Julio 15 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 175
JEREMÍAS 26 – 29
Jeremías escapa de la muerte
26 Jeremías
recibió el siguiente mensaje del Señor a principios del reinado de
Joacim, hijo de Josías, rey de Judá. 2 «Esto
dice el Señor: “Ponte de pie en el atrio que está delante del templo
del Señor y haz un anuncio a la gente que ha venido de toda Judá a
adorar. Dales mi mensaje completo sin que falte una sola palabra. 3 Quizá
te escuchen y se aparten de sus malos caminos. Entonces cambiaré de parecer
acerca del desastre que estoy por derramar sobre ellos a causa de sus pecados”.
4 »Diles:
“Esto dice el Señor: ‘Si ustedes no me escuchan ni obedecen la palabra que
les he dado 5 ni tampoco escuchan a mis siervos,
los profetas—porque los envié una y otra vez para advertirles, pero ustedes
rehusaron escucharlos—, 6 entonces destruiré este
templo así como destruí a Silo, el lugar donde estaba el tabernáculo. Y haré
que Jerusalén se convierta en objeto de maldición en cada nación de la
tierra’”».
7 Los
sacerdotes, los profetas y todo el pueblo escucharon a Jeremías mientras
hablaba frente al templo del Señor; 8 pero
cuando Jeremías terminó su mensaje, habiendo dicho todo lo que
el Señor le ordenó que dijera, los sacerdotes, los profetas y todo el
pueblo que estaba junto al templo lo atacaron en masa.
«¡Mátenlo!—gritaban—. 9 ¿Qué derecho tienes de
profetizar en el nombre del Señor que este templo será destruido como
lo fue Silo? ¿Qué quieres decir cuando afirmas que Jerusalén será destruida y
dejada sin habitantes?». Así que todo el pueblo lo amenazaba mientras él estaba
frente al templo.
10 Cuando
los funcionarios de Judá oyeron lo que pasaba, corrieron del palacio a sentarse
a juzgar junto a la puerta Nueva del templo. 11 Los
sacerdotes y los profetas presentaron sus acusaciones a los funcionarios y al
pueblo. «¡Este hombre debe morir!—dijeron—. Ustedes han escuchado con sus
propios oídos lo traidor que es, porque ha profetizado contra esta ciudad».
12 Entonces
Jeremías habló en su propia defensa a los funcionarios y al pueblo.
«El Señor me envió para profetizar contra este templo y contra esta
ciudad—dijo—. El Señor me dio cada una de las palabras que he
hablado; 13 pero si ustedes dejan de pecar y
comienzan a obedecer al Señor su Dios, él cambiará de parecer acerca
del desastre que anunció contra ustedes. 14 En
cuanto a mí, estoy en sus manos, hagan conmigo lo que mejor les parezca. 15 ¡Pero
si me matan, tengan por seguro que estarán matando a un inocente! La
responsabilidad por semejante acción caerá sobre ustedes, sobre esta ciudad y
sobre cada persona que vive en ella. Pues es totalmente cierto que
el Señor me envió a decir cada palabra que ustedes han oído».
16 Así
que los funcionarios y el pueblo les dijeron a los sacerdotes y a los profetas:
«Este hombre no merece la pena de muerte porque nos ha hablado en el nombre
del Señor nuestro Dios».
17 Entonces
algunos de los sabios ancianos se pusieron de pie y hablaron a todo el pueblo
reunido en ese lugar. 18 Dijeron: «Recuerden cuando
Miqueas de Moreset profetizaba durante el reinado de Ezequías de Judá. Él le
dijo al pueblo de Judá:
“Esto dice el Señor de los Ejércitos
Celestiales:
‘El monte Sion quedará arado como un campo abierto;
¡Jerusalén será reducida a escombros!
Un matorral crecerá en las cumbres,
donde ahora se encuentra el templo’”.
19 ¿Acaso
el rey Ezequías y el pueblo lo mataron por lo que dijo? No, se apartaron de sus
pecados y adoraron al Señor. Le suplicaron misericordia. Entonces
el Señor cambió de parecer acerca del terrible desastre que había
declarado contra ellos. Así que estamos a punto de perjudicarnos a nosotros
mismos».
20 En
ese tiempo, Urías hijo de Semaías, de Quiriat-jearim, también profetizaba en
nombre del Señor; y predijo el mismo terrible desastre contra la ciudad y
la nación igual que Jeremías. 21 Cuando el rey
Joacim junto con los oficiales militares y los demás funcionarios escucharon lo
que dijo, el rey envió a alguien para matarlo. Sin embargo, Urías se enteró del
plan y escapó a Egipto atemorizado. 22 Entonces el
rey Joacim envió a Elnatán, hijo de Acbor, a Egipto junto con algunos otros
hombres para que capturaran a Urías. 23 Lo tomaron
prisionero y lo trajeron de regreso al rey Joacim. Así que el rey mató a Urías
a espada y mandó que lo enterraran en una fosa común.
