Abril 09 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 78
1 SAMUEL 1 - 3
Elcana y su familia
1 Había
un hombre llamado Elcana que vivía en Ramá, en la región de Zuf ubicada en
la zona montañosa de Efraín. Era hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu,
hijo de Zuf, de la tribu de Efraín. 2 Elcana tenía
dos esposas: Ana y Penina. Penina tenía hijos, pero Ana no.
3 Cada
año Elcana viajaba a la ciudad de Silo para adorar al Señor de los
Ejércitos Celestiales y ofrecerle sacrificios en el tabernáculo. Los sacerdotes
del Señor en ese tiempo eran los dos hijos de Elí: Ofni y
Finees. 4 Cuando Elcana presentaba su sacrificio,
les daba porciones de esa carne a Penina y a cada uno de sus hijos. 5 Sin
embargo, a Ana, aunque la amaba, solamente le daba una porción selecta porque
el Señor no le había dado hijos. 6 De
manera que Penina se mofaba y se reía de Ana porque el Señor no le
había permitido tener hijos. 7 Año tras año sucedía
lo mismo: Penina se burlaba de Ana mientras iban al tabernáculo. En cada
ocasión, Ana terminaba llorando y ni siquiera quería comer.
8 «¿Por
qué lloras, Ana?—le preguntaba Elcana—. ¿Por qué no comes? ¿Por qué estás
desanimada? ¿Solo por no tener hijos? Me tienes a mí, ¿acaso no es mejor que
tener diez hijos?».
Oración de Ana por un hijo
9 Una
vez, después de comer lo que fue ofrecido como sacrificio en Silo, Ana se
levantó y fue a orar. El sacerdote Elí estaba sentado en su lugar de costumbre
junto a la entrada del tabernáculo. 10 Ana, con una
profunda angustia, lloraba amargamente mientras oraba al Señor 11 e
hizo el siguiente voto: «Oh Señor de los Ejércitos Celestiales, si
miras mi dolor y contestas mi oración y me das un hijo, entonces te lo
devolveré. Él será tuyo durante toda su vida, y como señal de que fue dedicado
al Señor, nunca se le cortará el cabello».
12 Mientras
Ana oraba al Señor, Elí la observaba 13 y la
veía mover los labios. Pero como no oía ningún sonido, pensó que estaba ebria.
14 —¿Tienes
que venir borracha?—le reclamó—. ¡Abandona el vino!
15 —¡Oh
no, señor!—respondió ella—. No he bebido vino ni nada más fuerte. Pero como
estoy muy desanimada, derramaba ante el Señor lo que hay en mi
corazón. 16 ¡No piense que soy una mujer perversa!
Pues he estado orando debido a mi gran angustia y a mi profundo dolor.
17 —En
ese caso—le dijo Elí—, ¡ve en paz! Que el Dios de Israel te conceda lo que le
has pedido.
18 —¡Oh,
muchas gracias!—exclamó ella.
Así que se fue, comenzó a comer de nuevo y ya no
estuvo triste.
Nacimiento y dedicación de Samuel
19 Temprano
a la mañana siguiente, la familia se levantó y una vez más fue a adorar
al Señor. Después regresaron a su casa en Ramá. Ahora bien, cuando Elcana
se acostó con Ana, el Señor se acordó de la súplica de ella, 20 y
a su debido tiempo dio a luz un hijo a quien le puso por nombre Samuel, porque
dijo: «Se lo pedí al Señor».
21 Al
año siguiente, Elcana y su familia hicieron su viaje anual para ofrecer
sacrificio al Señor y para cumplir su voto. 22 Pero
Ana no los acompañó y le dijo a su esposo:
—Esperemos hasta que el niño sea destetado.
Entonces lo llevaré al tabernáculo y lo dejaré allí con el Señor para
siempre.
23 —Haz
lo que mejor te parezca—acordó Elcana—. Quédate aquí por ahora, y que el Señor te
ayude a cumplir tu promesa.
Así que ella se quedó en casa y amamantó al niño
hasta que lo destetó.
24 Cuando
el niño fue destetado, Ana lo llevó al tabernáculo en Silo. Ellos llevaron un
toro de tres años para el sacrificio, una canasta de harina y un poco
de vino. 25 Después de sacrificar el toro, llevaron
al niño a Elí. 26 «Señor, ¿se acuerda de
mí?—preguntó Ana—. Soy aquella misma mujer que estuvo aquí hace varios años
orando al Señor. 27 Le pedí al Señor que
me diera este niño, y él concedió mi petición. 28 Ahora
se lo entrego al Señor, y le pertenecerá a él toda su vida». Y allí ellos
adoraron al Señor.
