Abril 21 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 90
2 SAMUEL 13 - 15
La violación de Tamar
13 Ahora
bien, Absalón, hijo de David, tenía una hermana muy hermosa llamada Tamar; y
Amnón, su medio hermano, se enamoró perdidamente de ella. 2 Amnón
se obsesionó tanto con Tamar que se enfermó. Ella era virgen, y Amnón pensó que
nunca podría poseerla.
3 Pero
Amnón tenía un amigo muy astuto, su primo Jonadab, quien era hijo de Simea,
hermano de David. 4 Cierto día Jonadab le dijo a
Amnón:
—¿Cuál es el problema? ¿Por qué debe el hijo de
un rey verse tan abatido día tras día?
Entonces Amnón le dijo:
—Estoy enamorado de Tamar, hermana de mi hermano
Absalón.
5 —Bien—dijo
Jonadab—, te diré lo que tienes que hacer. Vuelve a la cama y finge que estás
enfermo. Cuando tu padre venga a verte, pídele que le permita a Tamar venir y
prepararte algo de comer. Dile que te hará sentir mejor si ella prepara los
alimentos en tu presencia y te da de comer con sus propias manos.
6 Entonces
Amnón se acostó y fingió estar enfermo. Cuando el rey fue a verlo, Amnón le
pidió: «Por favor, deja que mi hermana Tamar venga y me prepare mi comida
preferida mientras yo observo, así podré comer de sus manos». 7 Entonces
David aceptó la propuesta y envió a Tamar a la casa de Amnón para que le
preparara algo de comer.
8 Cuando
Tamar llegó a la casa de Amnón, fue a donde él estaba acostado para que pudiera
verla mientras preparaba la masa. Luego le horneó su comida preferida, 9 pero
cuando ella le llevó la bandeja, Amnón se negó a comer y les dijo a sus
sirvientes: «Salgan todos de aquí». Así que todos salieron.
10 Entonces
él le dijo a Tamar:
—Ahora trae la comida a mi dormitorio y dame de
comer aquí.
Tamar le llevó su comida preferida, 11 pero
cuando ella comenzó a darle de comer, la agarró y le insistió:
—Ven, mi amada hermana, acuéstate conmigo.
12 —¡No,
hermano mío!—imploró ella—. ¡No seas insensato! ¡No me hagas esto! En Israel no
se hace semejante perversidad. 13 ¿Adónde podría ir
con mi vergüenza? Y a ti te dirán que eres uno de los necios más grandes de
Israel. Por favor, simplemente habla con el rey, y él te permitirá casarte
conmigo.
14 Pero
Amnón no quiso escucharla y, como era más fuerte que ella, la violó. 15 De
pronto, el amor de Amnón se transformó en odio, y la llegó a odiar aún más de
lo que la había amado.
—¡Vete de aquí!—le gruñó.
16 —¡No,
no!—gritó Tamar—. ¡Echarme de aquí ahora es aún peor de lo que ya me has hecho!
Pero Amnón no quiso escucharla. 17 Entonces
llamó a su sirviente y le ordenó:
—¡Echa fuera a esta mujer y cierra la puerta
detrás de ella!
18 Así
que el sirviente la sacó y cerró la puerta detrás de ella. Tamar llevaba puesta
una hermosa túnica larga, como era costumbre en esos días para las hijas
vírgenes del rey. 19 Pero entonces, ella rasgó su
túnica y echó ceniza sobre su cabeza y, cubriéndose la cara con las manos, se
fue llorando.
20 Su
hermano Absalón la vio y le preguntó: «¿Es verdad que Amnón ha estado contigo?
Bien, hermanita, quédate callada por ahora, ya que él es tu hermano. No te
angusties por esto». Así pues, Tamar vivió como una mujer desconsolada en la
casa de su hermano Absalón.
21 Cuando
el rey David se enteró de lo que había sucedido, se enojó mucho. 22 Absalón
nunca habló de esto con Amnón, sin embargo, lo odió profundamente por lo que le
había hecho a su hermana.
