Julio 17 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 177
JEREMÍAS 33 – 36
Promesas de paz y prosperidad
33 Mientras
Jeremías aún estaba detenido en el patio de la guardia, el Señor le
dio un segundo mensaje: 2 «Esto dice el Señor,
el Señor que hizo la tierra, que la formó y la estableció, cuyo
nombre es el Señor: 3 pídeme y te daré a
conocer secretos sorprendentes que no conoces acerca de lo que está por
venir. 4 Pues esto dice el Señor, Dios de
Israel: ustedes derribaron las casas de esta ciudad y hasta el palacio real a
fin de conseguir materiales para fortalecer las murallas contra las rampas de
asalto y contra la espada del enemigo. 5 Ustedes
esperan luchar contra los babilonios, pero los hombres de esta ciudad ya
están como muertos, porque en mi terrible enojo he decidido destruirlos. Los
abandoné debido a toda su perversidad.
6 »Sin
embargo, llegará el día en que sanaré las heridas de Jerusalén y le daré
prosperidad y verdadera paz. 7 Restableceré el
bienestar de Judá e Israel y reconstruiré sus ciudades. 8 Los
limpiaré de sus pecados contra mí y perdonaré todos sus pecados de
rebelión. 9 ¡Entonces esta ciudad me traerá gozo,
gloria y honra ante todas las naciones de la tierra! ¡Ellas verán todo el bien
que hago a mi pueblo y temblarán de asombro al ver la paz y prosperidad que le
doy!
10 »Esto
dice el Señor: ustedes dijeron: “Esta es una tierra desolada de donde la
gente y los animales han desaparecido”. Sin embargo, en las calles desiertas de
Jerusalén y de las otras ciudades de Judá volverán a oírse 11 risas
y voces de alegría. Otra vez se oirán las voces felices de los novios y las
novias junto con las canciones alegres de las personas que traen ofrendas de
gratitud al Señor. Cantarán:
“Den gracias al Señor de los Ejércitos
Celestiales,
porque el Señor es bueno.
¡Su fiel amor perdura para siempre!”.
Pues restauraré la prosperidad de esta tierra a
como era en el pasado, dice el Señor.
12 »Esto
dice el Señor de los Ejércitos Celestiales: esta tierra—a pesar de
que ahora está desolada y no tiene gente ni animales—tendrá otra vez pastizales
donde los pastores podrán llevar los rebaños. 13 Una
vez más los pastores contarán sus rebaños en las ciudades de la zona montañosa,
en las colinas de Judá, en el Neguev, en la tierra de Benjamín, en los
alrededores de Jerusalén y en todas las ciudades de Judá. ¡Yo, el Señor,
he hablado!
14 »Llegará
el día, dice el Señor, cuando haré por Israel y por Judá todas las cosas
buenas que les he prometido.
15 »En
esos días y en ese tiempo
levantaré un descendiente justo, del linaje del
rey David.
Él hará lo que es justo y correcto en toda la tierra.
16 En ese día Judá será salvo,
y Jerusalén vivirá segura.
Y este será su nombre:
“El Señor es nuestra justicia”.
17 Pues
esto dice el Señor: David tendrá por siempre un descendiente sentado en el
trono de Israel. 18 Y siempre habrá sacerdotes
levitas para ofrecerme ofrendas quemadas, ofrendas de grano y sacrificios».
19 Luego
Jeremías recibió el siguiente mensaje del Señor: 20 «Esto
dice el Señor: si ustedes pudieran romper mi pacto con el día y con la
noche de modo que uno no siguiera al otro, 21 solo
entonces se rompería mi pacto con mi siervo David. Solo entonces, él no tendría
un descendiente para reinar sobre su trono. Lo mismo ocurre con mi pacto con
los sacerdotes levitas que ministran ante mí. 22 Y
así como no se pueden contar las estrellas de los cielos ni se puede medir la
arena a la orilla del mar, así multiplicaré los descendientes de mi siervo
David y de los levitas que ministran ante mí».
23 El Señor le
dio a Jeremías otro mensaje y le dijo: 24 «¿Te has
dado cuenta de lo que la gente dice?: “¡El Señor eligió a Judá y a
Israel pero luego los abandonó!”. En son de burla dicen que Israel no es digno
de ser considerado una nación. 25 Sin embargo, esto
dice el Señor: así como no cambiaría las leyes que gobiernan el día y la
noche, la tierra y el cielo, así tampoco rechazaré a mi pueblo. 26 Nunca
abandonaré a los descendientes de Jacob o de mi siervo David ni cambiaré el
plan de que los descendientes de David gobiernen a los descendientes de
Abraham, Isaac y Jacob. En cambio, yo los restauraré a su tierra y tendré
misericordia de ellos».