Oración de alabanza de Ana
2 Luego
Ana oró:
«¡Mi corazón se alegra en el Señor!
El Señor me ha fortalecido.
Ahora tengo una respuesta para mis enemigos;
me alegro porque tú me rescataste.
2 ¡Nadie es santo como el Señor!
Aparte de ti, no hay nadie;
no hay Roca como nuestro Dios.
3 »¡Dejen
de ser tan orgullosos y altaneros!
¡No hablen con tanta arrogancia!
Pues el Señor es un Dios que sabe lo que han hecho;
él juzgará sus acciones.
4 El arco de los poderosos está quebrado,
y los que tropezaban ahora son fuertes.
5 Los que estaban bien alimentados ahora tienen hambre,
y los que se morían de hambre ahora están saciados.
La mujer que no podía tener hijos ahora tiene siete,
y la mujer con muchos hijos se consume.
6 El Señor da tanto la muerte como la vida;
a unos baja a la tumba y a otros levanta.
7 El Señor hace a algunos pobres y a otros
ricos;
a unos derriba y a otros levanta.
8 Él levanta al pobre del polvo
y al necesitado del basurero.
Los pone entre los príncipes
y los coloca en los asientos de honor.
Pues toda la tierra pertenece al Señor,
y él puso en orden el mundo.
9 ȃl
protegerá a sus fieles,
pero los perversos desaparecerán en la oscuridad.
Nadie tendrá éxito solamente por la fuerza.
10 Los que pelean contra
el Señor serán destrozados.
Él retumba contra ellos desde el cielo;
el Señor juzga en toda la tierra.
Él da poder a su rey;
aumenta la fuerza de su ungido».
11 Después
Elcana regresó a su casa en Ramá sin Samuel, y el niño servía al Señor como
ayudante del sacerdote Elí.
Los hijos perversos de Elí
12 Ahora
bien, los hijos de Elí eran unos sinvergüenzas que no le tenían respeto
al Señor 13 ni a sus obligaciones
sacerdotales. Cada vez que alguien ofrecía un sacrificio, los hijos de Elí
enviaban a un sirviente con un tenedor grande de tres dientes. Mientras la
carne del animal sacrificado aún se cocía, 14 el
sirviente metía el tenedor en la olla y exigía que todo lo que sacara con el
tenedor fuera entregado a los hijos de Elí. Así trataban a todos los israelitas
que llegaban a Silo para adorar. 15 Algunas veces
el sirviente llegaba aun antes de que la grasa del animal fuera quemada sobre
el altar. Exigía carne cruda antes de que hubiera sido cocida, para poder
asarla.
16 Si
el hombre que ofrecía el sacrificio respondía: «Toma toda la que quieras, pero
solo después de quemarse la grasa», el sirviente insistía: «No, dámela ahora o
la tomaré por la fuerza». 17 Así que el pecado de
estos jóvenes era muy serio ante los ojos del Señor, porque trataban las
ofrendas del Señor con desprecio.
18 Pero
Samuel, aunque era solo un niño, servía al Señor; vestía una túnica de
lino como la del sacerdote. 19 Cada año su madre le
hacía un pequeño abrigo y se lo llevaba cuando iba con su esposo para el
sacrificio. 20 Antes de que ellos regresaran a su
casa, Elí bendecía a Elcana y a su esposa diciendo: «Que el Señor les
dé otros hijos para que tomen el lugar de este que ella entregó al Señor». 21 Entonces
el Señor bendijo a Ana, y ella concibió y dio a luz tres hijos y dos
hijas. Entre tanto, Samuel crecía en la presencia del Señor.
22 Ahora
bien, Elí era muy viejo, pero estaba consciente de lo que sus hijos le hacían
al pueblo de Israel. Por ejemplo, sabía que sus hijos seducían a las jóvenes
que ayudaban a la entrada del tabernáculo. 23 Elí
les dijo: «He oído lo que la gente dice acerca de las cosas perversas que
ustedes hacen. ¿Por qué siguen pecando? 24 ¡Basta,
hijos míos! Los comentarios que escucho del pueblo del Señor no son
buenos. 25 Si alguien peca contra otra persona,
Dios puede mediar por el culpable. Pero si alguien peca contra el Señor,
¿quién podrá interceder?». Sin embargo, los hijos de Elí no hicieron caso a su
padre, porque el Señor ya había decidido quitarles la vida.
26 Mientras
tanto, el niño Samuel crecía en estatura física y en el favor del Señor y
en el de toda la gente.
