Abril 03 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 72
JUECES 6 - 8
Gedeón, juez de Israel
6 Los
israelitas hicieron lo malo a los ojos del Señor. Entonces el Señor los
entregó a los madianitas durante siete años. 2 Los
madianitas eran tan crueles que los israelitas hicieron escondites en los
montes, en las cuevas y en lugares fortificados. 3 Cada
vez que los israelitas sembraban sus cultivos, venían saqueadores de Madián, de
Amalec y del pueblo del oriente, y atacaban a Israel. 4 Acampaban
en territorio israelita y destruían las cosechas hasta la región de Gaza. Se
llevaban todas las ovejas, las cabras, el ganado y los burros, y dejaban a los
israelitas sin qué comer. 5 Estas multitudes
enemigas, que venían con sus animales y sus carpas, eran como una plaga de
langostas; llegaban en numerosas manadas de camellos, imposibles de contar, y
no se iban hasta que la tierra quedaba desolada. 6 Así
que Israel se moría de hambre en manos de los madianitas. Entonces los
israelitas clamaron al Señor por ayuda.
7 Cuando
clamaron al Señor a causa de Madián, 8 el Señor les
envió un profeta, quien dijo al pueblo de Israel: «Esto dice el Señor,
Dios de Israel: “Yo te saqué de la esclavitud en Egipto. 9 Te
rescaté de los egipcios y de todos los que te oprimían. Expulsé a tus enemigos
y te di sus tierras. 10 Te dije: ‘Yo soy el Señor,
tu Dios. No debes rendir culto a los dioses de los amorreos, en cuya tierra
ahora vives’. Pero no me hiciste caso”».
11 Después
el ángel del Señor vino y se sentó debajo del gran árbol de Ofra que
pertenecía a Joás, del clan de Abiezer. Gedeón, hijo de Joás, estaba trillando
trigo en el fondo de un lagar para esconder el grano de los madianitas. 12 Entonces
el ángel del Señor se le apareció y le dijo:
—¡Guerrero valiente, el Señor está
contigo!
13 —Señor—respondió
Gedeón—, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos sucede todo
esto? ¿Y dónde están todos los milagros que nos contaron nuestros antepasados?
¿Acaso no dijeron: “El Señor nos sacó de Egipto”? Pero ahora el Señor nos
ha abandonado y nos entregó en manos de los madianitas.
14 Entonces
el Señor lo miró y le dijo:
—Ve tú con la fuerza que tienes y rescata a
Israel de los madianitas. ¡Yo soy quien te envía!
15 —Pero,
Señor—respondió Gedeón—, ¿cómo podré yo rescatar a Israel? ¡Mi clan es el más
débil de toda la tribu de Manasés, y yo soy el de menor importancia en mi
familia!
16 El Señor le
dijo:
—Yo estaré contigo, y destruirás a los madianitas
como si estuvieras luchando contra un solo hombre.
17 —Si
de verdad cuento con tu favor—respondió Gedeón—, muéstrame una señal para
asegurarme de que es realmente el Señor quien habla conmigo. 18 No
te vayas hasta que te traiga mi ofrenda.
Él respondió:
—Aquí me quedaré hasta que regreses.
19 Entonces
Gedeón fue de prisa a su casa. Asó un cabrito y horneó pan sin levadura con una
medida de harina. Luego llevó la carne en una canasta y el caldo en una
olla. Puso todo delante del ángel, quien estaba bajo el gran árbol.
20 Así
que el ángel de Dios le dijo: «Pon la carne y el pan sin levadura sobre esta
piedra y derrama el caldo sobre ellos». Y Gedeón hizo lo que se le
indicó. 21 Entonces el ángel del Señor tocó
la carne y el pan con la punta de la vara que tenía en la mano, y de la piedra
salió fuego que consumió todo lo que Gedeón había llevado. Y el ángel del Señor desapareció.
22 Cuando
Gedeón se dio cuenta de que era el ángel del Señor, clamó:
—¡Oh Señor Soberano, estoy condenado!
¡He visto cara a cara al ángel del Señor!
23 —No
te preocupes—le contestó el Señor—. No tengas miedo; no morirás.
24 Entonces
Gedeón construyó un altar al Señor en ese lugar y lo llamó
Yahveh-shalom (que significa «el Señor es paz»). Ese altar sigue en
Ofra, en la tierra del clan de Abiezer, hasta el día de hoy.