Advertencia a Sedequías
34 El
rey Nabucodonosor de Babilonia llegó con todos los ejércitos de los reinos
que él gobernaba y peleó contra Jerusalén y las ciudades de Judá. En ese
momento Jeremías recibió el siguiente mensaje del Señor: 2 «Ve
ante Sedequías, rey de Judá, y dile: “Esto dice el Señor, Dios de Israel:
‘Estoy por entregar esta ciudad en manos del rey de Babilonia y él la
incendiará. 3 No escaparás de sus garras, sino que
te tomarán cautivo, te llevarán ante el rey de Babilonia y lo verás cara a
cara. Después serás exiliado a Babilonia’.
4 »”Pero
escucha esta promesa del Señor, oh Sedequías, rey de Judá. Esto dice
el Señor: ‘No te matarán en la guerra 5 sino
que morirás en paz. La gente quemará incienso en tu memoria de la misma manera
que lo hizo con tus antepasados, los reyes que te precedieron. Se lamentarán
por ti llorando: “¡Ay, nuestro amo ha muerto!”. Esto es lo que he decretado,
dice el Señor’”».
6 Así
que el profeta Jeremías transmitió este mensaje al rey Sedequías de Judá. 7 En
ese tiempo, el ejército babilónico sitiaba Jerusalén, Laquis y Azeca, las
únicas ciudades fortificadas de Judá que todavía no habían sido conquistadas.
Liberación para los esclavos hebreos
8 Jeremías
recibió este mensaje del Señor luego que el rey Sedequías hizo un
pacto con el pueblo que proclamó la libertad de los esclavos. 9 El
rey había ordenado que todo el pueblo dejara en libertad a sus esclavos
hebreos, tanto hombres como mujeres. Nadie debía mantener a un hermano judío en
esclavitud. 10 Las autoridades y todo el pueblo
habían obedecido el mandato del rey, 11 pero luego
cambiaron de opinión. Volvieron a tomar a los hombres y a las mujeres que
habían liberado y los obligaron a ser esclavos otra vez.
12 Así
que el Señor les dio el siguiente mensaje por medio de
Jeremías: 13 «Esto dice el Señor, Dios de
Israel: “Hace tiempo hice un pacto con sus antepasados cuando los rescaté de la
esclavitud de Egipto. 14 Les dije que todo esclavo
hebreo debía ser liberado después de haber servido seis años; pero sus
antepasados no me hicieron caso. 15 Hace poco
ustedes se arrepintieron e hicieron lo que es correcto obedeciendo mi palabra.
Liberaron a sus esclavos e hicieron un pacto solemne conmigo en el templo que
lleva mi nombre. 16 Sin embargo, ahora ustedes
abandonaron su juramento y profanaron mi nombre al volver a tomar a los hombres
y a las mujeres que habían liberado y los obligaron a ser esclavos otra vez.
17 »”Por
lo tanto, esto dice el Señor: ya que ustedes me han desobedecido al no
poner en libertad a sus compatriotas, yo los pondré a ustedes en libertad para
ser destruidos por guerra, enfermedad y hambre. Serán objeto de horror para
todas las naciones de la tierra. 18 Puesto que
rompieron las condiciones de nuestro pacto, los partiré en dos tal como ustedes
partieron el becerro cuando caminaron entre las mitades para solemnizar sus
votos. 19 Así es, yo los partiré, sean autoridades
de Judá o de Jerusalén, funcionarios de la corte, sacerdotes o gente común,
porque rompieron su juramento. 20 Los entregaré en
manos de sus enemigos y ellos los matarán. Sus cuerpos serán alimento para los
buitres y para los animales salvajes.
21 »”Yo
entregaré a Sedequías, rey de Judá, y a sus funcionarios en manos del ejército
del rey de Babilonia. A pesar de que se han ido de Jerusalén por un
tiempo, 22 llamaré a los ejércitos babilónicos para
que regresen. Pelearán contra esta ciudad, la conquistarán y la incendiarán. Me
aseguraré de que todas las ciudades de Judá sean destruidas y que nadie viva
allí”».