Absalón se venga de Amnón
23 Dos
años después, cuando se esquilaban las ovejas de Absalón en Baal-hazor, cerca
de Efraín, Absalón invitó a todos los hijos del rey a una fiesta. 24 Él
fue adonde estaba el rey y le dijo:
—Mis esquiladores ya se encuentran trabajando.
¿Podrían el rey y sus siervos venir a celebrar esta ocasión conmigo?
25 El
rey contestó:
—No, hijo mío. Si fuéramos todos, seríamos mucha
carga para ti.
Entonces Absalón insistió, pero aun así el rey
dijo que no iría, aunque le dio su bendición.
26 —Bien—le
dijo al rey—, si no puedes ir, ¿por qué no envías a mi hermano Amnón con
nosotros?
—¿Por qué a Amnón?—preguntó el rey.
27 Pero
Absalón siguió insistiendo hasta que por fin el rey accedió y dejó que todos
sus hijos asistieran, entre ellos Amnón. Así que Absalón preparó un banquete
digno de un rey.
28 Absalón
les dijo a sus hombres:
—Esperen hasta que Amnón se emborrache; entonces,
a mi señal, ¡mátenlo! No tengan miedo. Yo soy quien da la orden. ¡Anímense y
háganlo!
29 Por
lo tanto, cuando Absalón dio la señal, mataron a Amnón. Enseguida los otros
hijos del rey montaron sus mulas y huyeron.
30 Mientras
iban de regreso a Jerusalén, a David le llegó este informe: «Absalón mató a
todos los hijos del rey, ¡ninguno quedó con vida!». 31 Entonces
el rey se levantó, rasgó su túnica y se tiró al suelo. Sus consejeros también
rasgaron sus ropas en señal de horror y tristeza.
32 Pero
justo en ese momento, Jonadab el hijo de Simea, hermano de David, llegó y dijo:
—No, no crea que todos los hijos del rey están
muertos, ¡solamente Amnón! Absalón había estado tramando esto desde que Amnón
violó a su hermana Tamar. 33 No, mi señor el rey,
¡no todos sus hijos están muertos! ¡Solo murió Amnón!
34 Mientras
tanto, Absalón escapó.
En ese momento, el centinela que estaba sobre la
muralla de Jerusalén vio a una multitud descendiendo de una colina por el
camino desde el occidente. Entonces corrió y le dijo al rey:
—Veo a una multitud que viene por el camino de
Horonaim por la ladera de la colina.
35 —¡Mire!—le
dijo Jonadab al rey—. ¡Allí están! Ya vienen los hijos del rey, tal como dije.
36 Pronto
llegaron, llorando y sollozando. Entonces el rey y todos sus siervos lloraron
amargamente con ellos. 37 Y David hizo duelo por su
hijo Amnón por muchos días.
Absalón huyó adonde estaba su abuelo Talmai, hijo
de Amiud, rey de Gesur. 38 Se quedó en Gesur por
tres años. 39 Y el rey David, ya resignado de
la muerte de Amnón, anhelaba reencontrarse con su hijo Absalón.
Joab arregla que Absalón regrese
14 Joab
se dio cuenta de cuánto el rey deseaba ver a Absalón. 2 Así
que mandó llamar a una mujer de Tecoa que tenía fama de ser muy sabia. Le dijo:
«Finge que estás de duelo; ponte ropa de luto y no uses lociones. Actúa
como una mujer que ha estado de duelo por mucho tiempo. 3 Entonces
ve al rey y dile la historia que te voy a contar». Luego Joab le dijo lo que
tenía que decir.
4 Cuando
la mujer de Tecoa se acercó al rey, se inclinó rostro en tierra
con profundo respeto y exclamó:
—¡Oh rey, ayúdeme!
5 —¿Qué
problema tienes?—preguntó el rey.
