Agosto 17 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 208
ESTER 1 – 5
El banquete del rey
1 Estos
hechos sucedieron en los días del rey Jerjes, quien reinó sobre ciento
veintisiete provincias, desde la India hasta Etiopía. 2 En
esa época, Jerjes gobernaba su imperio desde el trono real, ubicado en la
fortaleza de Susa. 3 En el tercer año de su
reinado, hizo un banquete para todos sus nobles y funcionarios. Invitó a todos
los oficiales del ejército de Persia y Media, y también a los príncipes y
nobles de las provincias. 4 La celebración duró
ciento ochenta días y fue una gran exhibición de la opulenta riqueza de su
imperio y de la pompa y el esplendor de su majestad.
5 Cuando
todo terminó, el rey ofreció un banquete para todo el pueblo que se encontraba
en la fortaleza de Susa, desde el más importante hasta el más insignificante.
El banquete duró siete días y se realizó en el patio del jardín del
palacio. 6 El patio estaba elegantemente decorado
con cortinas de algodón blanco y colgantes azules, sostenidos con cuerdas de
lino y cintas de color púrpura que pasaban por anillos de plata incrustados en
columnas de mármol. Había divanes de oro y de plata sobre un piso de mosaicos
de cuarzo, mármol, nácar y otras piedras costosas.
7 Las
bebidas se servían en copas de oro de distintos diseños, y había vino real en
abundancia, lo cual reflejaba la generosidad del rey. 8 Por
decreto del rey, no había límite de consumo, porque el rey había dado
instrucciones a todos los empleados del palacio de que sirvieran a cada hombre
cuanto quisiera.
9 Al
mismo tiempo, la reina Vasti hizo un banquete para las mujeres en el palacio
real del rey Jerjes.
Destitución de la reina Vasti
10 Al
séptimo día de la fiesta, cuando el rey Jerjes estaba muy alegre a causa del
vino, les ordenó a los siete eunucos que lo servían—Mehumán, Bizta, Harbona,
Bigta, Abagta, Zetar y Carcas— 11 que le trajeran a
la reina Vasti con la corona real en la cabeza. Quería que los nobles y los
demás hombres contemplaran su belleza, porque era una mujer sumamente
hermosa; 12 pero cuando le comunicaron la orden del
rey a la reina Vasti, ella se negó a ir. Esa respuesta enfureció al rey y lo
hizo arder de enojo.
13 Entonces
el rey consultó de inmediato con sus sabios consejeros, quienes conocían todas
las leyes y costumbres persas, porque siempre les pedía consejo. 14 Sus
nombres eran: Carsena, Setar, Admata, Tarsis, Meres, Marsena y Memucán, siete
nobles de Persia y Media. Esos hombres se reunían frecuentemente con el rey y
ocupaban los cargos más altos del imperio.
15 —¿Qué
debe hacerse con la reina Vasti?—preguntó el rey—. ¿Qué sanción impone la ley
para una reina que se niega a obedecer las órdenes que el rey le envía
debidamente por medio de sus eunucos?
16 Memucán
contestó al rey y a los nobles:
—La reina Vasti ofendió no solo al rey, sino
también a cada noble y ciudadano del imperio. 17 Ahora,
en todas partes, las mujeres comenzarán a despreciar a sus maridos cuando se
enteren de que la reina Vasti se negó a presentarse ante el rey. 18 Antes
de que termine este día, las esposas de todos los nobles del rey en toda Persia
y Media oirán lo que hizo la reina y empezarán a tratar a sus maridos de la
misma manera. Nada pondrá fin a su desprecio y enojo.
19 »Así
que, si al rey le agrada, sugerimos que emita un decreto por escrito, una ley
de los persas y los medos que no pueda ser revocada. Debería ordenar que la
reina Vasti sea excluida para siempre de la presencia del rey Jerjes y que el
rey elija otra reina más digna que ella. 20 ¡Cuando
se publique este decreto en todo el vasto imperio del rey, los maridos de todas
partes, sea cual fuere su rango, recibirán el respeto que merecen de parte de
sus esposas!