Los fieles recabitas
35 Este
es el mensaje que el Señor le dio a Jeremías cuando Joacim, hijo de
Josías, era rey de Judá: 2 «Ve al asentamiento
donde habitan las familias de los recabitas e invítalos al templo
del Señor. Llévalos a una de las habitaciones interiores y ofréceles algo
de vino».
3 Así
que fui a ver a Jaazanías, hijo de Jeremías y nieto de Habasinías, y a todos
sus hermanos e hijos, que representan a todas las familias recabitas. 4 Los
llevé al templo y fuimos a la habitación asignada a los hijos de Hanán, hijo de
Igdalías, hombre de Dios. Esta habitación se encontraba junto a la que usaban
los funcionarios del templo, encima de la habitación de Maaseías, hijo de
Salum, el portero del templo.
5 Puse
copas y jarras llenas de vino delante de ellos y los invité a beber, 6 pero
no aceptaron. «No—dijeron—, no bebemos vino porque nuestro antepasado Jonadab,
hijo de Recab, nos ordenó: “Nunca beban vino ni ustedes ni sus
descendientes. 7 Tampoco edifiquen casas, ni
planten cultivos, ni viñedos, sino que siempre vivan en carpas. Si ustedes
obedecen estos mandamientos vivirán largas y buenas vidas en la tierra”. 8 Así
que le hemos obedecido en todas estas cosas. Nunca hemos bebido vino hasta el
día de hoy, ni tampoco nuestras esposas, ni nuestros hijos, ni nuestras
hijas. 9 No hemos construido casas ni hemos sido
dueños de viñedos o granjas, ni sembramos campos. 10 Hemos
vivido en carpas y hemos obedecido por completo los mandamientos de Jonadab,
nuestro antepasado. 11 Sin embargo, cuando el rey
Nabucodonosor de Babilonia atacó este país tuvimos miedo del ejército de
Babilonia y del ejército de Aram. Así que decidimos mudarnos a Jerusalén.
Por esa razón, estamos aquí».
12 Entonces
el Señor le dio a Jeremías el siguiente mensaje: 13 «Esto
dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: ve y dile
al pueblo de Judá y de Jerusalén: “Vengan y aprendan una lección de cómo
obedecerme. 14 Los recabitas no beben vino hasta el
día de hoy porque su antepasado Jonadab les dijo que no; pero yo les hablé a
ustedes una y otra vez y se negaron a obedecerme. 15 Vez
tras vez les envié profetas que decían: ‘Apártense de su conducta perversa y
comiencen a hacer lo que es correcto. Dejen de rendir culto a otros dioses para
que vivan en paz aquí en la tierra que les di a ustedes y a sus antepasados’;
pero ustedes no querían escucharme ni obedecerme. 16 Los
descendientes de Jonadab, hijo de Recab, han obedecido a su antepasado en todo,
pero ustedes rehusaron escucharme”.
17 »Por
lo tanto, esto dice el Señor Dios de los Ejércitos Celestiales, Dios
de Israel: “Dado que ustedes se niegan a escuchar o a responder cuando llamo,
enviaré sobre Judá y Jerusalén todos los desastres con que los amenacé”».
18 Entonces
Jeremías se dirigió a los recabitas y les dijo: «Esto dice el Señor de
los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Ustedes han obedecido a su
antepasado Jonadab en todos los aspectos y han seguido todas sus
instrucciones”. 19 Por lo tanto, esto dice
el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Jonadab, hijo
de Recab, siempre tendrá descendientes que me sirvan”».
Baruc lee los mensajes del Señor
36 El Señor le
dio a Jeremías el siguiente mensaje en el cuarto año del reinado de Joacim,
hijo de Josías, en Judá: 2 «Toma un rollo y anota
todos mis mensajes contra Israel, Judá y las demás naciones. Comienza con el
primer mensaje allá por los tiempos de Josías y escribe todos los mensajes,
hasta llegar al tiempo presente. 3 Quizá los
habitantes de Judá se arrepientan cuando vuelvan a escuchar todas las cosas
terribles que tengo pensadas para ellos. Entonces perdonaré sus pecados y
maldades».