Advertencia para la familia de Elí
27 Cierto
día un hombre de Dios vino a Elí y le dio el siguiente mensaje del Señor:
«Yo me revelé a tus antepasados cuando eran esclavos del faraón en
Egipto. 28 Elegí a tu antepasado Aarón de
entre todas las tribus de Israel para que fuera mi sacerdote, ofreciera
sacrificios sobre mi altar, quemara incienso y vistiera el chaleco sacerdotal, cuando
me servía. Y les asigné las ofrendas de los sacrificios a ustedes, los
sacerdotes. 29 Entonces, ¿por qué menosprecian mis
sacrificios y ofrendas? ¿Por qué les das más honor a tus hijos que a mí? ¡Pues
tú y ellos han engordado con lo mejor de las ofrendas de mi pueblo Israel!
30 »Por
lo tanto, el Señor, Dios de Israel, dice: prometí que los de tu rama de la
tribu de Leví me servirían siempre como sacerdotes. Sin embargo, honraré a
los que me honran y despreciaré a los que me menosprecian. 31 Llegará
el tiempo cuando pondré fin a tu familia para que ya no me sirva en el
sacerdocio. Todos los miembros de tu familia morirán antes de tiempo; ninguno
llegará a viejo. 32 Con envidia mirarás cuando
derrame prosperidad sobre el pueblo de Israel, pero ningún miembro de tu
familia jamás cumplirá sus días. 33 Los pocos que
no sean excluidos de servir en mi altar sobrevivirán, pero solamente para que
sus ojos queden ciegos y se les rompa el corazón, y sus hijos morirán de muerte
violenta. 34 Y para comprobar que lo que dije se
hará realidad, ¡haré que tus dos hijos, Ofni y Finees, mueran el mismo día!
35 »Entonces
levantaré a un sacerdote fiel, quien me servirá y hará lo que yo deseo.
Estableceré para él una descendencia duradera, y ellos serán por siempre
sacerdotes para mis reyes ungidos. 36 Así pues,
todos los que sobrevivan de tu familia se inclinarán ante él, mendigando dinero
y comida. Dirán: “Le rogamos que nos dé trabajo entre los sacerdotes para que
tengamos suficiente para comer”».
El Señor habla a Samuel
3 Mientras
tanto, el niño Samuel servía al Señor ayudando a Elí. Ahora bien, en
esos días los mensajes del Señor eran muy escasos y las visiones eran
poco comunes.
2 Una
noche, Elí, que para entonces estaba casi ciego, ya se había acostado. 3 La
lámpara de Dios aún no se había apagado, y Samuel estaba dormido en el
tabernáculo cerca del arca de Dios. 4 De
pronto el Señor llamó:
—¡Samuel!
—Sí—respondió Samuel—. ¿Qué quiere?
5 Se
levantó y corrió hasta donde estaba Elí.
—Aquí estoy. ¿Me llamó usted?
—Yo no te llamé—dijo Elí—. Vuelve a la cama.
Entonces, Samuel se volvió a acostar. 6 Luego,
el Señor volvió a llamar:
—¡Samuel!
Nuevamente Samuel se levantó y fue a donde estaba
Elí.
—Aquí estoy. ¿Me llamó usted?
—Yo no te llamé, hijo mío—respondió Elí—. Vuelve
a la cama.
7 Samuel
todavía no conocía al Señor, porque nunca antes había recibido un mensaje
de él. 8 Así que el Señor llamó por
tercera vez, y una vez más Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí.
—Aquí estoy. ¿Me llamó usted?
En ese momento Elí se dio cuenta de que era
el Señor quien llamaba al niño. 9 Entonces
le dijo a Samuel:
—Ve y acuéstate de nuevo y, si alguien vuelve a
llamarte, di: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.
Así que Samuel volvió a su cama. 10 Y
el Señor vino y llamó igual que antes:
—¡Samuel! ¡Samuel!
Y Samuel respondió:
—Habla, que tu siervo escucha.
11 Entonces
el Señor le dijo a Samuel:
—Estoy por hacer algo espantoso en Israel. 12 Llevaré
a cabo todas mis amenazas contra Elí y su familia, de principio a fin. 13 Le
advertí que viene juicio sobre su familia para siempre, porque sus hijos
blasfeman a Dios y él no los ha disciplinado. 14 Por
eso juré que los pecados de Elí y los de sus hijos jamás serán perdonados ni
por medio de sacrificios ni ofrendas.