24 No
obstante, Ahicam, hijo de Safán, respaldó a Jeremías y persuadió al tribunal de
no entregarlo a la multitud para que lo matara.
Jeremías se coloca un yugo para
bueyes
27 Jeremías
recibió el siguiente mensaje del Señor a principios del reinado de
Sedequías, hijo de Josías, rey de Judá.
2 Esto
me dijo el Señor: «Hazte un yugo y átatelo al cuello con correas de
cuero. 3 Luego envía un mensaje a los reyes de
Edom, Moab, Amón, Tiro y Sidón a través de sus embajadores que han llegado a
visitar al rey Sedequías en Jerusalén. 4 Dales este
mensaje para sus amos: “Esto dice el Señor de los Ejércitos
Celestiales, Dios de Israel: 5 ‘Yo hice la tierra,
la gente y cada animal con mi gran fuerza y brazo poderoso. Estas cosas me
pertenecen y puedo dárselas a quien yo quiera. 6 Ahora
entregaré estos países al rey Nabucodonosor de Babilonia, quien es mi siervo.
He puesto todo bajo su control, aun los animales salvajes. 7 Todas
las naciones le servirán a él, a su hijo y a su nieto hasta que se acabe el
tiempo de ellos. Entonces muchas naciones y grandes reyes conquistarán y
dominarán a Babilonia. 8 Así que ustedes deben
someterse al rey de Babilonia y servirle; ¡pongan su cuello bajo el yugo de
Babilonia! Castigaré a toda nación que rehúse ser su esclava, dice
el Señor. Enviaré guerra, hambre y enfermedad sobre esa nación hasta que
Babilonia la conquiste.
9 »”’No
les hagan caso a sus falsos profetas, adivinos, intérpretes de sueños, los
médiums y hechiceros que dicen: “El rey de Babilonia no los conquistará”. 10 Todos
son mentirosos y sus mentiras solo servirán para que ustedes sean expulsados de
su propia tierra. Yo los expulsaré y los enviaré a morir lejos; 11 pero
al pueblo de toda nación que se someta al rey de Babilonia se le permitirá
permanecer en su propio país para cultivar la tierra como siempre. ¡Yo,
el Señor, he hablado!’”».
12 Después
repetí el mismo mensaje al rey Sedequías de Judá: «Si deseas vivir, sométete al
yugo del rey de Babilonia y a su pueblo. 13 ¿Por
qué insistes en morir, tú y tu pueblo? ¿Por qué habrán de escoger la guerra, el
hambre y la enfermedad que el Señor traerá contra toda nación que se
niegue a someterse al rey de Babilonia? 14 No les
hagan caso a los falsos profetas que les siguen diciendo: “El rey de Babilonia
no los conquistará”. Son mentirosos. 15 Esto dice
el Señor: “¡Yo no envié a estos profetas! Les dicen mentiras en mi nombre,
así que yo los expulsaré de esta tierra. Todos ustedes morirán, junto con todos
estos profetas”».
16 Entonces
me dirigí a los sacerdotes y al pueblo y les dije: «Esto dice el Señor:
“No escuchen a sus profetas que les aseguran que los artículos de oro que
fueron sacados de mi templo pronto serán devueltos de Babilonia. ¡Es pura
mentira! 17 No los escuchen. Ríndanse al rey de
Babilonia y vivirán. ¿Por qué ha de ser destruida toda esta ciudad? 18 Si
realmente son profetas y proclaman los mensajes del Señor, que oren
al Señor de los Ejércitos Celestiales. ¡Que supliquen que los objetos
que aún quedan en el templo del Señor, en el palacio real y en los
palacios de Jerusalén no sean llevados a Babilonia!”.
19 »Pues
el Señor de los Ejércitos Celestiales ha hablado acerca de las
columnas que están al frente del templo, del enorme tazón de bronce llamado el
Mar, de las carretas para llevar agua y de los demás objetos
ceremoniales. 20 El rey Nabucodonosor de Babilonia
los dejó aquí cuando desterró a Babilonia a Joaquín, hijo de Joacim, rey
de Judá, junto con los demás nobles de Judá y de Jerusalén. 21 Sí,
esto dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel,
acerca de los objetos preciosos que todavía permanecen en el templo, en el
palacio del rey de Judá y en Jerusalén: 22 “Todos
serán llevados a Babilonia y permanecerán allí hasta que yo envíe por
ellos—dice el Señor—. Entonces los traeré de regreso a Jerusalén”».
Jeremías condena a Hananías
28 Un
día a fines del verano del mismo año—el cuarto año del reinado de
Sedequías, rey de Judá—Hananías, hijo de Azur, un profeta de Gabaón, se dirigió
a mí públicamente en el templo mientras los sacerdotes y el pueblo escuchaban.
