Abril 24 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 93
2 SAMUEL 22 -24
Cántico de alabanza de David
22 David
entonó este cántico al Señor el día que el Señor lo rescató
de todos sus enemigos y de Saúl. 2 Cantó así:
«El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi
salvador;
3 mi Dios es mi roca, en quien
encuentro protección.
Él es mi escudo, el poder que me salva
y mi lugar seguro.
Él es mi refugio, mi salvador,
el que me libra de la violencia.
4 Clamé al Señor, quien es digno de alabanza,
y me salvó de mis enemigos.
5 »Las
olas de la muerte me envolvieron;
me arrasó una inundación devastadora.
6 La tumba me envolvió con sus cuerdas;
la muerte me tendió una trampa en el camino.
7 Pero en mi angustia, clamé al Señor;
sí, clamé a Dios por ayuda.
Él me oyó desde su santuario;
mi clamor llegó a sus oídos.
8 »Entonces
la tierra se estremeció y tembló.
Se sacudieron los cimientos de los cielos;
temblaron a causa de su enojo.
9 De su nariz salía humo a raudales;
de su boca saltaban violentas llamas de fuego.
Carbones encendidos se disparaban de él.
10 Abrió los cielos y descendió;
había oscuras nubes de tormenta debajo de sus pies.
11 Voló montado sobre un poderoso ser angelical,
remontándose sobre las alas del viento.
12 Se envolvió con un manto de oscuridad
y ocultó su llegada con densas nubes de lluvia.
13 Un gran resplandor brilló alrededor de él,
y carbones encendidos se dispararon.
14 El Señor retumbó desde el cielo;
la voz del Altísimo resonó.
15 Disparó flechas y dispersó a sus enemigos;
destelló su relámpago, y ellos quedaron confundidos.
16 Luego, a la orden del Señor,
a la ráfaga de su aliento,
pudo verse el fondo del mar,
y los cimientos de la tierra quedaron al descubierto.
17 ȃl
extendió la mano desde el cielo y me rescató;
me sacó de aguas profundas.
18 Me rescató de mis enemigos poderosos,
de los que me odiaban y eran demasiado fuertes para mí.
19 Me atacaron en un momento de angustia,
pero el Señor me sostuvo.
20 Me condujo a un lugar seguro;
me rescató porque en mí se deleita.
21 El Señor me recompensó por hacer lo
correcto;
me restauró debido a mi inocencia.
22 Pues he permanecido en los caminos del Señor;
no me he apartado de mi Dios para seguir el mal.
23 He seguido todas sus ordenanzas;
nunca he abandonado sus decretos.
24 Soy intachable delante de Dios;
me he abstenido del pecado.
25 El Señor me recompensó por hacer lo
correcto;
ha visto mi inocencia.
26 »Con
los fieles te muestras fiel;
a los íntegros les muestras integridad.
27 Con los puros te muestras puro,
pero te muestras astuto con los tramposos.
28 Rescatas al humilde,
pero tus ojos observan al orgulloso y lo humillas.
29 Oh Señor, tú eres mi lámpara;
el Señor ilumina mi oscuridad.
30 Con tu fuerza puedo aplastar a un ejército;
con mi Dios puedo escalar cualquier muro.
31 »El
camino de Dios es perfecto.
Todas las promesas del Señor demuestran ser
verdaderas.
Él es escudo para todos los que buscan su protección.
32 Pues, ¿quién es Dios aparte del Señor?
¿Quién más que nuestro Dios es una roca sólida?
33 Dios es mi fortaleza firme,
y hace perfecto mi camino.
34 Me hace andar tan seguro como un ciervo
para que pueda pararme en las alturas de las montañas.
35 Entrena mis manos para la batalla;
fortalece mi brazo para tensar un arco de bronce.
36 Me has dado tu escudo de victoria;
tu ayuda me ha engrandecido.
37 Has trazado un camino ancho para mis pies
a fin de evitar que resbalen.
38 »Perseguí
a mis enemigos y los destruí;
no paré hasta verlos derrotados.
39 Los consumí;
los herí de muerte para que no pudieran levantarse;
cayeron debajo de mis pies.
40 Me has armado de fuerza para la batalla;
has sometido a mis enemigos debajo de mis pies.
41 Pusiste mi pie sobre su cuello;
destruí a todos los que me odiaban.
42 Buscaron ayuda, pero nadie fue a rescatarlos.
Hasta clamaron al Señor, pero él se negó a
responder.