—¡Ay de mí que soy viuda!—contestó ella—. Mi
esposo está muerto y 6 mis dos hijos se pelearon en
el campo y, como no había nadie que los separara, uno de ellos resultó
muerto. 7 Ahora el resto de la familia me exige:
“Entréganos a tu hijo y lo ejecutaremos por haber matado a su hermano. No
merece heredar la propiedad familiar”. Quieren extinguir la única brasa que me
queda, y el nombre y la familia de mi esposo desaparecerán de la faz de la
tierra.
8 —Yo
me encargo de este asunto—le dijo el rey—. Ve a tu casa, yo me aseguraré de que
nadie lo toque.
9 —¡Oh
gracias, mi señor el rey!—le respondió la mujer de Tecoa—. Si lo critican por
ayudarme, que la culpa caiga sobre mí y sobre la casa de mi padre, y que el rey
y su trono sean inocentes.
10 —Si
alguien se opone—le dijo el rey—, tráemelo. ¡Te aseguro que nunca más volverá a
hacerte daño!
11 Luego
ella dijo:
—Por favor, júreme por el Señor su Dios
que no dejará que nadie tome venganza contra mi hijo. No quiero más
derramamiento de sangre.
—Tan cierto como que el Señor vive—le
respondió—, ¡no se tocará ni un solo cabello de la cabeza de tu hijo!
12 —Por
favor, permítame preguntar una cosa más a mi señor el rey—dijo ella.
—Adelante, habla—respondió él.
13 Ella
contestó:
—¿Por qué no hace por el pueblo de Dios lo mismo
que prometió hacer por mí? Se ha declarado culpable a sí mismo al tomar esta
decisión, porque ha rehusado traer a casa a su propio hijo desterrado. 14 Todos
moriremos algún día. Nuestra vida es como agua derramada en el suelo, la cual
no se puede volver a juntar. Pero Dios no arrasa con nuestra vida, sino que
idea la manera de traernos de regreso cuando hemos estado separados de él.
15 »He
venido a rogarle a mi señor el rey porque la gente me ha amenazado. Me dije:
“Tal vez el rey me escuche 16 y nos rescate de los
que quieren quitarnos la herencia que Dios nos dio. 17 Sí,
mi señor el rey nos devolverá la tranquilidad de espíritu”. Sé que usted es
como un ángel de Dios que puede distinguir entre lo bueno y lo malo. Que
el Señor su Dios esté con usted.
18 —Tengo
que saber algo—le dijo el rey—, y dime la verdad.
—¿Sí, mi señor el rey?—respondió ella.
19 —¿Joab
te incitó a hacer esto?
Y la mujer contestó:
—Mi señor el rey, ¿cómo podría negarlo? Nadie
puede esconder nada de usted. Sí, Joab me envió y me dijo qué decir. 20 Lo
hizo para que pueda ver el asunto con otros ojos. ¡Pero usted es tan sabio como
un ángel de Dios, y comprende todo lo que sucede entre nosotros!
21 Entonces
el rey mandó llamar a Joab y le dijo:
—Está bien, ve y trae de regreso al joven
Absalón.
22 Joab
se inclinó rostro en tierra con profundo respeto y dijo:
—Por fin sé que cuento con su favor, mi señor el
rey, porque me ha concedido esta petición.
23 Enseguida
Joab fue a Gesur y trajo a Absalón de regreso a Jerusalén. 24 Pero
el rey dio esta orden: «Absalón puede ir a su propia casa, pero jamás vendrá a
mi presencia». De manera que Absalón no vio al rey.
Absalón se reconcilia con David
25 Absalón
era elogiado como el hombre más apuesto de todo Israel. De pies a cabeza era
perfecto. 26 Se cortaba el cabello una vez al año,
y lo hacía solo porque era muy pesado. ¡El peso de su cabello era de más de dos
kilos! 27 Tenía tres hijos y una hija. Su hija se
llamaba Tamar, y era muy hermosa.
28 Absalón
vivió dos años en Jerusalén, pero nunca pudo ver al rey. 29 Así
que mandó llamar a Joab para pedirle que intercediera por él, pero Joab se negó
a ir. Entonces Absalón volvió a enviar por él una segunda vez, pero de nuevo
Joab se negó. 30 Finalmente Absalón les dijo a sus
siervos: «Vayan y préndanle fuego al campo de cebada de Joab, el que está junto
al mío». Entonces fueron y le prendieron fuego al campo tal como Absalón les
había mandado.