25 Esa
noche el Señor le dijo a Gedeón: «Toma el segundo toro del rebaño de
tu padre, el que tiene siete años. Derriba el altar que tu padre levantó a Baal
y corta el poste dedicado a la diosa Asera que está junto al altar. 26 Después
construye un altar al Señor tu Dios en el santuario de esta misma
cima, colocando cada piedra con cuidado. Sacrifica el toro como ofrenda quemada
sobre el altar, y usa como leña el poste dedicado a la diosa Asera que
cortaste».
27 Entonces
Gedeón llevó a diez de sus criados e hizo lo que el Señor le había
ordenado; pero lo hizo de noche, porque les tenía miedo a los demás miembros de
la casa de su padre y a la gente de la ciudad.
28 Temprano
a la mañana siguiente, mientras los habitantes de la ciudad se despertaban,
alguien descubrió que el altar de Baal estaba derribado y que habían cortado el
poste dedicado a la diosa Asera que estaba al lado. En su lugar se había
construido un nuevo altar, y sobre ese altar estaban los restos del toro que se
había sacrificado. 29 Los habitantes se preguntaban
unos a otros: «¿Quién hizo esto?». Y después de preguntar por todas partes y
hacer una búsqueda cuidadosa, se enteraron de que había sido Gedeón, el hijo de
Joás.
30 —Saca
a tu hijo—le exigieron a Joás los hombres de la ciudad—. Tendrá que morir por
haber destruido el altar de Baal y haber cortado el poste dedicado a la diosa
Asera.
31 Sin
embargo, Joás gritó a la turba que lo enfrentaba:
—¿Por qué defienden a Baal? ¿Acaso abogarán por
él? ¡Todo el que defienda su causa será ejecutado antes del amanecer! Si de
verdad Baal es un dios, ¡que se defienda a sí mismo y destruya al que derribó
su altar!
32 A
partir de entonces a Gedeón lo llamaron Jerobaal, que significa «que Baal se
defienda a sí mismo», porque él destruyó el altar de Baal.
Gedeón pide una señal
33 Poco
tiempo después, los ejércitos de Madián, de Amalec y del pueblo del oriente
formaron una alianza en contra de Israel; cruzaron el Jordán y acamparon en el
valle de Jezreel. 34 Entonces el Espíritu del Señor vistió
a Gedeón de poder. Gedeón tocó el cuerno de carnero como un llamado a tomar las
armas, y los hombres del clan de Abiezer se le unieron. 35 También
envió mensajeros por todo Manasés, Aser, Zabulón y Neftalí para convocar a sus
guerreros, y todos ellos respondieron.
36 Después
Gedeón le dijo a Dios: «Si de veras vas a usarme para rescatar a Israel como lo
prometiste, 37 demuéstramelo de la siguiente
manera: esta noche pondré una lana de oveja en el suelo del campo de trillar;
si por la mañana la lana está mojada con el rocío, pero el suelo está seco,
entonces sabré que me ayudarás a rescatar a Israel como lo prometiste». 38 Y
eso fue exactamente lo que sucedió. Cuando Gedeón se levantó temprano a la
mañana siguiente, exprimió la lana y sacó un tazón lleno de agua.
39 Luego
Gedeón le dijo a Dios: «Por favor, no te enojes conmigo, pero deja que te haga
otra petición. Permíteme usar la lana para una prueba más. Esta vez, que la
lana se quede seca, mientras que el suelo alrededor esté mojado con el
rocío». 40 Así que esa noche, Dios hizo lo que
Gedeón le pidió. A la mañana siguiente, la lana estaba seca, pero el suelo
estaba cubierto de rocío.
Gedeón derrota a los madianitas
7 Entonces
Jerobaal (es decir, Gedeón) y su ejército se levantaron temprano y fueron hasta
el manantial de Harod. El campamento de los ejércitos de Madián estaba al norte
de ellos, en el valle cercano a la colina de More. 2 Entonces
el Señor le dijo a Gedeón: «Tienes demasiados guerreros contigo. Si
dejo que todos ustedes peleen contra los madianitas, los israelitas se jactarán
ante mí de que se salvaron con su propia fuerza. 3 Por
lo tanto, dile al pueblo: “A todo aquel que le falte valentía o que tenga
miedo, que abandone este monte y se vaya a su casa”». Así que veintidós
mil de ellos se fueron a su casa, y quedaron solo diez mil dispuestos a pelear.