21 El
rey y sus nobles consideraron que esa propuesta tenía sentido, así que el rey
siguió el consejo de Memucán. 22 Envió cartas por
todo el imperio, a cada provincia en su propio sistema de escritura y en su
propio idioma, proclamando que todo hombre debía ser jefe en su propia casa y
decir lo que le viniera en gana.
Ester se convierte en reina
2 Una
vez que se le pasó el enojo, Jerjes comenzó a pensar en Vasti y en lo que ella
había hecho, y también en el decreto que él había firmado. 2 Así
que sus asistentes personales sugirieron lo siguiente: «Busquemos en todo el
imperio jóvenes hermosas y vírgenes para el rey. 3 Que
el rey nombre delegados en cada provincia para que reúnan a esas hermosas
jóvenes en el harén real en la fortaleza de Susa. Hegai, el eunuco del rey a
cargo del harén, se ocupará de que todas ellas reciban tratamientos de
belleza. 4 Después, la joven que más agrade al rey
será reina en lugar de Vasti». Al rey le pareció muy bueno ese consejo, así que
decidió ponerlo en práctica.
5 Por
esos días, en la fortaleza de Susa había un judío llamado Mardoqueo, hijo de
Jair. Pertenecía a la tribu de Benjamín y era descendiente de Cis y
Simei. 6 Su familia había estado entre los
que, junto con Joaquín, rey de Judá, fueron desterrados de Jerusalén y
llevados a Babilonia por el rey Nabucodonosor. 7 Mardoqueo
tenía una prima joven muy hermosa y atractiva que se llamaba Hadasa, a la cual
también le decían Ester. Cuando el padre y la madre de ella murieron, Mardoqueo
la adoptó, la integró a su familia y la crio como su propia hija.
8 Como
resultado del decreto del rey, Ester, junto con muchas otras jóvenes, fue
llevada al harén del rey en la fortaleza de Susa y entregada al cuidado de
Hegai. 9 Hegai quedó muy impresionado con Ester y
la trató con mucha amabilidad. Enseguida ordenó que le prepararan una dieta
especial y se le hicieran tratamientos de belleza. También le asignó siete
doncellas escogidas especialmente del palacio del rey, y la trasladó junto con
ellas al mejor lugar del harén.
10 Ester
no le había revelado a nadie su nacionalidad ni su trasfondo familiar porque
Mardoqueo le había ordenado que no lo hiciera. 11 Todos
los días, Mardoqueo daba un paseo cerca del patio del harén para averiguar cómo
estaba Ester y qué le sucedía.
12 Antes
de ser llevada a la cama del rey, a cada joven se le hacían obligatoriamente
tratamientos de belleza durante doce meses: los primeros seis con aceite de
mirra, y los siguientes con perfumes y ungüentos especiales. 13 Cuando
llegaba el momento para presentarse en el palacio del rey, se le permitía
elegir la ropa y las joyas que quisiera llevarse del harén. 14 Esa
noche la llevaban a las habitaciones privadas del rey, y a la mañana siguiente,
la pasaban a un segundo harén, donde vivían las esposas del rey. Allí
quedaba al cuidado de Saasgaz, el eunuco del rey que se ocupaba de las
concubinas. Jamás volvía a la presencia del rey a menos que a él le hubiera
agradado de manera especial y la mandara llamar por su nombre.
15 Ester
era hija de Abihail, tío de Mardoqueo. (Mardoqueo había adoptado como hija a su
prima menor, Ester). Cuando a Ester le llegó el turno de ser llevada ante el
rey, ella siguió el consejo de Hegai, el eunuco encargado del harén. No pidió
nada aparte de lo que él le sugirió, y todos los que la veían, la admiraban.
16 Llevaron
a Ester ante el rey Jerjes, en el palacio real, a comienzos del invierno del
séptimo año de su reinado. 17 Y el rey amó a Ester
más que a todas las demás jóvenes. Estaba tan encantado con ella que le puso la
corona real sobre la cabeza y la declaró reina en lugar de Vasti. 18 Para
celebrar la ocasión, ofreció un gran banquete en honor de Ester a todos sus
nobles y funcionarios, decretó día de fiesta para las provincias y entregó
generosos regalos a todos.
