Febrero 11 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 21
ÉXODO 13 al 15
Dedicación de los primeros hijos
varones
13 Luego
el Señor le dijo a Moisés: 2 «Dedícame a
todos los primeros hijos varones del pueblo de Israel. Todo primer nacido,
tanto de los seres humanos como de los animales, me pertenece».
3 Entonces
Moisés dijo a los israelitas: «Este es un día para recordar por siempre: es el
día que salieron de Egipto, donde eran esclavos. Hoy el Señor los
sacó con la fuerza de su mano poderosa. (Recuerden no comer nada que contenga
levadura). 4 Este preciso día, a comienzos de la
primavera, en el mes de abib, ustedes fueron liberados. 5 Una
vez que el Señor los haga entrar en la tierra de los cananeos, los
hititas, los amorreos, los heveos y los jebuseos, deberán celebrar este suceso
cada año, en este mes. (Él les juró a sus antepasados que les daría esa tierra,
una tierra donde fluyen la leche y la miel). 6 Durante
siete días tendrán que preparar sin levadura el pan que coman. Entonces el
séptimo día celebrarán una fiesta al Señor. 7 En
esos siete días, coman pan sin levadura. De hecho, durante ese período, no debe
haber pan con levadura ni ningún rastro de levadura dentro de su territorio.
8 »El
séptimo día, darán a sus hijos la siguiente explicación: “Hoy celebro lo que
el Señor hizo por mí cuando salí de Egipto”. 9 Este
festival anual será para ustedes una señal visible, como una marca grabada en
la mano o en la frente, que les recuerde recitar siempre esta enseñanza
del Señor: “Con mano fuerte, el Señor los rescató de Egipto”. 10 Por
lo tanto, cumplan el decreto de este festival cada año, en la fecha señalada.
11 »Cuando
el Señor cumpla la promesa que les juró a ustedes y a sus
antepasados, esto es lo que deben hacer: el día que él les dé la tierra donde
actualmente viven los cananeos, 12 deberán
presentar al Señor todo primer hijo varón y toda primera cría macho
de los animales, porque a él le pertenecen. 13 Para
recuperar la primera cría de un burro, podrán pagar rescate al Señor entregando
como sustituto un cordero o un cabrito; pero si no pagan rescate para
recuperarlo, tendrán que quebrarle el cuello al animal. Sin embargo, tienen la
obligación de pagar rescate por todo primer hijo varón.
14 »En
el futuro, sus hijos les preguntarán: “¿Qué significa todo esto?”, y ustedes
les dirán: “Con la fuerza de su mano poderosa, el Señor nos sacó de
Egipto, donde éramos esclavos. 15 El faraón se puso
terco y por nada quiso dejarnos salir, entonces el Señor mató a todos
los primeros hijos varones en toda la tierra de Egipto y también a los machos
de las primeras crías de los animales. Por eso ahora sacrifico a todos los
machos primer nacidos al Señor, pero siempre pagamos rescate para
recuperar a los primeros hijos varones”. 16 Esta
ceremonia servirá como una marca grabada en la mano o en la frente. Es un
recordatorio de que el Señor nos sacó de Egipto con la fuerza de su
mano poderosa».
Desviación de Israel en el desierto
17 Cuando
por fin el faraón dejó salir a los israelitas, Dios no los guio por el camino
principal que atraviesa el territorio filisteo, aunque esa era la ruta más
corta a la Tierra Prometida. Dios dijo: «Si los israelitas llegaran a enfrentar
una batalla, podrían cambiar de parecer y regresar a Egipto». 18 Por
eso Dios los hizo dar un rodeo por el camino del desierto, hacia el mar Rojo. Así
los israelitas salieron de Egipto como un ejército preparado para la batalla.
19 Moisés
llevó consigo los restos de José, porque José había hecho jurar a los hijos de
Israel que así lo harían cuando dijo: «Pueden estar seguros de que Dios vendrá
a ayudarlos. Cuando eso suceda, llévense de aquí mis restos con ustedes».
