Abril 14 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 83
1 SAMUEL 18 - 20
Saúl tiene celos de David
18 Después
de que David terminó de hablar con Saúl, conoció a Jonatán, el hijo del rey. De
inmediato se creó un vínculo entre ellos, pues Jonatán amó a David como a sí
mismo. 2 A partir de ese día Saúl mantuvo a David
con él y no lo dejaba volver a su casa. 3 Jonatán
hizo un pacto solemne con David, porque lo amaba tanto como a sí mismo. 4 Para
sellar el pacto quitó su manto y se lo dio a David junto con su túnica, su
espada, su arco y su cinturón.
5 Todo
lo que Saúl le pedía a David que hiciera, él lo hacía con éxito. Como
resultado, Saúl lo hizo comandante sobre los hombres de guerra, un nombramiento
que fue bien recibido tanto por el pueblo como por los oficiales de Saúl.
6 Cuando
el ejército de Israel regresaba triunfante después que David mató al filisteo,
mujeres de todas las ciudades de Israel salieron para recibir al rey Saúl.
Cantaron y danzaron de alegría con panderetas y címbalos. 7 Este
era su canto:
«Saúl mató a sus miles,
¡y David, a sus diez miles!».
8 Esto
hizo que Saúl se enojara mucho. «¿Qué es esto?—dijo—. Le dan crédito a David
por diez miles y a mí solamente por miles. ¡Solo falta que lo hagan su
rey!». 9 Desde ese momento Saúl miró con recelo a
David.
10 Al
día siguiente, un espíritu atormentador de parte de Dios abrumó a
Saúl, y comenzó a desvariar como un loco en su casa. David tocaba el arpa, tal
como lo hacía cada día. Pero Saúl tenía una lanza en la mano, 11 y
de repente se la arrojó a David, tratando de clavarlo en la pared, pero David
lo esquivó dos veces.
12 Después
Saúl tenía miedo de David porque el Señor estaba con David pero se
había apartado de él. 13 Finalmente lo echó de su
presencia y lo nombró comandante sobre mil hombres, y David dirigía fielmente a
las tropas en batalla.
14 David
siguió teniendo éxito en todo lo que hacía porque el Señor estaba con
él. 15 Cuando Saúl reconoció esto, le tuvo aún más
miedo. 16 Pero todos en Israel y en Judá amaban a
David porque tenía tanto éxito al dirigir a sus tropas en batalla.
David se casa con la hija de Saúl
17 Cierto
día, Saúl le dijo a David:
—Estoy listo para darte a mi hija mayor, Merab,
por esposa. Pero antes deberás demostrar que eres un guerrero de verdad al
pelear las batallas del Señor.
Pues Saúl pensó: «Voy a enviar a David contra los
filisteos y dejar que ellos lo maten, en vez de hacerlo yo mismo».
18 —¿Quién
soy yo, y quién es mi familia en Israel para que yo sea el yerno del
rey?—exclamó David—. ¡La familia de mi padre no es nadie!
19 Así
que, cuando llegó el momento para que Saúl le diera su hija Merab en
matrimonio a David, Saúl se la dio a Adriel, un hombre de Mehola.
20 Mientras
tanto, Mical, otra hija de Saúl, se había enamorado de David, y cuando Saúl se
enteró se puso contento. 21 «¡Me da otra
oportunidad para que los filisteos lo maten!», se dijo Saúl a sí mismo; pero a
David le dijo:
—Hoy tienes una segunda oportunidad para llegar a
ser mi yerno.
22 Después
Saúl instruyó a sus siervos para que le dijeran a David: «El rey te aprecia
mucho, al igual que nosotros. ¿Por qué no aceptas lo que el rey te ofrece y te
conviertes en su yerno?».
23 Cuando
los hombres de Saúl le dijeron estas cosas a David, él respondió: «¿Cómo puede
un hombre pobre y de familia humilde reunir la dote por la hija de un rey?».
24 Cuando
los hombres de Saúl le informaron al rey, 25 él les
dijo: «Díganle a David que lo único que quiero por dote son los prepucios de
cien filisteos. Vengarme de mis enemigos es todo lo que realmente quiero». Pero
lo que Saúl tenía en mente era que mataran a David en la pelea.
26 David
estuvo encantado de aceptar la oferta. Antes de que se cumpliera la fecha
límite, 27 él y sus hombres salieron y mataron a
doscientos filisteos. Así que David cumplió con el requisito del rey
entregándole los prepucios de ellos. Entonces Saúl le entregó a su hija Mical
por esposa.
28 Cuando
Saúl se dio cuenta de que el Señor estaba con David, y cuánto su hija
Mical lo amaba, 29 le tuvo aún más miedo y quedó
como enemigo de David por el resto de su vida.