4 Pero
el Señor le dijo a Gedeón: «Todavía son demasiados. Hazlos descender
al manantial, y yo los pondré a prueba para determinar quién irá contigo y
quién no». 5 Cuando Gedeón bajó con sus guerreros
hasta el agua, el Señor le dijo: «Divide a los hombres en dos grupos.
En un grupo, pon a todos los que beban el agua en sus manos lamiéndola como
hacen los perros. En el otro grupo, pon a todos los que se arrodillan para
beber directamente del arroyo». 6 Solo trescientos
de los hombres bebieron con las manos. Los demás se arrodillaron para beber con
la boca en el arroyo.
7 Entonces
el Señor le dijo a Gedeón: «Con estos trescientos hombres, rescataré
a Israel y te daré la victoria sobre los madianitas. Envía a todos los demás a
su casa». 8 Así que Gedeón recogió las provisiones
y los cuernos de carnero de los otros guerreros y mandó a cada uno de ellos a
su casa, pero se quedó con los trescientos hombres.
El campamento madianita estaba en el valle,
directamente abajo de donde se encontraba Gedeón. 9 Esa
noche el Señor le dijo: «¡Levántate! ¡Desciende al campamento
madianita, porque te he dado la victoria sobre ellos! 10 Pero
si tienes miedo de atacar, desciende al campamento con tu siervo Fura. 11 Escucha
lo que dicen los madianitas, y cobrarás mucho ánimo. Entonces estarás ansioso
por atacar».
Así que Gedeón, acompañado por Fura, descendió
hasta el límite del campamento enemigo. 12 Los
ejércitos de Madián, de Amalec y del pueblo del oriente se habían establecido
en el valle como un enjambre de langostas. Sus camellos eran como los granos de
arena a la orilla del mar, ¡imposibles de contar! 13 Entonces
Gedeón se acercó sigilosamente, justo cuando un hombre le contaba un sueño a su
compañero.
—Tuve un sueño—decía el hombre—en el cual un pan
de cebada venía rodando cuesta abajo hacia el campamento madianita; ¡entonces
cuando golpeaba una carpa, la volteaba y la aplastaba!
14 Su
compañero le respondió:
—Tu sueño solo puede significar una cosa: ¡Dios
le ha dado a Gedeón, hijo de Joás, el israelita, la victoria sobre Madián y
todos sus aliados!
15 Cuando
Gedeón oyó el sueño y la interpretación, se inclinó en adoración ante el Señor. Luego
regresó al campamento israelita y gritó: «¡Levántense, porque el Señor les
ha dado la victoria sobre las multitudes madianitas!». 16 Así
que dividió a los trescientos hombres en tres grupos y le dio a cada hombre un
cuerno de carnero y una vasija de barro con una antorcha adentro.
17 Después
les dijo: «Fíjense en mí. Cuando yo llegue al límite del campamento, hagan lo
mismo que yo. 18 En cuanto yo y los que están
conmigo toquemos los cuernos de carnero, ustedes también toquen sus cuernos
alrededor de todo el campamento y griten: “¡Por el Señor y por
Gedeón!”».
19 Fue
apenas pasada la medianoche, después del cambio de guardia, cuando Gedeón
y los cien hombres que iban con él llegaron al límite del campamento madianita.
Entonces de un momento al otro, tocaron los cuernos de carnero y rompieron las
vasijas de barro. 20 Enseguida los tres grupos
tocaron juntos los cuernos y rompieron las vasijas. Con la mano izquierda
sostenían la antorcha ardiente, y en la mano derecha llevaban el cuerno, y
todos gritaban: «¡Una espada por el Señor y también por Gedeón!».
21 Cada
hombre permaneció en su puesto alrededor del campamento, y observaron cómo los
madianitas corrían de un lado a otro, llenos de pánico y gritando mientras se
daban a la fuga. 22 Cuando los trescientos
israelitas tocaron los cuernos de carnero, el Señor hizo que los
guerreros del campamento pelearan entre sí con sus espadas. Los que quedaron
con vida huyeron a lugares tan lejanos como Bet-sita, cerca de Zerera, y hasta
la frontera de Abel-mehola, cerca de Tabat.