20 Entonces
los israelitas salieron de Sucot y acamparon en Etam, al límite del
desierto. 21 El Señor iba delante de
ellos, y los guiaba durante el día mediante una columna de nube y les daba luz
durante la noche con una columna de fuego. Esto les permitía viajar de día y de
noche. 22 El Señor nunca quitó de su
lugar, delante de ellos, la columna de nube ni la columna de fuego.
14 Entonces
el Señor le dio a Moisés las siguientes instrucciones: 2 «Ordénales
a los israelitas que den la vuelta y acampen cerca de Pi-hahirot, entre Migdol
y el mar. Que acampen allí, a lo largo de la orilla, frente a Baal-zefón. 3 Entonces
el faraón pensará: “Los israelitas están confundidos. ¡Quedaron atrapados en el
desierto!”. 4 Y una vez más endureceré el corazón
del faraón, y él saldrá a perseguirlos. Lo haré así para manifestar mi gloria
por medio del faraón y de todo su ejército. ¡Después los egipcios sabrán que yo
soy el Señor!». Así que los israelitas acamparon donde se les dijo.
Los egipcios persiguen a Israel
5 Cuando
al rey de Egipto le llegó la noticia de que los israelitas habían huido, el
faraón y sus funcionarios cambiaron de parecer. «¿Qué hemos hecho al permitir
que todos estos esclavos israelitas se fueran?», se preguntaban. 6 Entonces
el faraón preparó su carro de guerra y llamó a sus tropas. 7 Llevó
consigo seiscientos de los mejores carros de guerra, junto con los demás carros
de Egipto, cada uno con su respectivo oficial al mando. 8 Así
que el Señor endureció el corazón del faraón, rey de Egipto, quien
por lo tanto salió a perseguir a los israelitas, los cuales se habían marchado
con puños en alto en señal de desafío. 9 Los
egipcios los persiguieron con todas las fuerzas del ejército del faraón—todos
sus caballos y sus carros de guerra, sus conductores y sus tropas—y alcanzaron
al pueblo de Israel mientras acampaba junto al mar, cerca de Pi-hahirot, frente
a Baal-zefón.
10 Mientras
el faraón se acercaba, los israelitas levantaron la vista y se llenaron de
pánico al ver que los egipcios los alcanzaban. Entonces clamaron al Señor 11 y
le dijeron a Moisés:
—¿Por qué nos trajiste aquí a morir en el
desierto? ¿Acaso no había suficientes tumbas para nosotros en Egipto? ¿Qué nos
has hecho? ¿Por qué nos obligaste a salir de Egipto? 12 ¿No
te dijimos que esto pasaría cuando aún estábamos en Egipto? Te dijimos:
“¡Déjanos en paz! Déjanos seguir siendo esclavos de los egipcios. ¡Es mejor ser
un esclavo en Egipto que un cadáver en el desierto!”.
13 Pero
Moisés les dijo:
—No tengan miedo. Solo quédense quietos y
observen cómo el Señor los rescatará hoy. Esos egipcios que ahora
ven, jamás volverán a verlos. 14 El Señor mismo
peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos.
Israel escapa por el mar Rojo
15 Luego
el Señor le dijo a Moisés: «¿Por qué clamas a mí? ¡Dile al pueblo que
se ponga en marcha! 16 Toma tu vara y extiende la
mano sobre el mar. Divide las aguas para que los israelitas puedan pasar por en
medio del mar, pisando tierra seca. 17 Yo
endureceré el corazón de los egipcios y se lanzarán contra los israelitas. La
grandeza de mi gloria se manifestará por medio del faraón y de su ejército, sus
carros de guerra y sus conductores. 18 Cuando mi
gloria se exhiba por medio de ellos, ¡todo Egipto verá mi gloria y sabrán que
yo soy el Señor!».
19 Entonces
el ángel de Dios, que iba al frente del pueblo de Israel, se trasladó hacia
atrás del campamento. La columna de nube también se cambió de lugar y pasó a
estar detrás de ellos. 20 La nube se puso entre los
egipcios y el campamento de los israelitas. Al atardecer, la nube se convirtió
en fuego e iluminó la noche, pero los egipcios y los israelitas no se acercaron
unos a otros en toda la noche.