19 Aun
después de que todas las jóvenes fueron trasladadas al segundo harén[i] y Mardoqueo fue designado oficial del
palacio, 20 Ester siguió manteniendo en secreto su
trasfondo familiar y su nacionalidad. Todavía seguía los consejos de Mardoqueo,
tal como cuando vivía en su casa.
La lealtad de Mardoqueo hacia el rey
21 Cierto
día, mientras Mardoqueo estaba de guardia en la puerta del rey, dos de los
eunucos del rey, Bigtana[k] y Teres—guardias que custodiaban la
entrada a las habitaciones privadas del rey—se enojaron con el rey Jerjes y
conspiraron para asesinarlo; 22 pero Mardoqueo se
enteró del complot y le pasó la información a la reina Ester. Entonces ella se
lo contó al rey y le dio el crédito a Mardoqueo por la noticia. 23 Cuando
se hizo la investigación y se confirmó que lo que decía Mardoqueo era cierto,
los dos hombres fueron atravesados con un poste afilado. Todo el suceso quedó
registrado en El libro de la historia del reinado del rey Jerjes.
El complot de Amán contra los judíos
3 Tiempo
después, el rey Jerjes ascendió a Amán, hijo de Hamedata el agagueo, lo puso
por encima de todos los demás nobles y lo convirtió en el funcionario más
poderoso del imperio. 2 Todos los funcionarios del
rey se inclinaban ante Amán en señal de respeto cada vez que él pasaba porque
el rey lo había ordenado; pero Mardoqueo se negó a inclinarse ante él o a
rendirle homenaje.
3 Entonces
los funcionarios del palacio que estaban a la puerta del rey le preguntaron a
Mardoqueo: «¿Por qué desobedeces la orden del rey?». 4 Todos
los días le hablaban de lo mismo, pero aun así él se negaba a cumplir la orden.
Entonces le informaron a Amán para saber si él toleraría la conducta de
Mardoqueo, ya que Mardoqueo les había dicho que era judío.
5 Cuando
Amán vio que Mardoqueo no se inclinaba ante él ni le rendía homenaje, se llenó
de furia. 6 Como se había enterado de la
nacionalidad de Mardoqueo, decidió que no bastaba con matar solamente a él.
Entonces, buscó la forma de destruir a todos los judíos a lo largo y ancho del
imperio de Jerjes.
7 Así
que, en el mes de abril, durante el año doce del reinado de Jerjes, echaron el
plan a suertes en presencia de Amán (las suertes se llamaban purim)
a fin de determinar cuál era el mejor día y mes para llevar a cabo el plan. Se
escogió el día 7 de marzo, casi un año después.
8 Luego
Amán se acercó al rey Jerjes y le dijo: «Hay cierta raza dispersada por todas
las provincias del imperio que se mantiene aislada de todas las demás. Tienen
leyes diferentes de los demás pueblos y se niegan a obedecer las leyes del rey.
Por lo tanto, no conviene a los intereses del rey que ese pueblo siga con
vida. 9 Si al rey le agrada, emita un decreto para
destruirlos, y yo donaré diez mil bolsas grandes de plata a los
administradores del imperio para que los depositen en la tesorería del reino».
10 El
rey estuvo de acuerdo y, para confirmar su decisión, se quitó del dedo el
anillo con su sello oficial y se lo entregó a Amán, hijo de Hamedata el
agagueo, el enemigo de los judíos. 11 El rey dijo:
«Tanto el dinero como el pueblo son tuyos para que hagas con ellos lo que mejor
te parezca».