31 Entonces
Joab fue a la casa de Absalón y le reclamó:
—¿Por qué tus siervos le prendieron fuego a mi
campo?
32 Absalón
contestó:
—Porque quería que le preguntaras al rey por qué
me trajo de Gesur si no tenía intención de verme. Mejor me hubiera quedado
allá. Déjame ver al rey; si me encuentra culpable de algo, entonces que me
mate.
33 De
manera que Joab le dijo al rey lo que Absalón había dicho. Por fin el rey mandó
llamar a Absalón, quien fue y se inclinó ante el rey, y el rey lo besó.
Rebelión de Absalón
15 Después
Absalón compró un carruaje y caballos, y contrató a cincuenta guardaespaldas
para que corrieran delante de él. 2 Cada mañana se
levantaba temprano e iba a la puerta de la ciudad. Cuando la gente llevaba un
caso al rey para que lo juzgara, Absalón le preguntaba de qué parte de Israel
era, y la persona le mencionaba a qué tribu pertenecía. 3 Entonces
Absalón le decía: «Usted tiene muy buenos argumentos a su favor. ¡Es una pena
que el rey no tenga disponible a nadie para que los escuche! 4 Qué
lástima que no soy el juez; si lo fuera, todos podrían traerme sus casos para
que los juzgara, y yo les haría justicia».
5 Cuando
alguien trataba de inclinarse ante él, no lo permitía. En cambio, lo tomaba de
la mano y lo besaba. 6 Absalón hacía esto con todos
los que venían al rey por justicia, y de este modo se robaba el corazón de todo
el pueblo de Israel.
7 Después
de cuatro años, Absalón le dijo al rey:
—Permítame ir a Hebrón a ofrecer un sacrificio
al Señor y cumplir un voto que le hice. 8 Pues
mientras su siervo estaba en Gesur en Aram, prometí que le ofrecería sacrificio
al Señor en Hebrón si me traía de regreso a Jerusalén.
9 —Está
bien—le dijo el rey—. Ve y cumple tu voto.
Así que Absalón se fue a Hebrón. 10 Pero
mientras estaba allí, envió mensajeros secretos a todas las tribus de Israel
para iniciar una rebelión contra el rey. «Tan pronto como oigan el cuerno de
carnero—decía el mensaje—, deben decir: “Absalón ha sido coronado rey en
Hebrón”». 11 Absalón llevó consigo a doscientos
hombres de Jerusalén como invitados, pero ellos no sabían nada de sus
intenciones. 12 Mientras Absalón ofrecía los
sacrificios, mandó a buscar a Ahitofel, uno de los consejeros de David que
vivía en Gilo. En poco tiempo muchos más se unieron a Absalón, y la
conspiración cobró fuerza.
David escapa de Jerusalén
13 Pronto
llegó un mensajero a Jerusalén para decirle a David: «¡Todo Israel se ha unido
a Absalón en una conspiración en su contra!».
14 —Entonces
debemos huir de inmediato, ¡si no será muy tarde!—David dijo a sus hombres—.
¡Apresúrense! Si salimos de Jerusalén antes de que llegue Absalón, tanto
nosotros como la ciudad nos salvaremos del desastre.
15 —Estamos
con usted—respondieron sus consejeros—. Haga lo que mejor le parezca.
16 Entonces
el rey salió de inmediato junto con todos los de su casa. No dejó a nadie
excepto a diez de sus concubinas para que cuidaran el palacio. 17 Así
que el rey y toda su gente salieron a pie, y se detuvieron en la última
casa 18 a fin de que los hombres del rey pasaran al
frente.