Samuel, vocero del Señor
15 Entonces
Samuel se quedó en la cama hasta la mañana; luego se levantó y abrió las
puertas del tabernáculo, como de costumbre. Tenía miedo de contarle a Elí
lo que el Señor le había dicho. 16 Pero
Elí lo llamó:
—Samuel, hijo mío.
—Aquí estoy—respondió Samuel.
17 —¿Qué
te dijo el Señor? Dímelo todo. ¡Y que el Señor te castigue, y
aun te mate, si me ocultas algo!
18 Entonces
Samuel le contó todo a Elí; no le ocultó nada.
—Es la voluntad del Señor—respondió Elí—.
Que él haga lo que mejor le parezca.
19 El Señor estaba
con Samuel mientras crecía, y todo lo que Samuel decía se cumplía. 20 Entonces
todo Israel, desde Dan en el norte hasta Beerseba en el sur, supo que Samuel
había sido confirmado como profeta del Señor. 21 El Señor siguió
apareciéndose en Silo y le daba mensajes a Samuel allí en el tabernáculo.
SALMOS 78
Salmo de Asaf.
78 Oh
pueblo mío, escucha mis enseñanzas;
abre tus oídos a lo que digo,
2 porque te hablaré por medio de
una parábola.
Te enseñaré lecciones escondidas de nuestro pasado,
3 historias que hemos oído y
conocido,
que nos transmitieron nuestros antepasados.
4 No les ocultaremos estas verdades a nuestros hijos;
a la próxima generación le contaremos
de las gloriosas obras del Señor,
de su poder y de sus imponentes maravillas.
5 Pues emitió sus leyes a Jacob;
entregó sus enseñanzas a Israel.
Les ordenó a nuestros antepasados
que se las enseñaran a sus hijos,
6 para que la siguiente generación las conociera
—incluso los niños que aún no habían nacido—,
y ellos, a su vez, las enseñarán a sus propios hijos.
7 De modo que cada generación volviera a poner su
esperanza en Dios
y no olvidara sus gloriosos milagros,
sino que obedeciera sus mandamientos.
8 Entonces no serán obstinados, rebeldes e infieles
como sus antepasados,
quienes se negaron a entregar su corazón a Dios.
9 Los
guerreros de Efraín, aunque estaban armados con arcos,
dieron la espalda y huyeron el día de la batalla.
10 No cumplieron el pacto de Dios
y se negaron a vivir según sus enseñanzas.
11 Se olvidaron de lo que él había hecho,
de las grandes maravillas que les había mostrado,
12 de los milagros que hizo para sus antepasados
en la llanura de Zoán, en la tierra de Egipto.
13 Partió en dos el mar y los guio a cruzarlo
¡mientras sostenía las aguas como si fueran una pared!
14 Durante el día los guiaba con una nube,
y toda la noche, con una columna de fuego.
15 Partió las rocas en el desierto para darles agua
como de un manantial burbujeante.
16 Hizo que de la roca brotaran corrientes de agua,
¡y que el agua fluyera como un río!
17 Sin
embargo, ellos siguieron pecando contra él,
al rebelarse contra el Altísimo en el desierto.
18 Tercamente pusieron a prueba a Dios en sus corazones,
al exigirle la comida que tanto ansiaban.
19 Hasta hablaron en contra de Dios al decir:
«Dios no puede darnos comida en el desierto.
20 Por cierto, puede golpear una roca para que brote
agua,
pero no puede darle pan y carne a su pueblo».
21 Cuando el Señor los oyó, se puso furioso;
el fuego de su ira se encendió contra Jacob.
Sí, su enojo aumentó contra Israel,
22 porque no le creyeron a Dios
ni confiaron en su cuidado.
23 Pero él ordenó que se abrieran los cielos;
abrió las puertas del cielo.
24 Hizo que lloviera maná para que comieran;
les dio pan del cielo.
25 ¡Se alimentaron con comida de ángeles!
Dios les dio todo lo que podían consumir.
26 Soltó el viento del oriente en los cielos
y guio al viento del sur con su gran poder.
27 ¡Hizo llover tanta carne como si fuera polvo
y cantidad de aves como la arena a la orilla del mar!
28 Hizo caer las aves dentro del campamento
y alrededor de sus carpas.
29 El pueblo comió hasta saciarse;
él les dio lo que se les antojaba.
30 Pero antes de que saciaran su antojo,
mientras aún tenían la comida en la boca,
31 la ira de Dios aumentó contra ellos,
e hirió de muerte a sus hombres más fuertes;
derribó a los mejores jóvenes de Israel.
