Febrero 07 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 17
ÉXODO 1 al 3
Los israelitas en Egipto
1 Estos
son los nombres de los hijos de Israel (es decir, Jacob) que se trasladaron a
Egipto con su padre, cada uno con su familia: 2 Rubén,
Simeón, Leví, Judá, 3 Isacar, Zabulón,
Benjamín, 4 Dan, Neftalí, Gad y Aser. 5 En
total, Jacob tuvo setenta descendientes en Egipto, incluido José, quien ya
se encontraba allí.
6 Con
el tiempo, José y sus hermanos murieron y toda esa generación llegó a su
fin. 7 Pero sus descendientes—los
israelitas—tuvieron muchos hijos y nietos. De hecho, se multiplicaron tanto que
llegaron a ser sumamente poderosos y llenaron todo el territorio.
8 Tiempo
después, subió al poder de Egipto un nuevo rey que no conocía nada de José ni
de sus hechos. 9 El rey le dijo a su pueblo:
«Miren, el pueblo de Israel ahora es más numeroso y más fuerte que
nosotros. 10 Tenemos que idear un plan para evitar
que los israelitas sigan multiplicándose. Si no hacemos nada, y estalla una
guerra, se aliarán con nuestros enemigos, pelearán contra nosotros, y luego se
escaparán del reino».
11 Por
lo tanto, los egipcios esclavizaron a los israelitas y les pusieron capataces
despiadados a fin de subyugarlos por medio de trabajos forzados. Los obligaron
a construir las ciudades de Pitón y Ramsés como centros de almacenamiento para
el rey. 12 Sin embargo, cuanto más los oprimían,
más los israelitas se multiplicaban y se esparcían, y tanto más se alarmaban
los egipcios. 13 Por eso los egipcios los hacían
trabajar sin compasión. 14 Les amargaban la vida
forzándolos a hacer mezcla, a fabricar ladrillos y a hacer todo el trabajo del
campo. Además, eran crueles en todas sus exigencias.
15 Después,
el faraón, rey de Egipto, dio la siguiente orden a las parteras hebreas Sifra y
Pua: 16 «Cuando ayuden a las mujeres hebreas en el
parto, presten mucha atención durante el alumbramiento. Si el bebé es
niño, mátenlo; pero si es niña, déjenla vivir». 17 Sin
embargo, como las parteras temían a Dios, se negaron a obedecer las órdenes del
rey, y también dejaron vivir a los varoncitos.
18 Entonces
el rey de Egipto mandó llamar a las parteras:
—¿Por qué hicieron esto? —les preguntó—. ¿Por qué
dejaron con vida a los varones?
19 —Las
mujeres hebreas no son como las egipcias —contestaron ellas—, son más vigorosas
y dan a luz con tanta rapidez que siempre llegamos tarde.
20 Por
eso Dios fue bueno con las parteras, y los israelitas siguieron
multiplicándose, y se hicieron cada vez más poderosos. 21 Además,
como las parteras temían a Dios, él les concedió su propia familia.
22 Entonces
el faraón dio la siguiente orden a todo su pueblo: «Tiren al río Nilo a todo
niño hebreo recién nacido; pero a las niñas pueden dejarlas con vida».
Nacimiento de Moisés
2 En
esos días, un hombre y una mujer de la tribu de Leví se casaron. 2 La
mujer quedó embarazada y dio a luz un hijo. Al ver que era un niño excepcional,
lo escondió durante tres meses. 3 Cuando ya no pudo
ocultarlo más, tomó una canasta de juncos de papiro y la recubrió con brea y
resina para hacerla resistente al agua. Después puso al niño en la canasta y la
acomodó entre los juncos, a la orilla del río Nilo. 4 La
hermana del bebé se mantuvo a cierta distancia para ver qué le pasaría al niño.
5 Al
poco tiempo, la hija del faraón bajó a bañarse en el río, y sus sirvientas se
paseaban por la orilla. Cuando la princesa vio la canasta entre los juncos,
mandó a su criada que se la trajera. 6 Al abrir la
canasta la princesa vio al bebé. El niño lloraba, y ella sintió lástima por él.
«Seguramente es un niño hebreo», dijo.
7 Entonces
la hermana del bebé se acercó a la princesa.
—¿Quiere que vaya a buscar a una mujer hebrea
para que le amamante al bebé? —le preguntó.
8 —¡Sí,
consigue a una! —contestó la princesa.
Entonces la muchacha fue y llamó a la madre del
bebé.
9 «Toma
a este niño y dale el pecho por mí —le dijo la princesa a la madre del niño—. Te
pagaré por tu ayuda». Así que la mujer se fue con el bebé a su casa y lo
amamantó.