Dijo: 2 «Esto dice el Señor de los
Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Quitaré del cuello de ustedes el yugo
del rey de Babilonia. 3 Dentro de dos años traeré
de regreso todos los tesoros del templo que el rey Nabucodonosor llevó a
Babilonia. 4 También traeré de regreso a Joaquín, hijo
de Joacim, rey de Judá y a todos los demás cautivos que fueron llevados a
Babilonia. Tengan por seguro que romperé el yugo que el rey de Babilonia ha
puesto sobre sus cuellos. ¡Yo, el Señor, he hablado!”».
5 Jeremías
le respondió a Hananías mientras estaban delante de los sacerdotes y de la
gente presente en el templo. 6 Le dijo: «¡Amén!
¡Que tus profecías se vuelvan realidad! Espero que el Señor haga todo
lo que tú dices. Espero que traiga de regreso los tesoros de este templo y a
todos los cautivos; 7 pero ahora presta atención a
las palabras solemnes que te hablo en presencia de todas estas personas. 8 Los
profetas antiguos que nos precedieron hablaron en contra de muchas naciones y
advirtieron siempre la llegada de guerra, desastre y enfermedad. 9 Así
que el profeta que predice paz debe demostrar que está en lo correcto.
Solamente cuando sus predicciones se cumplan podremos saber que
el Señor lo ha enviado».
10 Entonces
el profeta Hananías quitó el yugo del cuello de Jeremías y lo hizo
pedazos. 11 Y Hananías dijo nuevamente a la
multitud que se había reunido: «Esto dice el Señor: “Así como este yugo ha
sido roto, dentro de dos años romperé el yugo de opresión de todas las naciones
ahora sometidas al rey Nabucodonosor de Babilonia”». Después de eso, Jeremías
se fue de la zona del templo.
12 Poco
tiempo después de la confrontación con Hananías, el Señor le dio a
Jeremías este mensaje: 13 «Ve y dile a Hananías:
“Esto dice el Señor: ‘Tú has quebrado un yugo de madera, pero lo has
reemplazado con un yugo de hierro. 14 El Señor de
los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel, dice: he puesto un yugo de hierro en
el cuello de todas estas naciones, y las he sometido a la esclavitud del rey
Nabucodonosor de Babilonia. He puesto todo bajo su control, incluso los animales
salvajes’”».
15 Entonces
el profeta Jeremías le dijo a Hananías: «¡Escucha, Hananías!
El Señor no te ha enviado, pero el pueblo cree tus mentiras. 16 Por
lo tanto, esto dice el Señor: “Debes morir. Tu vida terminará este mismo
año porque te rebelaste contra el Señor”».
17 Dos
meses después murió el profeta Hananías.
Carta a los desterrados
29 Jeremías
escribió desde Jerusalén una carta a los ancianos, a los sacerdotes, a los
profetas y a todos los que el rey Nabucodonosor había desterrado a
Babilonia. 2 Esto sucedió luego de que el rey
Joaquín, la reina madre, los funcionarios de la corte, los demás
funcionarios de Judá y todos los artífices y los artesanos fueran deportados de
Jerusalén. 3 Envió la carta con Elasa, hijo de
Safán, y Gemarías, hijo de Hilcías, cuando fueron a Babilonia como embajadores
del rey Sedequías ante Nabucodonosor. Esto decía la carta de Jeremías:
4 «Esto
dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel, a los
cautivos que él desterró de Jerusalén a Babilonia: 5 “Edifiquen
casas y hagan planes para quedarse. Planten huertos y coman del fruto que
produzcan. 6 Cásense y tengan hijos. Luego
encuentren esposos y esposas para ellos para que tengan muchos nietos.
¡Multiplíquense! ¡No disminuyan! 7 Y trabajen por
la paz y prosperidad de la ciudad donde los envié al destierro. Pidan
al Señor por la ciudad, porque del bienestar de la ciudad dependerá
el bienestar de ustedes”.
8 »Esto
dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “No
permitan que los engañen los profetas y los adivinos que están entre ustedes en
la tierra de Babilonia. No presten atención a sus sueños, 9 porque
les dicen mentiras en mi nombre. Yo no los envié”, dice el Señor.
10 »Esto
dice el Señor: “Ustedes permanecerán en Babilonia durante setenta años;
pero luego vendré y cumpliré todas las cosas buenas que les prometí, y los
llevaré de regreso a casa. 11 Pues yo sé los planes
que tengo para ustedes—dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para
lo malo, para darles un futuro y una esperanza. 12 En
esos días, cuando oren, los escucharé. 13 Si me
buscan de todo corazón, podrán encontrarme. 14 Sí,
me encontrarán—dice el Señor—. Pondré fin a su cautiverio y restableceré
su bienestar. Los reuniré de las naciones adonde los envié y los llevaré a
casa, de regreso a su propia tierra”.