4 Así
que Jeremías mandó llamar a Baruc, hijo de Nerías, y mientras Jeremías le
dictaba todas las profecías que el Señor le había dado, Baruc las
escribía en un rollo. 5 Entonces Jeremías le dijo a
Baruc: «Estoy preso aquí y no puedo ir al templo. 6 Así
que en el próximo día de ayuno ve al templo y lee los mensajes de parte
del Señor que te he hecho escribir en este rollo. Léelos para que la
gente de todo Judá que esté presente los escuche. 7 Quizá
se aparten de sus malos caminos y antes de que sea demasiado tarde le pidan
al Señor que los perdone. Pues el Señor los ha amenazado
con su terrible enojo».
8 Baruc
hizo lo que Jeremías le dijo y leyó al pueblo los mensajes
del Señor en el templo. 9 Lo hizo en un
día de ayuno sagrado, celebrado a fines del otoño, durante el quinto año
del reinado de Joacim, hijo de Josías. Gente de toda Judá había venido a
Jerusalén ese día para asistir a los servicios en el templo. 10 Baruc
leyó al pueblo las palabras de Jeremías, escritas en el rollo. En el templo, se
paró frente a la habitación de Gemarías, hijo de Safán, el secretario. Esa habitación
estaba junto al atrio superior del templo, cerca de la entrada de la puerta
Nueva.
11 Cuando
Micaías, hijo de Gemarías y nieto de Safán, oyó los mensajes de parte
del Señor, 12 bajó a la sala del secretario en
el palacio, donde estaban reunidos los funcionarios administrativos. Allí
estaba el secretario Elisama junto con Delaía, hijo de Semaías; Elnatán, hijo
de Acbor; Gemarías, hijo de Safán; Sedequías, hijo de Ananías y todos los demás
funcionarios. 13 Cuando Micaías les contó acerca de
los mensajes que Baruc leía al pueblo, 14 los
funcionarios enviaron a Jehudí, hijo de Netanías, nieto de Selemías y bisnieto
de Cusi, para pedirle a Baruc que también viniera a leerles los mensajes.
Entonces Baruc tomó el rollo y se dirigió a ellos. 15 Los
funcionarios le dijeron: «Siéntate y léenos el rollo». Entonces Baruc hizo lo
que le pidieron.
16 Cuando
oyeron todos los mensajes, se miraron unos a otros asustados.
—Tenemos que contarle al rey lo que hemos oído—le
dijeron a Baruc, 17 pero primero dinos cómo
obtuviste estos mensajes. ¿Provinieron directamente de Jeremías?
18 Así
que Baruc explicó:
—Jeremías me los dictó y yo los escribí con
tinta, palabra por palabra, en este rollo.
19 —Tanto
tú como Jeremías deberían esconderse—le dijeron los funcionarios a Baruc—. ¡No
le digan a nadie dónde están!
20 Entonces,
los funcionarios dejaron el rollo a salvo en la habitación de Elisama, el
secretario, y le fueron a decir al rey lo que había acontecido.
El rey Joacim quema el rollo
21 Luego
el rey envió a Jehudí a buscar el rollo y Jehudí lo sacó de la habitación de
Elisama y lo leyó al rey, con los funcionarios presentes. 22 Era
avanzado el otoño, así que el rey estaba en el cuarto del palacio acondicionado
para el invierno, sentado junto a un brasero para calentarse. 23 Cada
vez que Jehudí terminaba de leer tres o cuatro columnas, el rey tomaba un
cuchillo y cortaba esa sección del rollo. Luego lo lanzaba al fuego, sección
por sección, hasta que quemó todo el rollo. 24 Ni
el rey ni sus asistentes mostraron ninguna señal de temor o arrepentimiento
ante lo que habían oído. 25 Aun cuando Elnatán,
Delaía y Gemarías le suplicaron al rey que no quemara el rollo, él no les hizo
caso.
26 Entonces
el rey mandó a su hijo Jerameel, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo
de Abdeel, para que arrestaran a Baruc y a Jeremías; pero
el Señor los había escondido.
Jeremías vuelve a escribir el rollo
27 Después
de que el rey quemó el rollo en el que Baruc había escrito las palabras de
Jeremías, el Señor le dio a Jeremías otro mensaje. Le dijo: 28 «Toma
otro rollo y escribe de nuevo todo tal como lo hiciste en el rollo que quemó el
rey Joacim. 29 Luego dile al rey: “Esto dice
el Señor: ‘Tú quemaste el rollo porque allí dice que el rey de Babilonia
destruiría esta tierra y la dejaría vacía de gente y de animales. 30 Ahora,
esto dice el Señor acerca del rey Joacim de Judá: el rey no tendrá
herederos que se sienten en el trono de David. Su cadáver será echado a la
intemperie y permanecerá sin enterrar, expuesto al calor del día y a las
heladas de la noche. 31 Lo castigaré a él, a su
familia y a sus ayudantes por sus pecados. Derramaré sobre ellos y sobre la
gente de Jerusalén y de Judá todas las calamidades que prometí, porque no
hicieron caso a mis advertencias’”».