10 Años
más tarde, cuando el niño creció, ella se lo devolvió a la hija del faraón,
quien lo adoptó como su propio hijo y lo llamó Moisés, pues explicó: «Lo
saqué del agua».
Moisés huye a Madián
11 Muchos
años después, cuando ya era adulto, Moisés salió a visitar a los de su propio
pueblo, a los hebreos, y vio con cuánta dureza los obligaban a trabajar.
Durante su visita, vio que un egipcio golpeaba a uno de sus compatriotas
hebreos. 12 Entonces Moisés miró a todos lados para
asegurarse de que nadie lo observaba, y mató al egipcio y escondió el cuerpo en
la arena.
13 Al
día siguiente, cuando Moisés salió de nuevo a visitar a los de su pueblo, vio a
dos hebreos peleando.
—¿Por qué le pegas a tu amigo? —le preguntó
Moisés al que había empezado la pelea.
14 El
hombre le contestó:
—¿Quién te nombró para ser nuestro príncipe y
juez? ¿Vas a matarme como mataste ayer al egipcio?
Entonces Moisés se asustó y pensó: «Todos saben
lo que hice». 15 Efectivamente, el faraón se enteró
de lo que había ocurrido y trató de matar a Moisés; pero él huyó del faraón y
se fue a vivir a la tierra de Madián.
Cuando Moisés llegó a Madián, se sentó junto a un
pozo. 16 El sacerdote de Madián tenía siete hijas,
quienes fueron al pozo como de costumbre para sacar agua y llenar los bebederos
para los rebaños de su padre. 17 Pero llegaron unos
pastores y las echaron de allí. Entonces Moisés se levantó de un salto y las
rescató de los pastores. Luego sacó agua para los rebaños de las muchachas.
18 Cuando
las jóvenes regresaron a la casa de Reuel, su padre, él les preguntó:
—¿Por qué hoy han regresado tan pronto?
19 —Un
egipcio nos rescató de los pastores —contestaron ellas—; después nos sacó agua y
dio de beber a nuestros rebaños.
20 —¿Y
dónde está ese hombre? —les preguntó el padre—. ¿Por qué lo dejaron allí?
Invítenlo a comer con nosotros.
21 Moisés
aceptó la invitación y se estableció allí con Reuel. Con el tiempo, Reuel le
entregó a su hija Séfora por esposa. 22 Más tarde,
ella dio a luz un hijo, y Moisés lo llamó Gersón, pues explicó: «He sido un
extranjero en tierra extraña».
23 Con
el paso de los años, el rey de Egipto murió; pero los israelitas seguían
gimiendo bajo el peso de la esclavitud. Clamaron por ayuda, y su clamor subió
hasta Dios, 24 quien oyó sus gemidos y se acordó
del pacto que había hecho con Abraham, Isaac y Jacob. 25 Miró
desde lo alto a los hijos de Israel y supo que ya había llegado el momento de
actuar.
Moisés y la zarza ardiente
3 Cierto
día Moisés se encontraba apacentando el rebaño de su suegro, Jetro, quien
era sacerdote de Madián. Llevó el rebaño al corazón del desierto y llegó al
Sinaí, el monte de Dios. 2 Allí el ángel
del Señor se le apareció en un fuego ardiente, en medio de una zarza.
Moisés se quedó mirando lleno de asombro porque aunque la zarza estaba envuelta
en llamas, no se consumía. 3 «Esto es increíble —se
dijo a sí mismo—. ¿Por qué esa zarza no se consume? Tengo que ir a verla de
cerca».
4 Cuando
el Señor vio que Moisés se acercaba para observar mejor, Dios lo
llamó desde el medio de la zarza:
—¡Moisés! ¡Moisés!
—Aquí estoy —respondió él.
5 —No
te acerques más —le advirtió el Señor—. Quítate las sandalias, porque estás
pisando tierra santa. 6 Yo soy el Dios de tu padre, el
Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Cuando Moisés oyó esto, se cubrió el rostro
porque tenía miedo de mirar a Dios.
7 Luego
el Señor le dijo:
—Ciertamente he visto la opresión que sufre mi
pueblo en Egipto. He oído sus gritos de angustia a causa de la crueldad de sus
capataces. Estoy al tanto de sus sufrimientos. 8 Por
eso he descendido para rescatarlos del poder de los egipcios, sacarlos de
Egipto y llevarlos a una tierra fértil y espaciosa. Es una tierra donde fluyen
la leche y la miel, la tierra donde actualmente habitan los cananeos, los
hititas, los amorreos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos. 9 ¡Mira!
El clamor de los israelitas me ha llegado y he visto con cuánta crueldad abusan
de ellos los egipcios. 10 Ahora ve, porque te envío
al faraón. Tú vas a sacar de Egipto a mi pueblo Israel.