15 »Ustedes
afirman que el Señor les ha levantado profetas en Babilonia; 16 pero
esto dice el Señor acerca del rey que se sienta en el trono de David
y acerca de todos los que todavía viven aquí en Jerusalén, sus parientes que no
fueron desterrados a Babilonia. 17 Esto dice
el Señor de los Ejércitos Celestiales: “Enviaré sobre ellos guerra,
hambre y enfermedad, y haré que sean como higos podridos, tan podridos que no
pueden comerse. 18 Sí, los perseguiré con guerra,
hambre y enfermedad, y los esparciré por todo el mundo. En cada nación por
donde los envíe los convertiré en objeto de condenación, horror, desprecio y
burla. 19 Pues ellos rehusaron escucharme, a pesar
de que les hablé repetidas veces por medio de los profetas que les envié. Y
ustedes, que están en el destierro, tampoco han escuchado”, dice el Señor.
20 »Por
lo tanto, todos los cautivos en Babilonia, escuchen el mensaje
del Señor. 21 Esto dice el Señor de
los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel, acerca de los profetas que
tienen—Acab, hijo de Colaías y Sedequías, hijo de Maaseías—que les dicen
mentiras en mi nombre: “Yo los entregaré a Nabucodonosor para que los
ejecute delante de sus ojos. 22 Su horrible final
será conocido por todos, entonces cuando los desterrados judíos quieran
maldecir a alguien, dirán: ‘¡Que el Señor te haga como a Sedequías y
a Acab, a quienes el rey de Babilonia quemó vivos!’. 23 Pues
estos hombres han hecho cosas terribles entre mi pueblo. Han cometido adulterio
con las esposas de sus vecinos y han mentido en mi nombre diciendo cosas que no
les mandé decir. De esto soy testigo. Yo, el Señor, he hablado”».
Mensaje a Semaías
24 El Señor envió
este mensaje a Semaías el nehelamita que estaba en Babilonia. 25 «Esto
dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel:
escribiste una carta por tu propia cuenta a Sofonías, hijo de Maaseías, el
sacerdote, y enviaste copias a los demás sacerdotes y al pueblo en Jerusalén.
Le escribiste a Sofonías:
26 »“El Señor te
ha designado para que reemplaces a Joiada como sacerdote a cargo de la casa
del Señor. Eres responsable de poner en cepos y grilletes a cualquier loco
que afirme ser profeta. 27 Así que, ¿por qué no has
hecho nada para detener a Jeremías de Anatot, que se hace pasar por profeta
entre ustedes? 28 Jeremías envió aquí, a Babilonia,
una carta prediciendo que nuestro cautiverio será por largo tiempo. Dijo:
‘Edifiquen casas y hagan planes para quedarse. Planten huertos y coman del
fruto que produzcan’”».
29 Ahora
bien, cuando el sacerdote Sofonías recibió la carta de Semaías, la llevó a
Jeremías y se la leyó. 30 Entonces
el Señor le dio a Jeremías este mensaje: 31 «Envía
una carta abierta a todos los desterrados en Babilonia. Diles: “Esto dice
el Señor con relación a Semaías el nehelamita: ‘Como les ha
profetizado a pesar de que yo no lo envié, y los ha engañado, haciéndolos creer
sus mentiras, 32 lo castigaré a él y a su familia.
Ninguno de sus descendientes verá las buenas cosas que haré para mi pueblo,
porque él los ha incitado a rebelarse contra mí. ¡Yo, el Señor, he
hablado!’”».
SALMOS 20
Para el director del coro: salmo de
David.
20 Que
el Señor responda a tu clamor en tiempos de dificultad;
que el nombre del Dios de Jacob te proteja de todo mal.
2 Que te envíe ayuda desde su santuario
y te fortalezca desde Jerusalén.
3 Que se acuerde de todas tus ofrendas
y mire con agrado tus ofrendas quemadas. Interludio
4 Que
él conceda los deseos de tu corazón
y haga que todos tus planes tengan éxito.
5 Que gritemos de alegría cuando escuchemos de tu
triunfo
y levantemos una bandera de victoria en el nombre de
nuestro Dios.
Que el Señor conteste a todas tus oraciones.
6 Ahora
sé que el Señor rescata a su rey ungido.
Le responderá desde su santo cielo
y lo rescatará con su gran poder.
7 Algunas naciones se jactan de sus caballos y sus
carros de guerra,
pero nosotros nos jactamos en el nombre
del Señor nuestro Dios.
8 Esas naciones se derrumbarán y caerán,
pero nosotros nos levantaremos y estaremos firmes.
9 ¡Da
la victoria a nuestro rey, oh Señor!
Responde a nuestro grito de auxilio.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”