23 Entonces
Gedeón mandó a buscar a los guerreros de Neftalí, de Aser y de Manasés, quienes
se unieron para dar caza al ejército de Madián. 24 Gedeón
también envió mensajeros por toda la zona montañosa de Efraín que decían:
«Desciendan para atacar a los madianitas. Frénenlos antes de que lleguen a los
vados del río Jordán en Bet-bara».
Así que los hombres de Efraín hicieron lo que se
les dijo. 25 Capturaron a Oreb y a Zeeb, los dos
comandantes de los madianitas, y mataron a Oreb en la roca de Oreb, y a Zeeb en
el lagar de Zeeb; y no dejaron de perseguir a los madianitas. Después los
israelitas le llevaron las cabezas de Oreb y Zeeb a Gedeón, quien estaba junto
al río Jordán.
Gedeón mata a Zeba y a Zalmuna
8 Entonces
la gente de Efraín le preguntó a Gedeón:
—¿Por qué nos has tratado así? ¿Por qué no nos
llamaste desde el principio cuando saliste a pelear con los madianitas?
Y tuvieron una fuerte discusión con Gedeón.
2 Pero
Gedeón les contestó:
—¿Qué he logrado yo comparado con lo que han
hecho ustedes? ¿Acaso los racimos olvidados de la cosecha de Efraín no son
mucho mejores que todos los cultivos de mi pequeño clan de Abiezer? 3 Dios
les dio a ustedes la victoria sobre Oreb y Zeeb, los comandantes del ejército
madianita. ¿Qué he logrado yo en comparación con eso?
Cuando los hombres de Efraín oyeron la respuesta
de Gedeón, se calmó su enojo.
4 Luego
Gedeón cruzó el río Jordán con sus trescientos hombres y, aunque estaban
agotados, continuaron persiguiendo al enemigo. 5 Cuando
llegaron a Sucot, Gedeón les pidió a los líderes de la ciudad:
—Por favor, denles algo de comer a mis guerreros.
Están muy cansados. Estoy persiguiendo a Zeba y a Zalmuna, los reyes de Madián.
6 Pero
los líderes de Sucot le respondieron:
—Primero captura a Zeba y a Zalmuna, y después
alimentaremos a tu ejército.
7 Entonces
Gedeón les dijo:
—Cuando el Señor me dé la victoria
sobre Zeba y Zalmuna, volveré y les desgarraré la carne con espinos y zarzas
del desierto.
8 Desde
allí Gedeón subió a Peniel y una vez más pidió alimentos, pero obtuvo la
misma respuesta. 9 Así que le dijo a la gente de
Peniel: «Cuando vuelva victorioso, derribaré esta torre».
10 Para
entonces, Zeba y Zalmuna se encontraban en Carcor con unos quince mil
guerreros, que era todo lo que quedaba de los ejércitos aliados del oriente,
porque ya habían matado a ciento veinte mil. 11 Entonces
Gedeón rodeó por la ruta de las caravanas que está al oriente de Noba y
Jogbeha, y tomó al ejército madianita por sorpresa. 12 Así
que Zeba y Zalmuna, los dos reyes madianitas, huyeron, pero Gedeón los
persiguió y capturó a todos sus guerreros.
13 Después,
Gedeón regresó de la batalla por el paso de Heres. 14 Allí
capturó a un joven de Sucot y le exigió que pusiera por escrito los nombres de
los setenta y siete líderes y ancianos de la ciudad. 15 Luego
regresó a Sucot y les dijo a los líderes: «Aquí están Zeba y Zalmuna. Cuando
pasamos por aquí antes, ustedes se burlaron de mí diciendo: “Primero captura a
Zeba y a Zalmuna, y después alimentaremos a tu agotado ejército”». 16 Entonces
Gedeón tomó a los ancianos de la ciudad y los castigó con espinas y zarzas del
desierto para darles una lección. 17 También
derribó la torre de Peniel y mató a todos los hombres de la ciudad.
18 Después
les preguntó a Zeba y a Zalmuna:
—Los hombres que ustedes mataron en Tabor, ¿cómo
eran?
—Se parecían a ti—le contestaron—, todos tenían
el aspecto de un hijo de rey.
