Abril 13 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 82
1 SAMUEL 15 - 17
Saúl derrota a los amalecitas
15 Cierto
día, Samuel le dijo a Saúl: «Fue el Señor quien me dijo que te
ungiera como rey de su pueblo, Israel. ¡Ahora escucha este mensaje del Señor! 2 Esto
es lo que el Señor de los Ejércitos Celestiales ha declarado: “He
decidido ajustar cuentas con la nación de Amalec por oponerse a Israel cuando
salió de Egipto. 3 Ve ahora y destruye por completo a
toda la nación amalecita: hombres, mujeres, niños, recién nacidos, ganado,
ovejas, cabras, camellos y burros”».
4 Entonces
Saúl movilizó a su ejército en Telaim. Eran doscientos mil soldados de Israel y
diez mil hombres de Judá. 5 Después Saúl y su
ejército fueron a una ciudad de los amalecitas y se pusieron al acecho en el
valle. 6 Saúl envió esta advertencia a los ceneos:
«Apártense de donde viven los amalecitas o morirán junto con ellos. Pues
ustedes fueron bondadosos con el pueblo de Israel cuando salió de Egipto». Así
que los ceneos empacaron sus cosas y se fueron.
7 Luego
Saúl mató a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, al oriente de
Egipto. 8 Capturó a Agag, el rey amalecita, pero
destruyó por completo a todos los demás. 9 Saúl y
sus hombres le perdonaron la vida a Agag y se quedaron con lo mejor de las
ovejas y las cabras, del ganado, de los becerros gordos y de los corderos; de
hecho, con todo lo que les atrajo. Solo destruyeron lo que no tenía valor o que
era de mala calidad.
El Señor rechaza a Saúl
10 Luego
el Señor le dijo a Samuel: 11 «Lamento
haber hecho a Saúl rey, porque no me ha sido leal y se ha negado a obedecer mi
mandato». Al oírlo, Samuel se conmovió tanto que clamó al Señor durante
toda la noche.
12 Temprano
a la mañana siguiente Samuel fue a buscar a Saúl. Alguien le dijo: «Saúl fue a
la ciudad de Carmelo a levantar un monumento en su propio honor y después
continuó a Gilgal».
13 Cuando
por fin Samuel lo encontró, Saúl lo saludó con alegría.
—Que el Señor te bendiga—le dijo—.
Llevé a cabo el mandato del Señor.
14 —Entonces,
¿qué es todo ese balido de ovejas y cabras, y ese mugido de ganado que oigo?—le
preguntó Samuel.
15 —Es
cierto que los soldados dejaron con vida lo mejor de las ovejas, las cabras y
el ganado—admitió Saúl—, pero van a sacrificarlos al Señor tu Dios.
Hemos destruido todo lo demás.
16 Entonces
Samuel le dijo a Saúl:
—¡Basta! ¡Escucha lo que el Señor me
dijo anoche!
—¿Qué te dijo?—preguntó Saúl.
17 Y
Samuel le dijo:
—Aunque te tengas en poca estima, ¿acaso no eres
el líder de las tribus de Israel? El Señor te ungió como rey de
Israel, 18 te envió en una misión y te dijo: “Ve y
destruye por completo a los pecadores—a los amalecitas—hasta que todos estén
muertos”. 19 ¿Por qué no obedeciste al Señor?
¿Por qué te apuraste a tomar del botín y a hacer lo que es malo a los ojos
del Señor?
20 —¡Pero
yo sí obedecí al Señor!—insistió Saúl—. ¡Cumplí la misión que él me
encargó! Traje al rey Agag, pero destruí a todos los demás. 21 Entonces
mis tropas llevaron lo mejor de las ovejas, de las cabras, del ganado y del
botín para sacrificarlos al Señor tu Dios en Gilgal.
22 Pero
Samuel respondió:
—¿Qué es lo que más le agrada al Señor:
tus ofrendas quemadas y sacrificios,
o que obedezcas a su voz?