11 Pero
Moisés protestó:
—¿Quién soy yo para presentarme ante el faraón?
¿Quién soy yo para sacar de Egipto al pueblo de Israel?
12 Dios
contestó:
—Yo estaré contigo. Y esta es la señal para ti de
que yo soy quien te envía: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, adorarán a
Dios en este mismo monte.
13 Pero
Moisés volvió a protestar:
—Si voy a los israelitas y les digo: “El Dios de
sus antepasados me ha enviado a ustedes”, ellos me preguntarán: “¿Y cuál es el
nombre de ese Dios?”. Entonces, ¿qué les responderé?
Dios le contestó a Moisés:
14 —Yo
Soy el que Soy. Dile esto al pueblo de Israel: “Yo Soy me ha enviado
a ustedes”.
15 Dios
también le dijo a Moisés:
—Así dirás al pueblo de Israel: “Yahveh, el
Dios de sus antepasados, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de
Jacob, me ha enviado a ustedes.
Este es mi nombre eterno,
el nombre que deben recordar por todas las
generaciones”.
16 »Ahora
ve y reúne a los ancianos de Israel y diles: “Yahveh, el Dios de sus
antepasados— el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob —se me apareció y me dijo:
‘He estado observando de cerca y veo el trato que reciben de los
egipcios. 17 Prometí rescatarlos de la opresión que
sufren en Egipto. Los llevaré a una tierra donde fluyen la leche y la miel, la
tierra donde actualmente habitan los cananeos, los hititas, los amorreos, los
ferezeos, los heveos y los jebuseos’”.
18 »Los
ancianos de Israel aceptarán tu mensaje. Entonces tú y los ancianos se
presentarán ante el rey de Egipto y le dirán: “El Señor, Dios de los
hebreos, vino a nuestro encuentro. Así que permítenos, por favor, hacer un
viaje de tres días al desierto para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro
Dios”.
19 »Pero
yo sé que el rey de Egipto no los dejará ir a menos que sea forzado por una
mano poderosa. 20 Así que
levantaré mi mano y heriré a los egipcios con todo tipo de milagros que
realizaré entre ellos. Entonces, al fin, el faraón los dejará ir. 21 Además
haré que los egipcios los miren con agrado. Les darán obsequios cuando salgan,
de modo que no se irán con las manos vacías. 22 Toda
mujer israelita pedirá a sus vecinas egipcias y a las mujeres extranjeras que
vivan con ellas toda clase de objetos de plata y de oro, y prendas costosas.
Con estos vestirán a sus hijos e hijas. Así despojarán a los egipcios de sus
riquezas.
SALMOS 17
Oración
de David.
17 Oh Señor,
oye mi ruego pidiendo justicia;
escucha mi grito de auxilio.
Presta oído a mi oración,
porque proviene de labios sinceros.
2 Declárame inocente,
porque tú ves a los que hacen lo correcto.
3 Pusiste
a prueba mis pensamientos y examinaste mi corazón durante la noche;
me has escudriñado y no encontraste ningún mal.
Estoy decidido a no pecar con mis palabras.
4 He seguido tus mandatos,
los cuales me impidieron ir tras la gente cruel y
perversa.
5 Mis pasos permanecieron en tu camino;
no he vacilado en seguirte.
6 Oh
Dios, a ti dirijo mi oración porque sé que me responderás;
inclínate y escucha cuando oro.
7 Muéstrame tu amor inagotable de maravillosas maneras.
Con tu gran poder rescatas
a los que buscan refugiarse de sus enemigos.
8 Cuídame como cuidarías tus propios ojos;
escóndeme bajo la sombra de tus alas.
9 Protégeme de los perversos que me atacan,
del enemigo mortal que me rodea.
10 No tienen compasión;
¡escucha cómo se jactan!
11 Me rastrean y me rodean,
a la espera de cualquier oportunidad para tirarme al
suelo.
12 Son como leones hambrientos, deseosos por
despedazarme;
como leones jóvenes, escondidos en emboscada.
13 ¡Levántate,
oh Señor!
¡Enfréntalos y haz que caigan de rodillas!
¡Con tu espada rescátame de los perversos!
14 Con el poder de tu mano, oh Señor,
destruye a los que buscan su recompensa en este mundo;
pero sacia el hambre de los que son tu tesoro.
Que sus hijos tengan abundancia
y dejen herencia a sus descendientes.
15 Porque soy recto, te veré;
cuando despierte, te veré cara a cara y quedaré
satisfecho.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
La primera parte de Éxodo relata cómo la familia
de Abraham termina esclavizada en Egipto.
Dios levanta un libertador para enfrentar la
maldad de Faraón y liberar a los israelitas. Desde Egipto, salieron al desierto
de camino al monte Sinaí.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”