21 Luego
Moisés extendió la mano sobre el mar y el Señor abrió un camino a
través de las aguas mediante un fuerte viento oriental. El viento sopló durante
toda la noche y transformó el lecho del mar en tierra seca. 22 Entonces
el pueblo de Israel cruzó por en medio del mar, caminando sobre tierra seca,
con muros de agua a cada lado.
23 Entonces
los egipcios—con todos los carros de guerra y sus conductores, y con los
caballos del faraón—persiguieron a los israelitas hasta el medio del mar. 24 Pero
poco antes del amanecer, el Señor miró al ejército egipcio desde la
columna de fuego y de nube, y causó gran confusión en sus fuerzas de
combate. 25 Torció las ruedas de los carros
para que les resultara difícil manejarlos. «¡Salgamos de aquí, alejémonos de
los israelitas!—gritaban los egipcios—. ¡El Señor está luchando por
ellos en contra de Egipto!».
26 Cuando
todos los israelitas habían llegado al otro lado, el Señor le dijo a
Moisés: «Extiende otra vez tu mano sobre el mar, y las aguas volverán con
fuerza y cubrirán a los egipcios, a sus carros y a sus conductores». 27 Entonces,
cuando el sol comenzaba a salir, Moisés extendió su mano sobre el mar y las
aguas volvieron con fuerza a su estado normal. Los egipcios trataron de
escapar, pero el Señor los arrastró al mar. 28 Enseguida
las aguas volvieron a su lugar y cubrieron todos los carros y a sus
conductores: el ejército completo del faraón. No sobrevivió ni uno de los
egipcios que entró al mar para perseguir a los israelitas.
29 En
cambio, el pueblo de Israel caminó por en medio del mar sobre tierra seca,
mientras las aguas permanecían levantadas como muros a ambos lados. 30 Así
es como el Señor aquel día rescató a Israel de las manos de los
egipcios. Y los israelitas vieron los cadáveres de los egipcios a la orilla del
mar. 31 Cuando el pueblo de Israel vio el gran
poder que el Señor había desatado contra los egipcios, se llenaron de
temor reverente delante de él. Entonces pusieron su fe en el Señor y
en su siervo Moisés.
Cántico de liberación
15 Entonces
Moisés y el pueblo de Israel entonaron el siguiente cántico al Señor:
«Cantaré al Señor,
porque ha triunfado gloriosamente;
arrojó al mar al caballo y al jinete.
2 El Señor es mi fuerza y mi canción;
él me ha dado la victoria.
Él es mi Dios, y lo alabaré;
es el Dios de mi padre, ¡y lo exaltaré!
3 El Señor es un guerrero;
¡Yahveh es su nombre!
4 Arrojó al mar
a los carros y al ejército del faraón.
Los mejores oficiales del faraón
se ahogaron en el mar Rojo.
5 Las aguas profundas brotaron con fuerza y los
cubrieron;
como piedras se hundieron hasta el fondo.
6 »Tu
mano derecha, oh Señor,
es gloriosa en poder.
Tu mano derecha, oh Señor,
aplasta al enemigo.
7 Con la grandeza de tu majestad,
derribas a los que se levantan contra ti.
Desatas tu ardiente furia
y los consume como a paja.
8 Al soplido de tu aliento,
¡las aguas se apilaron!
El impetuoso oleaje se quedó firme como un muro;
en el corazón del mar las aguas se endurecieron.
9 »El
enemigo se jactaba diciendo:
“Los perseguiré
y los alcanzaré.
Los despojaré
y los consumiré.
Sacaré mi espada;
mi mano poderosa los destruirá”.
10 Pero tú soplaste con tu aliento,
y el mar los cubrió.
Se hundieron como plomo
en las poderosas aguas.
11 »Oh Señor,
entre los dioses, ¿quién es como tú:
glorioso en santidad,
imponente en esplendor,
autor de grandes maravillas?
12 Levantaste tu mano derecha,
y la tierra se tragó a nuestros enemigos.
13 »Con
tu amor inagotable
guías al pueblo que redimiste.
Con tu poder los guías
a tu hogar sagrado.