Había seiscientos hombres de Gat que habían
venido con David, junto con la guardia personal del rey. 19 Después
el rey se dio vuelta y le dijo a Itai, un líder de los hombres de Gat:
—¿Por qué vienes con nosotros? Vuelve al rey
Absalón porque tú eres un huésped en Israel, un extranjero en el exilio. 20 Llegaste
hace poco, ¿debería forzarte a vagar con nosotros? Ni siquiera sé a dónde
iremos. Regresa y llévate contigo a tus parientes, y que el Señor te
muestre su amor inagotable y su fidelidad.
21 Pero
Itai le respondió al rey:
—Juro por el Señor y por el rey que iré
dondequiera que mi señor el rey vaya, sin importar lo que pase, ya sea que
signifique la vida o la muerte.
22 David
respondió:
—Está bien, ven con nosotros.
De modo que Itai y todos sus hombres junto con
sus familias lo acompañaron.
23 Entonces
todo el pueblo lloraba a gritos cuando el rey y sus seguidores pasaban. Así que
cruzaron el valle de Cedrón y fueron hacia el desierto.
24 Sadoc
y todos los levitas también fueron con él cargando el arca del pacto de Dios.
Pusieron el arca de Dios en el suelo, y Abiatar ofreció sacrificios hasta que todos dejaron la ciudad.
25 Luego
el rey le dio instrucciones a Sadoc para que regresara el arca de Dios a la
ciudad: «Si al Señor le parece bien—dijo David—, me traerá de regreso
para volver a ver el arca y el tabernáculo; 26 pero
si él ha terminado conmigo, entonces dejemos que haga lo que mejor le parezca».
27 El
rey también le dijo al sacerdote Sadoc: «Mira, este es mi plan. Tú y
Abiatar deben regresar a la ciudad sin llamar la atención junto con tu
hijo Ahimaas y con Jonatán, el hijo de Abiatar. 28 Yo
me detendré en los vados del río Jordán y allí esperaré tu informe». 29 De
este modo Sadoc y Abiatar devolvieron el arca de Dios a la ciudad y allí se
quedaron.
30 Entonces
David subió el camino que lleva al monte de los Olivos, llorando mientras
caminaba. Llevaba la cabeza cubierta y los pies descalzos en señal de duelo.
Las personas que iban con él también se cubrieron la cabeza y lloraban mientras
subían el monte. 31 Cuando alguien le dijo a David
que su consejero Ahitofel ahora respaldaba a Absalón, David oró: «¡Oh Señor,
haz que Ahitofel le dé consejos necios a Absalón!».
32 Al
llegar David a la cima del monte de los Olivos, donde la gente adoraba a Dios,
Husai el arquita lo estaba esperando. Husai había rasgado sus ropas y había
echado polvo sobre su cabeza en señal de duelo. 33 Pero
David le dijo: «Si vienes conmigo solamente serás una carga. 34 Regresa
a Jerusalén y dile a Absalón: “Ahora seré tu consejero, oh rey, así como lo fui
de tu padre en el pasado”. Entonces podrás frustrar y contrarrestar los
consejos de Ahitofel. 35 Sadoc y Abiatar, los
sacerdotes, estarán allí. Diles todo lo que se está planeando en el palacio del
rey, 36 y ellos enviarán a sus hijos Ahimaas y
Jonatán para que me cuenten lo que está sucediendo».
37 Entonces
Husai, el amigo de David, regresó a Jerusalén y arribó justo cuando llegaba
Absalón.
SALMOS 90
Libro Cuarto (Salmos 90–106)
Oración de Moisés, hombre de Dios.
90 Señor,
a lo largo de todas las generaciones,
¡tú has sido nuestro hogar!
2 Antes de que nacieran las montañas,
antes de que dieras vida a la tierra y al mundo,
desde el principio y hasta el fin, tú eres Dios.
3 Haces
que la gente vuelva al polvo con solo decir:
«¡Vuelvan al polvo, ustedes, mortales!».
4 Para ti, mil años son como un día pasajero,
tan breves como unas horas de la noche.
5 Arrasas a las personas como si fueran sueños que
desaparecen.
Son como la hierba que brota en la mañana.
6 Por la mañana se abre y florece,
pero al anochecer está seca y marchita.