¡Escucha! La obediencia es mejor que el sacrificio,
y la sumisión es mejor que ofrecer la grasa de
carneros.
23 La rebelión es tan pecaminosa como la hechicería,
y la terquedad, tan mala como rendir culto a ídolos.
Así que, por cuanto has rechazado el mandato del Señor,
él te ha rechazado como rey.
Saúl implora perdón
24 Entonces
Saúl le confesó a Samuel:
—Es cierto, he pecado. He desobedecido tus
instrucciones y el mandato del Señor, porque tuve miedo del pueblo y por
eso hice lo que ellos me pidieron. 25 Pero ahora,
por favor, perdona mi pecado y regresa conmigo para que pueda adorar al Señor.
26 Pero
Samuel respondió:
—¡No volveré contigo! Ya que tú rechazaste el
mandato del Señor, él te ha rechazado como rey de Israel.
27 Cuando
Samuel se dio vuelta para irse, Saúl trató de detenerlo y rasgó el borde de su
túnica. 28 Entonces Samuel le dijo:
—Hoy el Señor te ha arrancado el reino
de Israel y se lo ha dado a otro: a uno que es mejor que tú. 29 Y
aquel que es la Gloria de Israel, no mentirá ni cambiará de parecer porque no
es humano para que cambie de parecer.
30 Entonces
Saúl volvió a implorar:
—Sé que he pecado. Pero al menos te ruego que me
honres ante los ancianos de mi pueblo y ante Israel al volver conmigo para que
adore al Señor tu Dios.
31 Entonces
Samuel por fin accedió y regresó con él, y Saúl adoró al Señor.
Samuel ejecuta al rey Agag
32 Luego
Samuel dijo:
—Tráiganme al rey Agag.
Agag llegó lleno de esperanza, porque pensó:
«¡Seguramente ya pasó lo peor, y he sido librado de la muerte!». 33 Pero
Samuel le dijo:
—Como tu espada ha matado a los hijos de muchas
madres, ahora tu madre se quedará sin hijos.
Y Samuel cortó a Agag en pedazos delante
del Señor en Gilgal.
34 Después
Samuel fue a su casa en Ramá, y Saúl regresó a su casa en Guibeá de Saúl. 35 Samuel
nunca más volvió a ver a Saúl, pero lloraba por él constantemente. Y el Señor se
lamentó de haber hecho a Saúl rey de Israel.
Samuel unge a David como rey
16 Ahora
bien, el Señor le dijo a Samuel:
—Ya has hecho suficiente duelo por Saúl. Lo he
rechazado como rey de Israel, así que llena tu frasco con aceite de oliva y ve
a Belén. Busca a un hombre llamado Isaí que vive allí, porque he elegido a uno
de sus hijos para que sea mi rey.
2 Pero
Samuel le preguntó:
—¿Cómo puedo hacerlo? Si Saúl llega a enterarse,
me matará.
—Lleva contigo una novilla—le contestó el Señor—y
di que has venido para ofrecer un sacrificio al Señor. 3 Invita
a Isaí al sacrificio, y te mostraré a cuál de sus hijos ungirás para mí.
4 Así
que Samuel hizo como el Señor le indicó. Cuando llegó a Belén, los
ancianos del pueblo salieron a su encuentro temblando.
—¿Qué pasa?—le preguntaron—. ¿Vienes en son de
paz?
5 —Sí—contestó
Samuel—, vine para ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan
conmigo al sacrificio.
Luego Samuel realizó el rito de purificación para
Isaí y sus hijos y también los invitó al sacrificio.
6 Cuando
llegaron, Samuel se fijó en Eliab y pensó: «¡Seguramente este es el ungido
del Señor!».
7 Pero
el Señor le dijo a Samuel:
—No juzgues por su apariencia o por su estatura,
porque yo lo he rechazado. El Señor no ve las cosas de la manera en
que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira
el corazón.
8 Entonces
Isaí le dijo a su hijo Abinadab que caminara delante de Samuel. Pero Samuel
dijo:
—Este no es el que el Señor ha elegido.