14 Lo oyen los pueblos y tiemblan;
la angustia se apodera de los que viven en Filistea.
15 Los líderes de Edom están aterrados;
los nobles de Moab tiemblan.
Todos los que viven en Canaán se desvanecen;
16 terror y espanto caen sobre
ellos.
El poder de tu brazo
los deja sin vida, como una piedra,
hasta que tu pueblo haya pasado, oh Señor,
hasta que haya pasado el pueblo que compraste.
17 Tú lo traerás y lo plantarás en tu propio monte,
el lugar, oh Señor, reservado para tu morada,
el santuario, oh Señor, que tus manos establecieron.
18 ¡El Señor reinará por siempre y para
siempre!».
19 Cuando
los carros de guerra, sus conductores y los caballos del faraón entraron al
mar, el Señor hizo que las aguas cayeran con fuerza sobre ellos.
¡Pero el pueblo de Israel había cruzado por en medio del mar, pisando tierra
seca!
20 Entonces
la profetisa Miriam, hermana de Aarón, tomó una pandereta, se puso al frente, y
todas las mujeres la siguieron, danzando y tocando sus panderetas. 21 Y
Miriam entonaba este cántico:
«Canten al Señor,
porque ha triunfado gloriosamente;
arrojó al mar al caballo y al jinete».
Agua amarga en Mara
22 Entonces
Moisés guio al pueblo de Israel lejos del mar Rojo, y se internaron en el
desierto de Shur. Viajaron por este desierto durante tres días sin encontrar
agua. 23 Cuando llegaron al oasis de Mara, no
pudieron beber el agua porque era demasiado amarga. Por eso llamaron al lugar
Mara (que significa «amarga»).
24 Entonces
la gente se quejó y se puso en contra de Moisés. «¿Qué vamos a beber?»,
reclamaron. 25 Así que Moisés clamó al Señor por
ayuda, y él le mostró un trozo de madera. Moisés echó la madera al agua, y el
agua se volvió potable.
Fue allí, en Mara, donde el Señor estableció
el siguiente decreto como una norma para probar la fidelidad del pueblo. 26 Les
dijo: «Si ustedes escuchan atentamente la voz del Señor su Dios y
hacen lo que es correcto ante sus ojos, obedeciendo sus mandatos y cumpliendo
todos sus decretos, entonces no les enviaré ninguna de las enfermedades que
envié a los egipcios; porque yo soy el Señor, quien los sana».
27 Después
de salir de Mara, los israelitas viajaron hasta el oasis de Elim, donde
encontraron doce manantiales y setenta palmeras. Y acamparon allí, junto a las
aguas.
SALMOS 21
Para el director del coro: salmo de
David.
21 ¡Cuánto
se alegra el rey en tu fuerza, oh Señor!
Grita de alegría porque tú le das la victoria.
2 Pues le diste el deseo de su corazón;
no le has negado nada de lo que te ha pedido. Interludio
3 Le
das la bienvenida con éxito y prosperidad;
le colocaste una corona del oro más puro sobre la
cabeza.
4 Te pidió que le preservaras la vida,
y le concediste su petición;
los días de su vida se alargan para siempre.
5 Tu victoria le da mucha honra,
y lo has vestido de esplendor y majestad.
6 Lo has dotado de bendiciones eternas
y le has dado la alegría de tu presencia.
7 Pues el rey confía en el Señor;
el amor inagotable del Altísimo cuidará que no
tropiece.
8 Capturarás
a todos tus enemigos;
con tu poderosa mano derecha atraparás a todos los que
te odian.
9 Cuando te manifiestes,
los arrojarás a un horno en llamas.
En su enojo el Señor los consumirá;
el fuego los devorará.
10 Borrarás a sus hijos de la faz de la tierra;
nunca tendrán descendientes.
11 Aunque conspiren contra ti,
sus maquinaciones malignas jamás prosperarán.
12 Pues se darán vuelta y saldrán corriendo
cuando vean que tus flechas apuntan hacia ellos.
13 Levántate, oh Señor, en tu poder;
con música y cánticos celebramos tus poderosos actos.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”