30 Cada
vez que los comandantes filisteos atacaban, David tenía más éxito en contra de
ellos que todos los demás oficiales de Saúl; por eso el nombre de David llegó a
ser muy famoso.
Saúl intenta matar a David
19 Saúl
les dijo a sus siervos y a su hijo Jonatán que asesinaran a David; pero
Jonatán, debido a su profundo cariño por David, 2 le
contó acerca de los planes de su padre. «Mañana por la mañana—lo previno—,
deberás encontrar un lugar donde esconderte en el campo. 3 Yo
le pediré a mi padre que vaya allí conmigo y le hablaré de ti. Luego te
informaré todo lo que pueda averiguar».
4 A
la mañana siguiente, Jonatán habló con su padre acerca de David, diciéndole
muchas cosas buenas de él.
—El rey no debe pecar contra su siervo David—le
dijo Jonatán—. Él nunca ha hecho nada para dañarte. Siempre te ha ayudado en
todo lo que ha podido. 5 ¿Te has olvidado de
aquella vez cuando arriesgó su vida para matar al gigante filisteo y de cómo
el Señor le dio, como resultado, una gran victoria a Israel?
Ciertamente estabas muy contento en aquel entonces. ¿Por qué habrías de matar a
un hombre inocente como David? ¡No hay ningún motivo en absoluto!
6 Así
que Saúl escuchó a Jonatán y juró:
—Tan cierto como que el Señor vive,
David no será muerto.
7 Después
Jonatán llamó a David y le contó lo que había sucedido. Luego lo llevó ante
Saúl, y David sirvió en la corte igual que antes.
8 Entonces
la guerra se desató nuevamente, y David dirigió a sus tropas contra los
filisteos. Los atacó con tanta furia que todos huyeron.
9 Pero
cierto día, cuando Saúl estaba sentado en su casa con una lanza en la mano, de
repente el espíritu atormentador de parte del Señor vino sobre
él como antes. Mientras David tocaba el arpa, 10 Saúl
le arrojó su lanza, pero David la esquivó y, dejando la lanza clavada en la
pared, huyó y escapó en medio de la noche.
Mical salva la vida de David
11 Entonces
Saúl mandó tropas para que vigilaran la casa de David. Se les dio la orden de
que mataran a David cuando saliera a la mañana siguiente, pero Mical, la esposa
de David, le advirtió: «Si no te escapas esta noche, te matarán por la
mañana». 12 Así que ella lo ayudó a salir por una
ventana, y él huyó y escapó. 13 Luego ella tomó un
ídolo y lo puso en la cama de su esposo, lo cubrió con mantas y puso un
cojín de pelo de cabra sobre la cabeza.
14 Cuando
las tropas llegaron para arrestar a David, ella les dijo que estaba enfermo y
que no podía levantarse de la cama.
15 Pero
Saúl envió a las tropas de nuevo para prender a David y les ordenó:
«¡Tráiganmelo con cama y todo para que lo mate!». 16 Pero
cuando llegaron para llevarse a David, descubrieron que lo que estaba en la
cama era solo un ídolo con un cojín de pelo de cabra en la cabeza.
17 —¿Por
qué me traicionaste así y dejaste escapar a mi enemigo?—le reprochó Saúl a
Mical.
—Tuve que hacerlo—contestó ella—. Me amenazó con
matarme si no lo ayudaba.
18 Así
que David escapó y fue a Ramá para ver a Samuel, y le contó todo lo que Saúl le
había hecho. Entonces Samuel llevó a David a vivir con él en Naiot. 19 Cuando
Saúl se enteró de que David estaba en Naiot de Ramá, 20 envió
tropas para capturarlo. Pero cuando llegaron y vieron que Samuel dirigía a un
grupo de profetas que estaban profetizando, el Espíritu de Dios vino sobre los
hombres de Saúl y ellos también comenzaron a profetizar. 21 Cuando
Saúl se enteró de lo que había pasado, envió a otras tropas, ¡pero ellos
también profetizaron! Lo mismo sucedió por tercera vez. 22 Finalmente,
Saúl mismo fue a Ramá y llegó al gran pozo en Secú.
—¿Dónde están Samuel y David? —preguntó.
—Están en Naiot de Ramá—le informó alguien.
23 Pero
camino a Naiot de Ramá, el Espíritu de Dios vino incluso sobre Saúl, ¡y él
también comenzó a profetizar por todo el camino hasta Naiot! 24 Se
quitó la ropa a tirones y quedó desnudo acostado sobre el suelo todo el día y
toda la noche, profetizando en presencia de Samuel. La gente que lo vio
exclamó: «¿Qué? ¿Hasta Saúl es profeta?».