19 —¡Eran
mis hermanos, los hijos de mi propia madre! —exclamó Gedeón—. Tan cierto como
que el Señor vive, les aseguro que no los mataría si ustedes no los
hubieran matado a ellos.
20 Volviéndose
a Jeter, su hijo mayor, le dijo:
—¡Mátalos!
Pero Jeter no sacó la espada, porque era apenas
un muchacho y tenía miedo.
21 Entonces
Zeba y Zalmuna le dijeron a Gedeón:
—¡Sé hombre! ¡Mátanos tú mismo!
Entonces Gedeón los mató a los dos y tomó los
adornos reales que sus camellos llevaban en el cuello.
El efod sagrado de Gedeón
22 Entonces
los israelitas dijeron a Gedeón:
—¡Gobiérnanos! Tú y tu hijo y tu nieto serán
nuestros gobernantes, porque nos has rescatado de Madián.
23 Pero
Gedeón respondió:
—Yo no los gobernaré ni tampoco mi hijo.
¡El Señor los gobernará! 24 Sin embargo,
tengo una petición que hacerles: que cada uno de ustedes me dé un arete del
botín que recogieron de sus enemigos caídos.
(Como los enemigos eran ismaelitas, todos usaban
aretes de oro).
25 —¡Con
todo gusto!—le contestaron.
Así que extendieron un manto, y cada uno de ellos
echó un arete de oro que había recogido del botín. 26 Todos
los aretes de oro pesaron unos diecinueve kilos, sin contar los ornamentos
reales ni los pendientes ni la ropa de púrpura usada por los reyes de Madián,
ni las cadenas que sus camellos llevaban en el cuello.
27 Entonces
Gedeón hizo un efod sagrado con el oro y lo puso en Ofra, su pueblo natal. Pero
pronto todos los israelitas se prostituyeron al rendir culto a ese efod, el
cual se convirtió en una trampa para Gedeón y su familia.
28 Esa
es la historia de cómo el pueblo de Israel derrotó a Madián, y este nunca se
recuperó. Y hubo paz en la tierra durante el resto de la vida de Gedeón, unos
cuarenta años más.
29 Luego
Gedeón, hijo de Joás, volvió a su casa. 30 Le
nacieron setenta hijos varones, porque tuvo muchas esposas. 31 Además
tuvo una concubina en Siquem que le dio un hijo, a quien él llamó
Abimelec. 32 Gedeón murió muy anciano, y fue
enterrado en la tumba de su padre Joás, en Ofra, en la tierra del clan de
Abiezer.
33 En
cuanto murió Gedeón, los israelitas se prostituyeron al rendir culto a las
imágenes de Baal y al hacer a Baal-berit su dios. 34 Se
olvidaron del Señor su Dios, quien los había rescatado de todos los
enemigos que los rodeaban. 35 Tampoco mostraron
lealtad alguna con la familia de Jerobaal (es decir, Gedeón), a pesar de todo
el bien que él había hecho por Israel.
SALMOS 72
Salmo de Salomón.
72 Oh
Dios, concede al rey tu amor por la justicia,
y da rectitud al hijo del rey.
2 Ayúdale a juzgar correctamente a tu pueblo;
que los pobres siempre reciban un trato imparcial.
3 Que las montañas den prosperidad a todos
y que las colinas sean fructíferas.
4 Ayúdalo a defender al pobre,
a rescatar a los hijos de los necesitados
y a aplastar a sus opresores.
5 Que te teman mientras el sol brille
y mientras la luna permanezca en el cielo;
¡sí, para siempre!
6 Que
el gobierno del rey tenga la frescura de las lluvias de primavera sobre la
hierba recién cortada,
de los aguaceros que riegan la tierra.
7 Que florezcan todos los justos durante su reinado;
que haya prosperidad abundante hasta que la luna deje
de existir.
8 Que reine de mar a mar,
y desde el río Éufrates hasta los extremos de la
tierra.
9 Los nómadas del desierto se inclinarán ante él;
sus enemigos caerán a sus pies sobre el polvo.
10 Los reyes occidentales, de Tarsis y de otras tierras
distantes,
le llevarán tributo.
Los reyes orientales, de Saba y de Seba,
le llevarán regalos.
11 Todos los reyes se inclinarán ante él,
y todas las naciones le servirán.