12 Así
que, el 17 de abril, citaron a los secretarios del rey, y se escribió un
decreto tal como lo dictó Amán. Lo enviaron a los funcionarios del rey de más
alta posición, a los gobernadores y a los nobles de cada provincia en sus
propios sistemas de escritura y en sus propios idiomas. El decreto se redactó
en nombre del rey Jerjes y fue sellado con el anillo del rey. 13 Se
enviaron comunicados a todas las provincias del imperio mediante mensajeros
veloces, con orden de matar, masacrar y aniquilar a todos los judíos—jóvenes y
ancianos, incluso las mujeres y los niños—en un solo día. El plan estaba
programado para el 7 de marzo del año siguiente. Las pertenencias de los
judíos serían entregadas a los que los mataran.
14 Una
copia del decreto debía emitirse como ley en cada provincia y proclamarse a
todos los pueblos, a fin de que estuvieran preparados para cumplir con su deber
el día señalado. 15 Por orden del rey, se despachó
el decreto mediante mensajeros veloces, y también se proclamó en la fortaleza
de Susa. Luego el rey y Amán se sentaron a beber, pero la ciudad de Susa entró
en confusión.
Mardoqueo pide ayuda a Ester
4 Cuando
Mardoqueo se enteró de todo lo que había ocurrido, se rasgó su ropa, se vistió
de tela áspera, se arrojó ceniza y salió por la ciudad llorando a gritos con un
amargo lamento. 2 Llegó hasta la puerta del palacio
porque no se permitía que nadie entrara por la puerta del palacio vestido de
luto. 3 A medida que la noticia del decreto real
llegaba a todas las provincias, había más duelo entre los judíos. Ayunaban,
lloraban y se lamentaban, y muchos se vestían con tela áspera y se acostaban
sobre ceniza.
4 Cuando
las doncellas y los eunucos de la reina Ester se le acercaron y le contaron lo
de Mardoqueo, ella se angustió profundamente. Le envió ropa para reemplazar la
tela áspera, pero él la rechazó. 5 Luego Ester
llamó a Hatac, uno de los eunucos del rey que había sido designado como su
asistente. Le ordenó que fuera a ver a Mardoqueo y averiguara qué era lo que le
preocupaba y por qué estaba de luto. 6 Entonces
Hatac salió a buscar a Mardoqueo a la plaza, frente a la puerta del palacio.
7 Mardoqueo
lo puso al tanto de todo lo que había pasado, hasta le dijo el monto exacto de
dinero que Amán había prometido depositar en la tesorería del reino para la
destrucción de los judíos. 8 Mardoqueo le entregó a
Hatac una copia del decreto emitido en Susa, que ordenaba la muerte de todos
los judíos. Le pidió a Hatac que se lo mostrara a Ester y le explicara la
situación. También le pidió a Hatac que la exhortara a presentarse ante el rey
para suplicarle compasión e interceder a favor de su pueblo. 9 Así
que Hatac volvió a Ester con el mensaje de Mardoqueo.
10 Entonces
Ester le ordenó a Hatac que volviera a ver a Mardoqueo y le diera el siguiente
mensaje: 11 «Todos los funcionarios del rey e
incluso la gente de las provincias saben que cualquiera que se presenta ante el
rey en el patio interior sin haber sido invitado está condenado a morir, a
menos que el rey le extienda su cetro de oro. Y el rey no me ha llamado a su
presencia en los últimos treinta días». 12 Así que
Hatac le dio el mensaje de Ester a Mardoqueo.
13 Mardoqueo
le envió la siguiente respuesta a Ester: «No te creas que por estar en el
palacio escaparás cuando todos los demás judíos sean asesinados. 14 Si
te quedas callada en un momento como este, el alivio y la liberación para los
judíos surgirán de algún otro lado, pero tú y tus parientes morirán. ¿Quién
sabe si no llegaste a ser reina precisamente para un momento como este?».
15 Entonces
Ester envió la siguiente respuesta a Mardoqueo: 16 «Ve
y reúne a todos los judíos que están en Susa y hagan ayuno por mí. No coman ni
beban durante tres días, ni de noche ni de día; mis doncellas y yo haremos lo
mismo. Entonces, aunque es contra la ley, entraré a ver al rey. Si tengo que
morir, moriré». 17 Así que Mardoqueo se puso en
marcha e hizo todo tal como Ester le había ordenado.