Jonatán ayuda a David
20 En
ese momento David huyó de Naiot de Ramá y encontró a Jonatán.
—¿Qué he hecho? —exclamó—. ¿Cuál es mi delito?
¿Cómo ofendí a tu padre para que esté tan decidido a matarme?
2 —¡No
es cierto! —contestó Jonatán—. No vas a morir. Mi padre siempre me cuenta todo
lo que piensa hacer, aun las cosas más pequeñas. Sé que mi padre no me
ocultaría algo como esto. ¡Sencillamente no es cierto!
3 Entonces
David hizo un juramento delante de Jonatán y le dijo:
—Tu padre sabe perfectamente bien acerca de
nuestra amistad, por lo tanto, se dijo a sí mismo: “No le diré nada a Jonatán,
¿para qué lastimarlo?”. ¡Pero te juro que estoy a solo un paso de la muerte!
¡Te lo juro por el Señor y por tu propia alma!
4 —Dime
cómo puedo ayudarte—exclamó Jonatán.
5 —Mañana
celebraremos el festival de luna nueva—respondió David—. Siempre he comido con
el rey en esa ocasión, pero mañana me esconderé en el campo y me quedaré allí
hasta la tarde del tercer día. 6 Si tu padre
pregunta dónde estoy, dile que pedí permiso para ir a mi casa en Belén para un
sacrificio anual que celebra mi familia. 7 Si él
dice: “¡Está bien!”, sabrás que todo realmente está bien; pero si se enoja y
pierde los estribos, sabrás que está decidido a matarme. 8 Muéstrame
la lealtad de quien juró ser mi amigo—porque hicimos un pacto solemne delante
del Señor—o mátame tú mismo si he pecado contra tu padre. ¡Pero te ruego
que no me traiciones entregándome a él!
9 —¡Jamás!—exclamó
Jonatán—. Tú sabes que si tuviera la menor idea de que mi padre pensara
matarte, te lo diría de inmediato.
10 Entonces
David le preguntó:
—¿Cómo podré saber si tu padre está enojado o no?
11 —Ven
al campo conmigo—le respondió Jonatán.
Entonces salieron juntos al campo 12 y
Jonatán le dijo a David:
—Te prometo por el Señor, Dios de Israel,
que para mañana a esta hora, o a más tardar, pasado mañana, hablaré con mi
padre e inmediatamente te haré saber qué piensa acerca de ti. Si él habla bien
de ti, te lo haré saber. 13 Pero si está enojado y
quiere matarte, que el Señor me castigue y aun me mate si no te
advierto para que puedas escapar y vivir. Que el Señor esté contigo
como antes estaba con mi padre. 14 Y que tú me
trates con el fiel amor del Señor mientras que yo viva. Pero si
muero, 15 trata a mi familia con este fiel amor,
aun cuando el Señor elimine a todos tus enemigos de la faz de la
tierra.
16 Entonces
Jonatán hizo un pacto solemne con David diciendo:
—¡Que el Señor destruya a todos tus
enemigos!
17 Y
Jonatán hizo que David reafirmara su voto de amistad, porque amaba a David
tanto como a sí mismo.
18 Después
Jonatán dijo:
—Mañana celebramos el festival de luna nueva. Te
extrañarán cuando vean que tu lugar a la mesa está desocupado. 19 Pasado
mañana, al atardecer, ve al lugar donde antes te escondiste y espera allí junto
al montón de piedras. 20 Yo saldré y dispararé tres
flechas hacia un lado del montón de piedras, como si estuviera disparándole a
un blanco. 21 Enseguida enviaré a un niño para que
me traiga las flechas. Si oyes que le digo: “Están de este lado”, entonces
sabrás, tan cierto como que el Señor vive, que todo está bien y que
no hay ningún problema. 22 Pero si le digo: “Ve más
lejos, las flechas están más adelante”, significará que tendrás que irte de
inmediato, porque es el Señor quien desea que te vayas. 23 Y
que el Señor nos haga cumplir las promesas que nos hicimos el uno al
otro, porque él fue testigo de ellas.
24 Entonces
David se escondió en el campo. Cuando comenzó el festival de luna nueva, el rey
se sentó a comer 25 en su lugar de siempre, contra
la pared, con Jonatán sentado enfrente y Abner a su lado. Pero el lugar de
David estaba desocupado. 26 Ese día Saúl no dijo
nada acerca de ello, pero pensó: «Algo debe haber hecho que David quedara
ceremonialmente impuro». 27 Pero cuando el lugar de
David siguió desocupado al día siguiente, Saúl le preguntó a Jonatán:
—¿Por qué el hijo de Isaí no vino a comer ni ayer
ni hoy?