9 Después
Isaí llamó a Simea, pero Samuel dijo:
—Tampoco es este a quien el Señor ha
elegido.
10 De
la misma manera, Isaí le presentó sus siete hijos a Samuel. Pero Samuel le
dijo:
—El Señor no ha elegido a ninguno de
ellos.
11 Después
Samuel preguntó:
—¿Son estos todos los hijos que tienes?
—Queda todavía el más joven—contestó Isaí—. Pero
está en el campo cuidando las ovejas y las cabras.
—Manda llamarlo de inmediato—dijo Samuel—. No nos
sentaremos a comer hasta que él llegue.
12 Entonces
Isaí mandó a buscarlo. El joven era trigueño y apuesto, y de hermosos ojos.
Y el Señor dijo:
—Este es, úngelo.
13 Al
estar David de pie entre sus hermanos, Samuel tomó el frasco de aceite de oliva
que había traído y ungió a David con el aceite. Y el Espíritu del Señor vino
con gran poder sobre David a partir de ese día. Luego Samuel regresó a Ramá.
David sirve en la corte de Saúl
14 Ahora
bien, el Espíritu del Señor se había apartado de Saúl, y el Señor envió
un espíritu atormentador.
15 Algunos
de los siervos de Saúl le dijeron:
—Un espíritu atormentador de parte de Dios te
está afligiendo. 16 Busquemos a un buen músico para
que toque el arpa cada vez que el espíritu atormentador te aflija. Tocará
música relajante, y dentro de poco estarás bien.
17 —Me
parece bien—dijo Saúl—. Búsquenme a alguien que toque bien y tráiganlo aquí.
18 Entonces
un siervo le dijo a Saúl:
—Uno de los hijos de Isaí de Belén tiene mucho
talento para tocar el arpa. No solo eso, es un guerrero valiente, un hombre de
guerra y de buen juicio. También es un joven bien parecido y el Señor está
con él.
19 Entonces
Saúl mandó mensajeros a Isaí para decirle: «Envíame a tu hijo David, el
pastor». 20 Isaí hizo caso y envió a su hijo David
a Saúl, junto con un cabrito, un burro cargado de pan y un cuero lleno de vino.
21 Así
que David llegó a donde estaba Saúl y quedó a su servicio. Saúl llegó a
apreciar mucho a David, y el joven se convirtió en su escudero.
22 Luego
Saúl mandó un recado a Isaí con una petición: «Por favor, permite que David
quede a mi servicio, porque me simpatiza mucho».
23 Y
cada vez que el espíritu atormentador de parte de Dios afligía a Saúl, David
tocaba el arpa. Entonces Saúl se sentía mejor, y el espíritu atormentador se
iba.
Goliat desafía a los israelitas
17 Los
filisteos reunieron su ejército para la batalla y acamparon en Efes-damim, que
queda entre Soco en Judá y Azeca. 2 Saúl respondió
reuniendo a las tropas israelitas cerca del valle de Ela. 3 De
modo que los filisteos y los israelitas quedaron frente a frente en montes
opuestos, separados por el valle.
4 Luego
Goliat, un campeón filisteo de Gat, salió de entre las filas de los filisteos
para enfrentarse a las fuerzas de Israel. ¡Medía casi tres metros de
altura! 5 Llevaba un casco de bronce y su cota de
malla, hecha de bronce, pesaba cincuenta y siete kilos. 6 También
tenía puestos protectores de bronce en las piernas y llevaba una jabalina de
bronce sobre el hombro. 7 El asta de su lanza era
tan pesada y gruesa como un rodillo de telar, con una punta de hierro que
pesaba casi siete kilos. Su escudero iba delante de él.
8 Entonces
Goliat se detuvo y gritó mofándose de los israelitas: «¿Por qué salen todos
ustedes a pelear? Yo soy el campeón filisteo, pero ustedes no son más que
siervos de Saúl. ¡Elijan a un hombre para que venga aquí a pelear
conmigo! 9 Si me mata, entonces seremos sus
esclavos; pero si yo lo mato a él, ¡ustedes serán nuestros esclavos! 10 ¡Hoy
desafío a los ejércitos de Israel! ¡Envíenme a un hombre que me
enfrente!». 11 Cuando Saúl y los israelitas lo
escucharon, quedaron aterrados y profundamente perturbados.