7 Nos marchitamos bajo tu enojo;
tu furia nos abruma.
8 Despliegas nuestros pecados delante de ti
—nuestros pecados secretos—y los ves todos.
9 Vivimos la vida bajo tu ira,
y terminamos nuestros años con un gemido.
10 ¡Setenta
son los años que se nos conceden!
Algunos incluso llegan a ochenta.
Pero hasta los mejores años se llenan de dolor y de problemas;
pronto desaparecen, y volamos.
11 ¿Quién puede comprender el poder de tu enojo?
Tu ira es tan imponente como el temor que mereces.
12 Enséñanos a entender la brevedad de la vida,
para que crezcamos en sabiduría.
13 ¡Oh Señor,
vuelve a nosotros!
¿Hasta cuándo tardarás?
¡Compadécete de tus siervos!
14 Sácianos cada mañana con tu amor inagotable,
para que cantemos de alegría hasta el final de nuestra
vida.
15 ¡Danos alegría en proporción a nuestro sufrimiento
anterior!
Compensa los años malos con bien.
16 Permite que tus siervos te veamos obrar otra vez,
que nuestros hijos vean tu gloria.
17 Y que el Señor nuestro Dios nos dé su aprobación
y haga que nuestros esfuerzos prosperen.
Sí, ¡haz que nuestros esfuerzos prosperen!
CUANDO LAS
EMOCIONES NO SE RINDEN A DIOS.
Estimado
lector:
Los
capítulos 13, 14 y 15 de 2 Samuel presentan una etapa crítica en la vida del
rey David, marcada por conflictos familiares que evidencian las consecuencias
del desorden interno. A partir de estos acontecimientos, se observa cómo las
tensiones dentro de su hogar se intensifican, no como hechos aislados, sino
como parte de un proceso que tiene origen en decisiones previas que afectaron
su entorno. El relato expone que, aunque David había demostrado fortaleza en
escenarios externos, enfrenta ahora desafíos más complejos dentro de su propia
casa.
En este
contexto, la figura de Amnón refleja una emoción desordenada y no sometida a
principios. Su conducta, influenciada por consejos inadecuados, lo lleva a
actuar impulsivamente, generando consecuencias graves que profundizan la
fractura familiar. Posteriormente, Absalón responde desde el resentimiento y la
ambición, promoviendo una rebelión contra su propio padre. Estas acciones
evidencian un entorno donde las emociones prevalecen sobre las convicciones,
generando caos, división y pérdida de dirección.
Asimismo,
se observa una respuesta debilitada por parte de David, quien, frente a la
crisis, muestra dificultad para ejercer liderazgo y tomar decisiones firmes. La
narrativa presenta un ambiente dominado por sentimientos intensos, donde cada
actor actúa conforme a sus propias percepciones, sin una referencia clara a la
dirección de Dios. Esta dinámica refleja cómo la ausencia de dominio propio y
de principios espirituales sólidos puede desencadenar consecuencias colectivas.
En
paralelo, el Salmo 90 introduce una perspectiva distinta al enfatizar la
soberanía de Dios, la fragilidad humana y la brevedad de la vida. Este
contraste permite comprender que, frente a la inestabilidad emocional y las
decisiones impulsivas, la sabiduría radica en reconocer la dependencia de Dios
y en vivir conforme a sus principios. Se resalta la necesidad de una vida
guiada por entendimiento y dirección divina.
Aplicación:
Estos
pasajes evidencian la importancia de someter las emociones a principios
sólidos, evitando que estas gobiernen las decisiones. Se destaca la necesidad
de filtrar pensamientos y reacciones a la luz de la dirección divina,
reconociendo que las emociones, aunque legítimas, requieren ser guiadas. Vivir
por convicciones y no únicamente por impulsos permite tomar decisiones más
sabias y evitar consecuencias que afecten no solo al individuo, sino también a
su entorno. Asimismo, se resalta que una vida orientada por la dirección de
Dios fortalece el carácter, promueve estabilidad y contribuye a relaciones más
sanas y equilibradas.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”