28 Jonatán
le contestó:
—David me rogó que lo dejara ir a Belén. 29 Me
dijo: “Por favor, déjame ir, porque mi familia celebrará un sacrificio. Mi
hermano me exigió que estuviera presente. Así que te ruego que me dejes ir a
ver a mis hermanos”. Por eso no está a la mesa del rey.
30 Entonces
Saúl se puso muy furioso con Jonatán.
—¡Tú, estúpido hijo de prostituta! —lo
maldijo—. ¿Acaso piensas que no sé que tú quieres que él sea rey en lugar de
ti, para vergüenza tuya y de tu madre? 31 Mientras
ese hijo de Isaí esté vivo, jamás serás rey. ¡Ahora ve y búscalo para que lo
mate!
32 —¿Pero
por qué tiene que morir?—le preguntó Jonatán a su padre—. ¿Qué ha hecho?
33 Entonces
Saúl le arrojó su lanza a Jonatán con la intención de matarlo. Por fin Jonatán
se dio cuenta de que su padre realmente había decidido matar a David.
34 Así
que Jonatán dejó la mesa enfurecido y se negó a comer durante ese segundo día
del festival, porque estaba destrozado por la vergonzosa conducta de su padre
hacia David.
35 A
la mañana siguiente, como habían acordado, Jonatán salió al campo acompañado
por un muchachito para que le recogiera las flechas. 36 «Comienza
a correr—le dijo al niño—para que puedas encontrar las flechas mientras las voy
disparando». Entonces el niño corrió y Jonatán disparó una flecha más allá de
donde estaba el muchacho. 37 Cuando el niño casi
llegaba a donde estaba la flecha, Jonatán gritó: «La flecha está más
adelante. 38 Rápido, apresúrate, no te detengas».
Así que con prisa el niño recogió las flechas y regresó corriendo a su
amo. 39 El muchacho, por supuesto, no sospechaba
nada; solo Jonatán y David entendieron la señal. 40 Después
Jonatán le dio su arco y sus flechas al niño y le dijo que los regresara a la
ciudad.
41 En
cuanto se fue el niño, David salió de su escondite cerca del montón de piedras y
se inclinó ante Jonatán tres veces, rostro en tierra. Mientras se abrazaban y
se despedían, los dos lloraban, especialmente David.
42 Finalmente,
Jonatán le dijo a David: «Ve en paz, porque nos hemos jurado lealtad el uno al
otro en el nombre del Señor. Él es testigo del vínculo que hay entre
nosotros y nuestros hijos para siempre». Después David se fue, y Jonatán
regresó a la ciudad.
SALMOS 83
Un cántico. Salmo de Asaf.
83 ¡Oh
Dios, no guardes silencio!
No cierres tus oídos;
no te quedes callado, oh Dios.
2 ¿No oyes el alboroto que hacen tus enemigos?
¿No ves que tus arrogantes adversarios se levantan?
3 Inventan intrigas astutas contra tu pueblo;
conspiran en contra de tus seres preciados.
4 «Vengan—dicen—, exterminemos a Israel como nación;
destruiremos hasta el más mínimo recuerdo de su
existencia».
5 Efectivamente, esta fue su decisión unánime.
Firmaron un tratado de alianza en tu contra:
6 los edomitas y los ismaelitas;
los moabitas y los agarenos;
7 los giblitas, los amonitas y los amalecitas;
y los habitantes de Filistea y de Tiro.
8 Asiria también se unió a ellos
y se alió con los descendientes de Lot. Interludio
9 Haz
con ellos lo mismo que hiciste con los madianitas
y como hiciste también con Sísara y con Jabín en el río
Cisón.
10 Fueron destruidos en Endor,
y sus cadáveres en descomposición fertilizaron la
tierra.
11 Que sus poderosos nobles mueran como murieron Oreb y
Zeeb;
que todos sus príncipes mueran como Zeba y Zalmuna,
12 porque dijeron: «¡Vamos a apoderarnos de estos
pastizales de Dios
y a usarlos para nuestro beneficio!»
13 ¡Oh mi Dios, espárcelos como a arbustos que ruedan,
como a paja que se lleva el viento!
14 Así como el fuego quema un bosque
y una llama incendia las montañas,
15 persíguelos con tu tormenta feroz;
atérralos con tu tempestad.
16 Desacredítalos por completo
hasta que se sometan a tu nombre, oh Señor.
17 Que sean avergonzados y aterrorizados para siempre;
que mueran en deshonra.
18 Entonces aprenderán que solo tú te llamas el Señor,
que solo tú eres el Altísimo,
supremo sobre toda la tierra.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”