32 Sin
embargo, el pueblo siguió pecando;
a pesar de sus maravillas, se negaron a confiar en él.
33 Entonces, hizo que la vida de ellos terminara en
fracaso,
y sus años, en horror.
34 Cuando Dios comenzó a matarlos,
finalmente lo buscaron.
Se arrepintieron y tomaron en serio a Dios.
35 Entonces recordaron que Dios era su roca,
que el Dios Altísimo era su redentor.
36 Pero todo fue de dientes para afuera;
le mintieron con la lengua.
37 Con el corazón no eran leales a él;
no cumplieron su pacto.
38 Sin embargo, él tuvo misericordia y perdonó sus
pecados,
y no los destruyó a todos.
Muchas veces contuvo su enojo
y no desató su furia.
39 Se acordó de que eran simples mortales
que desaparecen como una ráfaga de viento que nunca
vuelve.
40 Oh,
cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto
y entristecieron su corazón en esa tierra seca y
baldía.
41 Una y otra vez pusieron a prueba la paciencia de Dios
y provocaron al Santo de Israel.
42 No se acordaron de su poder
ni de cómo los rescató de sus enemigos.
43 No recordaron las señales milagrosas que hizo en
Egipto
ni sus maravillas en la llanura de Zoán.
44 Pues él convirtió los ríos en sangre,
para que nadie pudiera beber de los arroyos.
45 Envió grandes enjambres de moscas para que los
consumieran
y miles de ranas para que los arruinaran.
46 Les dio sus cultivos a las orugas;
las langostas consumieron sus cosechas.
47 Destruyó sus vides con granizo
y destrozó sus higueras con aguanieve.
48 Dejó su ganado a merced del granizo,
sus animales, abandonados a los rayos.
49 Desató sobre ellos su ira feroz,
toda su furia, su enojo y hostilidad.
Envió contra ellos
a un grupo de ángeles destructores.
50 Se enfureció contra ellos;
no perdonó la vida de los egipcios,
sino que los devastó con plagas.
51 Mató al hijo mayor de cada familia egipcia,
la flor de la juventud en toda la tierra de Egipto.
52 Pero guio a su propio pueblo como a un rebaño de
ovejas;
los condujo a salvo a través del desierto.
53 Los protegió para que no tuvieran temor;
en cambio, sus enemigos quedaron cubiertos por el mar.
54 Los llevó a la frontera de la tierra santa,
a la tierra de colinas que había conquistado para
ellos.
55 A su paso expulsó a las naciones de esa tierra,
la cual repartió por sorteo a su pueblo como herencia
y estableció a las tribus de Israel en sus hogares.
56 Pero
ellos siguieron tentando al Dios Altísimo y rebelándose contra él;
no obedecieron sus leyes.
57 Le dieron la espalda y fueron tan infieles como sus
padres;
eran tan poco fiables como un arco torcido.
58 Hicieron enojar a Dios al construir santuarios a
otros dioses;
con sus ídolos lo pusieron celoso.
59 Cuando Dios los oyó, se enojó mucho,
y rechazó a Israel por completo.
60 Entonces abandonó su morada en Silo,
el tabernáculo donde había vivido en medio de su
pueblo.
61 Permitió que el arca de su poder fuera capturada;
cedió su gloria a manos enemigas.
62 Entregó a su pueblo para que los masacraran a espada,
porque estaba muy enojado con su propio pueblo, su
posesión más preciada.
63 A los jóvenes los mataron con fuego;
las muchachas murieron antes de entonar sus canciones
de boda.
64 Masacraron a los sacerdotes,
y sus viudas no pudieron llorar su muerte.
65 Entonces
el Señor se levantó como si despertara de un sueño,
como un guerrero que vuelve en sí de una borrachera.
66 Derrotó a sus enemigos en forma aplastante
y los mandó a la vergüenza eterna.
67 Pero rechazó a los descendientes de José;
no escogió a la tribu de Efraín.
68 En cambio, eligió a la tribu de Judá,
y al monte Sion, al cual amaba.
69 Allí construyó su santuario tan alto como los cielos,
tan sólido y perdurable como la tierra.
70 Escogió a su siervo David
y lo llamó del redil.
71 Tomó a David de donde cuidaba a las ovejas y a los
corderos
y lo convirtió en pastor de los descendientes de Jacob:
de Israel, el pueblo de Dios.
72 Lo cuidó con sinceridad de corazón
y lo dirigió con manos diestras.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
En 1 Samuel, Dios, con desagrado levanta reyes
para gobernar a los israelitas. El primero es un fracaso, y el segundo, David,
es un sustituto fiel.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”