Isaí envía a David al campamento de
Saúl
12 Ahora
bien, David era hijo de un hombre llamado Isaí, un efrateo de Belén, en la
tierra de Judá. En ese tiempo Isaí era anciano y tenía ocho hijos. 13 Sus
tres hijos mayores—Eliab, Abinadab y Simea—ya se habían unido al ejército de
Saúl para pelear contra los filisteos. 14 David era
el menor de los hijos. Sus tres hermanos mayores se quedaron con el ejército de
Saúl, 15 pero David iba y venía para ayudar a su
padre con las ovejas en Belén.
16 Durante
cuarenta días, cada mañana y cada tarde, el campeón filisteo se paseaba dándose
aires delante del ejército israelita.
17 Un
día, Isaí le dijo a David: «Toma esta canasta de grano tostado y estos
diez panes, y llévaselos de prisa a tus hermanos. 18 Y
dale estos diez pedazos de queso a su capitán. Averigua cómo están tus hermanos
y tráeme un informe de cómo les va». 19 Los
hermanos de David estaban con Saúl y el ejército israelita en el valle de Ela,
peleando contra los filisteos.
20 Así
que temprano a la mañana siguiente, David dejó las ovejas al cuidado de otro
pastor y salió con los regalos, como Isaí le había indicado. Llegó al
campamento justo cuando el ejército de Israel salía al campo de batalla dando
gritos de guerra. 21 Poco tiempo después las
fuerzas israelitas y filisteas quedaron frente a frente, ejército contra
ejército. 22 David dejó sus cosas con el hombre que
guardaba las provisiones y se apresuró a ir hacia las filas para saludar a sus
hermanos. 23 Mientras hablaba con ellos, Goliat, el
campeón filisteo de Gat, salió de entre las tropas filisteas. En ese momento,
David lo escuchó gritar sus ya acostumbradas burlas al ejército de Israel.
24 Tan
pronto como las tropas israelitas lo vieron, comenzaron a huir espantadas.
25 —¿Ya
vieron al gigante?—preguntaban los hombres—. Sale cada día a desafiar a Israel.
El rey ha ofrecido una enorme recompensa a cualquiera que lo mate. ¡A ese
hombre le dará una de sus hijas como esposa y toda su familia quedará exonerada
de pagar impuestos!
26 David
les preguntó a los soldados que estaban cerca de él:
—¿Qué recibirá el hombre que mate al filisteo y
ponga fin a su desafío contra Israel? Y a fin de cuentas, ¿quién es este
filisteo pagano, al que se le permite desafiar a los ejércitos del Dios
viviente?
27 Estos
hombres le dieron a David la misma respuesta. Le dijeron:
—Efectivamente, esa es la recompensa por matarlo.
28 Pero
cuando Eliab, el hermano mayor de David, lo oyó hablar con los hombres, se
enojó.
—¿Qué estás haciendo aquí?—le reclamó—. ¿Qué pasó
con esas pocas ovejas que se supone que deberías estar cuidando? Conozco tu
orgullo y tu engaño. ¡Solo quieres ver la batalla!
29 —¿Qué
hice ahora?—contestó David—. ¡Solo hacía una pregunta!
30 Entonces
caminó hacia otros y les preguntó lo mismo, y recibió la misma respuesta. 31 Entonces
le contaron a Saúl la pregunta de David, y el rey mandó llamarlo.
David mata a Goliat
32 —No
se preocupe por este filisteo—le dijo David a Saúl—. ¡Yo iré a pelear contra
él!
33 —¡No
seas ridículo!—respondió Saúl—. ¡No hay forma de que tú puedas pelear contra
ese filisteo y ganarle! Eres tan solo un muchacho, y él ha sido un hombre de
guerra desde su juventud.