La petición de Ester al rey
5 Al
tercer día del ayuno, Ester se puso las vestiduras reales y entró en el patio
interior del palacio, que daba justo frente a la sala del rey. El rey estaba
sentado en su trono real, mirando hacia la entrada. 2 Cuando
vio a la reina Ester de pie en el patio interior, ella logró el favor del rey y
él le extendió el cetro de oro. Entonces Ester se acercó y tocó la punta del
cetro.
3 Entonces
el rey le preguntó:
—¿Qué deseas, reina Ester? ¿Cuál es tu petición?
¡Te la daré, aun si fuera la mitad del reino!
4 Y
Ester contestó:
—Si al rey le agrada, venga el rey con Amán hoy
al banquete que preparé para el rey.
5 El
rey se dirigió a sus asistentes y dijo: «Díganle a Amán que venga de prisa a un
banquete, como lo ha solicitado Ester». Así que el rey y Amán fueron al
banquete preparado por Ester.
6 Mientras
bebían vino, el rey le dijo a Ester:
—Ahora dime lo que realmente quieres. ¿Cuál es tu
petición? ¡Te la daré, aun si fuera la mitad del reino!
7 Ester
contestó:
—Mi petición y mi más profundo deseo es
que, 8 si he logrado el favor del rey y si al rey
le agrada conceder mi petición y hacer lo que le pido, le ruego que venga
mañana con Amán al banquete que prepararé para ustedes. Entonces explicaré de
qué se trata todo este asunto.
El plan de Amán para matar a
Mardoqueo
9 ¡Amán
salió muy contento del banquete! Sin embargo, cuando vio a Mardoqueo sentado a
la puerta del palacio y que no se puso de pie ni tembló de miedo ante su
presencia, se enfureció mucho. 10 No obstante, se
contuvo y se fue a su casa.
Luego Amán reunió a sus amigos y a Zeres, su
esposa, 11 y se jactó ante ellos de su gran riqueza
y sus muchos hijos. Hizo alarde de los honores que el rey le había dado y de la
forma en que lo había ascendido por encima de todos los otros nobles y
funcionarios.
12 Amán
también añadió: «¡Y eso no es todo! La reina Ester nos invitó exclusivamente al
rey y a mí a un banquete que preparó para nosotros. ¡Y me invitó a cenar mañana
nuevamente con ella y con el rey! 13 Sin embargo,
todo eso no vale nada mientras vea al judío Mardoqueo sentado allí, a la puerta
del palacio».
14 Entonces
Zeres, la esposa de Amán, y todos sus amigos sugirieron: «Levanta un poste
afilado que mida veintitrés metros de altura y, mañana por la mañana,
pídele al rey que atraviese a Mardoqueo en el poste. Después de eso, podrás
seguir alegremente tu camino al banquete con el rey». A Amán le gustó la idea,
y ordenó que colocaran el poste.
SALMOS 53
Para el director del coro:
meditación, salmo de David.
53 Solo
los necios dicen en su corazón:
«No hay Dios».
Ellos son corruptos y sus acciones son malas;
¡no hay ni uno solo que haga lo bueno!
2 Dios
mira desde los cielos
a toda la raza humana;
observa para ver si hay alguien realmente sabio,
si alguien busca a Dios.
3 Pero no, todos se desviaron;
todos se corrompieron.
No hay ni uno que haga lo bueno,
¡ni uno solo!
4 ¿Será
posible que nunca aprendan los que hacen el mal?
Devoran a mi pueblo como si fuera pan
y ni siquiera piensan en orar a Dios.
5 El terror se apoderará de ellos,
un terror como nunca han conocido.
Dios esparcirá los huesos de tus enemigos.
Los avergonzarás, porque Dios los ha rechazado.
6 ¿Quién
vendrá del monte Sion para rescatar a Israel?
Cuando Dios restaure a su pueblo,
Jacob gritará de alegría e Israel se gozará.
En Ester, Dios se vale providencialmente de dos
israelitas exiliados a fin de rescatar a Su pueblo de una perdición segura, sin
que se mencione explícitamente a Dios o su actividad.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”