humanos, seguimos cometiendo injusticias, beneficiándonos de la opresión de los que nos rodean y haciéndonos culpables a los ojos de Dios.

Afortunadamente, Dios tenía una solución para la injusticia de la humanidad. Al enviar a Cristo, considerado plenamente justo y recto para que tomara el castigo por los pecados de los culpables, Dios ha hecho que todas las personas puedan ser justas ante él. Habiendo recibido este don, ahora es nuestra misión salir al mundo y dar este mismo don a los demás, mostrándoles la rectitud y la justicia que Dios nos ha mostrado a todos.



 

4 pasos que te ayudarán a tener un tiempo con Dios.


Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.

  1. Lea despacio
  2. Lea en voz alta
  3. Mientras esté leyendo pregúntele a Dios:

¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele


Dios podría estar hablándole de Él

  1. ¿Quién es Él?
  2. ¿Cuáles son sus características?
  3. ¿Qué hará?

Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:

  • P ¿Será un PECADO que debo confesar?
  • A ¿Será una ACTITUD que debo adoptar?
  • M ¿Será un MANDAMIENTO que debo obedecer?
  • P ¿Será una PROMESA que debo reclamar?
  • E ¿Será un EJEMPLO que debo seguir o evitar?

Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.

  1. Pida PERDÓN: Confiese su pecado, arrepiéntase y reciba el perdón de Dios
  2. De GRACIAS: Agradezca a Dios por sus muchas bendiciones y promesas
  3. Por FAVOR: Ore por sus necesidades y las de otros; salvación, sanidad, protección
  4. Finalice diciendo TE AMO. Termine este tiempo en adoración y alabanza

Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.

  1. ¿Qué le habló Dios?
  2. ¿Cómo esto cambiará sus perspectivas?
  3. ¿Cómo aplicará esto en su vida diaria?

Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”

Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”

DEVOCIONALES