Julio 24 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 184
LAMENTACIONES 3
Esperanza en la fidelidad
del Señor
3 Yo
soy el que ha visto las aflicciones
que provienen de la vara del enojo del Señor.
2 Me llevó a las tinieblas,
y dejó fuera toda luz.
3 Volvió su mano contra mí
una y otra vez, todo el día.
4 Hizo
que mi piel y mi carne envejecieran;
quebró mis huesos.
5 Me sitió y me rodeó
de angustia y aflicción.
6 Me enterró en un lugar oscuro,
como a los que habían muerto hace tiempo.
7 Me
cercó con un muro, y no puedo escapar;
me ató con pesadas cadenas.
8 Y a pesar de que lloro y grito,
cerró sus oídos a mis oraciones.
9 Impidió mi paso con un muro de piedra;
hizo mis caminos tortuosos.
10 Se
escondió como un oso o un león,
esperando atacarme.
11 Me arrastró fuera del camino, me descuartizó
y me dejó indefenso y destruido.
12 Tensó su arco
y me hizo el blanco de sus flechas.
13 Disparó
sus flechas
a lo profundo de mi corazón.
14 Mi propio pueblo se ríe de mí;
todo el día repiten sus canciones burlonas.
15 Él me llenó de amargura
y me dio a beber una copa amarga de dolor.
16 Me
hizo masticar piedras;
me revolcó en el polvo.
17 Me arrebató la paz
y ya no recuerdo qué es la prosperidad.
18 Yo exclamo: «¡Mi esplendor ha desaparecido!
¡Se perdió todo lo que yo esperaba del Señor!».
19 Recordar
mi sufrimiento y no tener hogar
es tan amargo que no encuentro palabras.
20 Siempre tengo presente este terrible tiempo
mientras me lamento por mi pérdida.
21 No obstante, aún me atrevo a tener esperanza
cuando recuerdo lo siguiente:
22 ¡El
fiel amor del Señor nunca se acaba!
Sus misericordias jamás terminan.
23 Grande es su fidelidad;
sus misericordias son nuevas cada mañana.
24 Me digo: «El Señor es mi herencia,
por lo tanto, ¡esperaré en él!».
25 El Señor es
bueno con los que dependen de él,
con aquellos que lo buscan.
26 Por eso es bueno esperar en silencio
la salvación que proviene del Señor.
27 Y es bueno que todos se sometan desde temprana edad
al yugo de su disciplina:
28 Que
se queden solos en silencio
bajo las exigencias del Señor.
29 Que se postren rostro en tierra,
pues quizá por fin haya esperanza.
30 Que vuelvan la otra mejilla a aquellos que los
golpean
y que acepten los insultos de sus enemigos.
31 Pues
el Señor no abandona
a nadie para siempre.
32 Aunque trae dolor, también muestra compasión
debido a la grandeza de su amor inagotable.
33 Pues él no se complace en herir a la gente
o en causarles dolor.
34 Si
la gente pisotea
a todos los prisioneros de la tierra,
35 si privan a otros de sus derechos,
desafiando al Altísimo,
36 si tuercen la justicia en los tribunales,
¿acaso no ve el Señor todas estas cosas?
37 ¿Quién
puede ordenar que algo suceda
sin permiso del Señor?
38 ¿No envía el Altísimo
tanto calamidad como bien?
39 Entonces, ¿por qué nosotros, simples humanos,
habríamos de quejarnos cuando somos castigados por
nuestros pecados?
40 En
cambio, probemos y examinemos nuestros caminos
y volvamos al Señor.
41 Levantemos nuestro corazón y nuestras manos
al Dios del cielo y digamos:
42 «Hemos pecado y nos hemos rebelado,
y no nos has perdonado.
43 »Nos
envolviste en tu enojo, nos perseguiste
y nos masacraste sin misericordia.
44 Te escondiste en una nube
para que nuestras oraciones no pudieran llegar a ti.
45 Nos desechaste como a basura y como a desperdicio
entre las naciones.
46 »Todos
nuestros enemigos
se han pronunciado en contra de nosotros.
47 Estamos llenos de miedo,
porque nos encontramos atrapados, destruidos y
arruinados».
48 ¡Ríos de lágrimas brotan de mis ojos
por la destrucción de mi pueblo!
49 Mis
lágrimas corren sin cesar;
no pararán
50 hasta que el Señor mire
desde el cielo y vea.
51 Se me destroza el corazón
por el destino de todas las mujeres de Jerusalén.
52 Mis
enemigos, a quienes nunca les hice daño,
me persiguieron como a un pájaro.
53 Me arrojaron a un hoyo
y dejaron caer piedras sobre mí.
54 El agua subió hasta cubrir mi cabeza
y yo exclamé: «¡Este es el fin!».
55 Pero
desde lo profundo del hoyo,
invoqué tu nombre, Señor.
56 Me oíste cuando clamé: «¡Escucha mi ruego!
¡Oye mi grito de socorro!».
57 Así fue, cuando llamé, tú viniste;
me dijiste: «No tengas miedo».
58 Señor,
has venido a defenderme;
has redimido mi vida.
59 Viste el mal que me hicieron, Señor;
sé mi juez y demuestra que tengo razón.
60 Has visto los planes vengativos
que mis enemigos han tramado contra mí.
61 Señor,
tú oíste los nombres repugnantes con los que me llaman
y conoces los planes que hicieron.
62 Mis enemigos susurran y hablan entre dientes
mientras conspiran contra mí todo el día.
63 ¡Míralos! Estén sentados o de pie,
yo soy el objeto de sus canciones burlonas.
64 Señor,
dales su merecido
por todo lo malo que han hecho.
65 ¡Dales corazones duros y tercos,
y después, que tu maldición caiga sobre ellos!
66 Persíguelos en tu enojo
y destrúyelos bajo los cielos del Señor.
SALMOS 29
Salmo de David.
29 Honren
al Señor, oh seres celestiales;
honren al Señor por su gloria y fortaleza.
2 Honren al Señor por la gloria de su nombre;
adoren al Señor en la magnificencia de su
santidad.
3 La
voz del Señor resuena sobre la superficie del mar;
el Dios de gloria truena;
el Señor truena sobre el poderoso mar.
4 La voz del Señor es potente;
la voz del Señor es majestuosa.
5 La voz del Señor parte los enormes cedros;
el Señor hace pedazos los cedros del Líbano.
6 Hace brincar como terneras a las montañas del Líbano;
hace saltar el monte Hermón como a un buey joven y
salvaje.
7 La voz del Señor resuena
con relámpagos.
8 La voz del Señor hace temblar al lugar
desolado;
el Señor sacude el desierto de Cades.
9 La voz del Señor retuerce los fuertes robles
y desnuda los bosques.
En su templo todos gritan: «¡Gloria!».
10 El Señor gobierna
las aguas de la inundación;
el Señor gobierna como rey para siempre.
11 El Señor le da fuerza a su pueblo;
el Señor lo bendice con paz.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”