34 Pero
David insistió:
—He estado cuidando las ovejas y las cabras de mi
padre. Cuando un león o un oso viene para robar un cordero del rebaño, 35 yo
lo persigo con un palo y rescato el cordero de su boca. Si el animal me ataca,
lo tomo de la quijada y lo golpeo hasta matarlo. 36 Lo
he hecho con leones y con osos, y lo haré también con este filisteo pagano,
¡porque ha desafiado a los ejércitos del Dios viviente! 37 ¡El
mismo Señor que me rescató de las garras del león y del oso me
rescatará de este filisteo!
Así que Saúl por fin accedió:
—Está bien, adelante. ¡Y que el Señor esté
contigo!
38 Después
Saúl le dio a David su propia armadura: un casco de bronce y una cota de
malla. 39 David se los puso, se ciñó la espada y
probó dar unos pasos porque nunca antes se había vestido con algo semejante.
—No puedo andar con todo esto—le dijo a Saúl—. No
estoy acostumbrado a usarlo.
Así que David se lo quitó. 40 Tomó
cinco piedras lisas de un arroyo y las metió en su bolsa de pastor. Luego,
armado únicamente con su vara de pastor y su honda, comenzó a cruzar el valle
para luchar contra el filisteo.
41 Goliat
caminaba hacia David con su escudero delante de él, 42 mirando
con desdén al muchacho de mejillas sonrosadas.
43 —¿Soy
acaso un perro—le rugió a David—para que vengas contra mí con un palo?
Y maldijo a David en nombre de sus dioses.
44 —¡Ven
aquí, y les daré tu carne a las aves y a los animales salvajes!—gritó Goliat.
45 David
le respondió al filisteo:
—Tú vienes contra mí con espada, lanza y
jabalina, pero yo vengo contra ti en nombre del Señor de los
Ejércitos Celestiales, el Dios de los ejércitos de Israel, a quien tú has
desafiado. 46 Hoy el Señor te
conquistará, y yo te mataré y te cortaré la cabeza. Y luego daré los cadáveres
de tus hombres a las aves y a los animales salvajes, ¡y todo el mundo sabrá que
hay un Dios en Israel! 47 Todos los que están aquí
reunidos sabrán que el Señor rescata a su pueblo, pero no con espada
ni con lanza. ¡Esta es la batalla del Señor, y los entregará a ustedes en
nuestras manos!
48 Cuando
Goliat se acercó para atacarlo, David fue corriendo para enfrentarse con
él. 49 Metió la mano en su bolsa de pastor, sacó
una piedra, la lanzó con su honda y golpeó al filisteo en la frente. La piedra
se le incrustó allí y Goliat se tambaleó y cayó de cara al suelo.
50 Así
David triunfó sobre el filisteo con solo una honda y una piedra, porque no
tenía espada. 51 Después David corrió y sacó de su
vaina la espada de Goliat y la usó para matarlo y cortarle la cabeza.
Israel derrota a los filisteos
Cuando los filisteos vieron que su campeón estaba
muerto, se dieron la vuelta y huyeron. 52 Así que
los hombres de Israel y Judá dieron un gran grito de triunfo y corrieron tras
los filisteos, persiguiéndolos tan lejos como Gat y hasta las puertas de
Ecrón. Los cuerpos de los filisteos muertos y heridos estuvieron esparcidos a
lo largo del camino de Saaraim, hasta Gat y Ecrón. 53 Luego
el ejército de Israel regresó y saqueó el campamento abandonado de los
filisteos. 54 (David llevó la cabeza del filisteo a
Jerusalén, pero guardó la armadura en su propia carpa).
55 Al
observar a David pelear contra el filisteo, Saúl le preguntó a Abner, el
comandante de su ejército:
—Abner, ¿quién es el padre de este muchacho?
—En realidad no lo sé—declaró Abner.
56 —Bueno,
¡averigua quién es! —le dijo el rey.