32 Así
que Jeremías tomó otro rollo y volvió a dictarle a su secretario Baruc.
Escribió todo lo que estaba en el rollo que el rey Joacim había quemado en el
brasero. ¡Solo que esta vez agregó mucho más!
SALMOS 22
Para el director del coro: salmo de
David; cántese con la melodía de «Cierva de la aurora».
22 Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué estás tan lejos cuando gimo por ayuda?
2 Cada día clamo a ti, mi Dios, pero no respondes;
cada noche levanto mi voz, pero no encuentro alivio.
3 Sin
embargo, tú eres santo;
estás entronizado en las alabanzas de Israel.
4 Nuestros antepasados confiaron en ti,
y los rescataste.
5 Clamaron a ti, y los salvaste;
confiaron en ti y nunca fueron avergonzados.
6 Pero
yo soy un gusano, no un hombre;
¡todos me desprecian y me tratan con desdén!
7 Todos los que me ven se burlan de mí;
sonríen con malicia y menean la cabeza mientras dicen:
8 «¿Este es el que confía en el Señor?
Entonces ¡que el Señor lo salve!
Si el Señor lo ama tanto,
¡que el Señor lo rescate!».
9 Sin
embargo, me sacaste a salvo del vientre de mi madre
y, desde que ella me amamantaba, me hiciste confiar en
ti.
10 Me arrojaron en tus brazos al nacer;
desde mi nacimiento, tú has sido mi Dios.
11 No
te quedes tan lejos de mí,
porque se acercan dificultades,
y nadie más puede ayudarme.
12 Mis enemigos me rodean como una manada de toros;
¡toros feroces de Basán me tienen cercado!
13 Como leones abren sus fauces contra mí;
rugen y despedazan a su presa.
14 Mi vida se derrama como el agua,
y todos mis huesos se han dislocado.
Mi corazón es como cera
que se derrite dentro de mí.
15 Mi fuerza se ha secado como barro cocido;
la lengua se me pega al paladar.
Me acostaste en el polvo y me diste por muerto.
16 Mis enemigos me rodean como una jauría de perros;
una pandilla de malvados me acorrala.
Han atravesado mis manos y mis pies.
17 Puedo contar cada uno de mis huesos;
mis enemigos me miran fijamente y se regodean.
18 Se reparten mi vestimenta entre ellos
y tiran los dados por mi ropa.
19 ¡Oh Señor,
no te quedes lejos!
Tú eres mi fuerza; ¡ven pronto en mi auxilio!
20 Sálvame de la espada;
libra mi preciosa vida de estos perros.
21 Arrebátame de las fauces del león
y de los cuernos de estos bueyes salvajes.
22 Anunciaré
tu nombre a mis hermanos;
entre tu pueblo reunido te alabaré.
23 ¡Alaben al Señor, todos los que le temen!
¡Hónrenlo, descendientes de Jacob!
¡Muéstrenle reverencia, descendientes de Israel!
24 Pues no ha pasado por alto ni ha tenido en menos el
sufrimiento de los necesitados;
no les dio la espalda,
sino que ha escuchado sus gritos de auxilio.
25 Te
alabaré en la gran asamblea;
cumpliré mis promesas en presencia de los que te
adoran.
26 Los pobres comerán y quedarán satisfechos;
todos los que buscan al Señor lo alabarán;
se alegrará el corazón con gozo eterno.
27 Toda la tierra reconocerá al Señor y
regresará a él;
todas las familias de las naciones se inclinarán ante
él.
28 Pues el poder de la realeza pertenece al Señor;
él gobierna a todas las naciones.
29 Que
los ricos de la tierra hagan fiesta y adoren.
Inclínense ante él, todos los mortales,
aquellos cuya vida terminará como polvo.
30 Nuestros hijos también lo servirán;
las generaciones futuras oirán de las maravillas del
Señor.
31 A los que aún no han nacido les contarán de sus actos
de justicia;
ellos oirán de todo lo que él ha hecho.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”