12 Rescatará
a los pobres cuando a él clamen;
ayudará a los oprimidos, que no tienen quién los
defienda.
13 Él siente compasión por los débiles y los
necesitados,
y los rescatará.
14 Los redimirá de la opresión y la violencia,
porque sus vidas le son preciosas.
15 ¡Viva
el rey!
Que se le entregue el oro de Saba.
Que la gente siempre ore por él
y lo bendiga todo el día.
16 Que haya grano en abundancia por toda la tierra;
que brote aun en la cima de las colinas.
Que los árboles frutales florezcan como los del Líbano
y los habitantes crezcan como la hierba en el campo.
17 Que el nombre del rey permanezca para siempre;
que se perpetúe mientras el sol brille.
Que todas las naciones sean bendecidas por medio de él,
y lo elogien.
18 Alaben
al Señor Dios, el Dios de Israel,
el único que hace semejantes maravillas.
19 ¡Alaben su glorioso nombre por siempre!
Que toda la tierra se llene de su gloria.
¡Amén y amén!
20 (Aquí
terminan las oraciones de David, hijo de Isaí).
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
Un aspecto importante de la lectura de las
narraciones bíblicas es entender la naturaleza del "argumento", es
decir, cómo se organizan las historias en un patrón de conflicto y resolución.
En este video notarás cómo ignorar la secuencia del argumento puede llevar a
una interpretación distorsionada de las historias bíblicas. También analizarás
cómo entender las múltiples capas de la naturaleza de la narrativa puede
ayudarte a ver la historia unificada que nos guía a Jesús. Con este video podrás
ayudarte a ver la vida de Gedeón con mayor precisión.
DIOS NOS ESCUCHA Y PESA LOS CORAZONES
Estimado Lector:
Los capítulos 6, 7 y 8 del libro de Jueces, junto
con el Salmo 72, presentan el proceso de liberación de Israel frente a la
opresión madianita, evidenciando tanto la intervención de Dios como la
condición del corazón humano. La opresión surge como consecuencia de la
desobediencia, generando temor y escasez en el pueblo. En este contexto, Dios
llama a Gedeón, un hombre temeroso, para ejecutar la liberación, demostrando
que su elección no depende de la fortaleza humana, sino de su propósito.
Durante el desarrollo del relato, se observa cómo
Dios confirma su dirección a través de señales, fortaleciendo la fe de Gedeón.
Asimismo, se destaca la reducción del ejército de treinta y dos mil a
trescientos hombres, con el fin de evitar que el pueblo atribuya la victoria a
su propia capacidad. La estrategia empleada en la batalla evidencia que el
resultado depende exclusivamente de la intervención divina, resaltando que la
gloria pertenece únicamente a Dios.
Posteriormente, tras la victoria, se presenta un
cambio en la conducta de Gedeón. Aunque inicialmente actúa con humildad y
dependencia, se evidencian decisiones que afectan al pueblo, como la creación
de un efod que conduce a la idolatría. Este hecho refleja la fragilidad de la
fidelidad humana, incluso después de experimentar la intervención de Dios.
También se pone de manifiesto la ausencia de un liderazgo firme que mantenga al
pueblo alineado con los principios divinos.
En este sentido, el Salmo 72 resalta el ideal de
un liderazgo justo, caracterizado por la rectitud, la justicia y la dependencia
de Dios. Este contraste permite comprender la importancia de mantener un
corazón alineado con la voluntad divina, no solo en los momentos de necesidad,
sino también después de alcanzar logros o victorias.
En conjunto, estos pasajes evidencian que Dios no
solo responde a las necesidades externas, sino que también examina la condición
interna del ser humano. La intervención divina no busca exaltar al individuo,
sino manifestar su poder y afirmar que toda victoria proviene de Él.
Aplicación:
Este mensaje resalta la importancia de mantener
la humildad y la dependencia de Dios en todo momento, especialmente después de
experimentar logros o respuestas favorables. Se evidencia la necesidad de
evitar la autosuficiencia y la idolatría, reconociendo que todo resultado
proviene de Dios. Asimismo, se destaca la importancia de cuidar el corazón,
manteniendo una actitud de gratitud constante. Finalmente, se enfatiza que una
vida alineada con Dios implica reconocer su soberanía en cada proceso, evitando
que el reconocimiento personal desplace la centralidad de su presencia.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”