57 Tan
pronto como David regresó de matar a Goliat, Abner lo llevó ante Saúl con la
cabeza del filisteo todavía en la mano.
58 —Dime
quién es tu padre, muchacho—le dijo Saúl.
—Su nombre es Isaí, y vivimos en Belén—contestó
David.
SALMOS 82
Salmo de Asaf.
82 Dios
preside la corte de los cielos;
pronuncia juicio en medio de los seres celestiales:
2 «¿Hasta cuándo dictarán decisiones injustas
que favorecen a los malvados? Interludio
3 »Hagan
justicia al pobre y al huérfano;
defiendan los derechos de los oprimidos y de los
desposeídos.
4 Rescaten al pobre y al indefenso;
líbrenlos de las garras de los malvados.
5 Pero esos opresores no saben nada;
¡son tan ignorantes!
Andan errantes en la oscuridad
mientras el mundo entero se estremece hasta los
cimientos.
6 Yo digo: “Ustedes son dioses;
son todos hijos del Altísimo.
7 Pero morirán como simples mortales
y caerán como cualquier otro gobernante”».
8 Levántate,
oh Dios, y juzga a la tierra,
porque todas las naciones te pertenecen.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
Cuando Israel se convierte en una nación, su
sacerdocio ya está totalmente corrompido. Así que el pueblo pide un rey que les
dirija y Dios unge a David. En este video exploraras el papel de David como rey
sacerdotal y su fracaso a la hora de estar a la altura de esta vocación. La
historia de David apunta, en última instancia, a la llegada de Jesús, el
verdadero sacerdote real que traerá las bendiciones del Edén y devolverá a los
humanos su vocación divina.
LA FE DERRIBA GIGANTES
Estimado lector:
Los capítulos 15, 16 y 17 de 1 Samuel, junto con el
Salmo 82, presentan un contraste claro entre la desobediencia y la fe,
evidenciando cómo la relación con Dios determina el rumbo de la vida y el
cumplimiento de su propósito.
En 1 Samuel 15 se relata la obediencia parcial de
Saúl, quien cumple solo una parte de la orden divina de castigar a Amalec. Esta
actitud es considerada desobediencia, lo que trae como consecuencia su rechazo
como rey. Este hecho marca un punto de quiebre, donde se establece que Dios no
aprueba una obediencia incompleta y, por ello, decide levantar a un nuevo rey
de una familia y tribu distinta.
En 1 Samuel 16, Dios envía a Samuel a Belén para
ungir a David. Desde ese momento, el Espíritu de Dios viene sobre él, en
contraste con Saúl, de quien se aparta. A pesar de esto, David sirve a Saúl
tocando el arpa, brindándole alivio en medio de su tormento. Este pasaje
resalta la elección divina basada en el corazón y no en las apariencias, así
como la disposición de servicio de David.
En 1 Samuel 17 se presenta la victoria de David
sobre Goliat. Este evento destaca la fe de David, fruto de una relación íntima
con Dios, en contraste con el temor de Saúl y del ejército de Israel. La
victoria no se atribuye a la capacidad humana, sino a la intervención divina,
evidenciando que es Dios quien concede el triunfo.
Por otra parte, el Salmo 82 expone el juicio de
Dios sobre los jueces injustos, quienes son confrontados por su falta de
rectitud. Este salmo refuerza la idea de que Dios demanda justicia y que toda
autoridad está sujeta a su juicio.
Aplicación:
Estos pasajes enseñan que la obediencia parcial
equivale a desobediencia, y que una relación genuina con Dios produce fe,
confianza y dirección. Se resalta que conocer a Dios de manera profunda conduce
a escucharlo y obedecerlo, lo cual permite enfrentar las adversidades desde una
perspectiva diferente. Asimismo, se enfatiza que las dificultades no se superan
únicamente con recursos humanos, sino mediante la confianza en el poder de
Dios. Finalmente, se destaca la importancia de evaluar en qué o en quién está
puesta la confianza, reconociendo que es Dios quien sostiene, respalda y
concede la victoria.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”