43 Los molí tan fino como el polvo de la tierra;
los pisoteé en la cuneta como lodo.
44 »Me
diste la victoria sobre los que me acusaban.
Me preservaste como gobernante de naciones;
ahora me sirve gente que ni siquiera conozco.
45 Naciones extranjeras se arrastran ante mí;
en cuanto oyen hablar de mí, se rinden.
46 Todas pierden el valor
y salen temblando de sus fortalezas.
47 »¡El Señor vive!
¡Alabanzas a mi Roca!
¡Exaltado sea Dios, la Roca de mi salvación!
48 Él es el Dios que da su merecido a los que me dañan;
él derriba a las naciones y las pone bajo mi control,
49 y me libra de mis enemigos.
Tú me mantienes seguro, lejos del alcance de mis enemigos;
me salvas de violentos oponentes.
50 Por eso, oh Señor, te alabaré entre las
naciones;
cantaré alabanzas a tu nombre.
51 Le das grandes victorias a tu rey;
le muestras inagotable amor a tu ungido,
a David y a todos sus descendientes para siempre».
Últimas palabras de David
23 Estas
son las últimas palabras de David:
«David, hijo de Isaí;
David, el hombre que fue elevado tan alto;
David, el hombre ungido por el Dios de Jacob;
David, el dulce salmista de Israel, declara:
2 »El
Espíritu del Señor habla por medio de mí;
sus palabras están en mi lengua.
3 El Dios de Israel habló,
la Roca de Israel me dijo:
“El que gobierna con justicia
y gobierna en el temor de Dios
4 es como la luz de la mañana al amanecer,
como una mañana sin nubes,
como el brillar del sol
sobre la hierba nueva después de la lluvia”.
5 »¿Acaso
no es a mi familia que Dios ha elegido?
Sí, ha hecho un pacto eterno conmigo.
Su pacto está arreglado y asegurado hasta el último detalle;
él garantizará mi seguridad y mi éxito.
6 Pero los que no conocen a Dios son como espinos que se
desechan,
porque desgarran la mano que los toca.
7 Se deben usar herramientas de hierro para cortarlos;
serán completamente consumidos por fuego».
Los guerreros más valientes de David
8 Estos
son los nombres de los guerreros más valientes de David. El primero era
Jasobeam el hacmonita, quien era el líder de los Tres, los
tres guerreros más valientes entre los hombres de David. Una vez utilizó su
lanza para matar a ochocientos guerreros enemigos en una sola batalla.
9 El
siguiente en rango entre los Tres era Eleazar, hijo de Dodai, un descendiente
de Ahoa. Una vez Eleazar y David juntos les hicieron frente a los filisteos
cuando todo el ejército israelita había huido. 10 Siguió
matando a filisteos hasta que se le cansó la mano para levantar su espada, y
ese día el Señor le dio una gran victoria. ¡El resto del ejército
regresó recién a la hora de recoger el botín!
11 El
siguiente en rango era Sama, hijo de Age, de Arar. Cierta vez los filisteos se
reunieron en Lehi y atacaron a los israelitas en un campo lleno de lentejas. El
ejército israelita huyó, 12 pero Sama no cedió terreno en medio del campo e
hizo retroceder a los filisteos. Así que el Señor le dio una gran
victoria.
13 Cierta
vez durante la cosecha, cuando David estaba en la cueva de Adulam, el ejército
filisteo estaba acampado en el valle de Refaim. Los Tres (que formaban parte de
los Treinta, un grupo selecto entre los hombres de guerra de David)
descendieron a la cueva para encontrarse con él. 14 En
aquel tiempo, David se alojaba en la fortaleza, y un destacamento filisteo
había ocupado la ciudad de Belén.
15 David
les comentó a sus hombres un vivo deseo: «¡Ah, cómo me gustaría tomar un poco
de esa buena agua del pozo que está junto a la puerta de Belén!». 16 Entonces
los Tres atravesaron las líneas filisteas, sacaron agua del pozo junto a la
puerta de Belén y se la llevaron a David. Pero David rehusó tomarla, en cambio
la derramó como ofrenda al Señor. 17 «¡No
permita el Señor que la beba!—exclamó—. Esta agua es tan preciosa
como la sangre de estos hombres que arriesgaron la vida para traérmela».
De manera que David no la tomó. Estos son ejemplos de las hazañas de los Tres.
Los Treinta valientes de David
18 Abisai,
hijo de Sarvia, hermano de Joab, era el líder de los Treinta. En una
ocasión usó su lanza para matar a trescientos guerreros enemigos en una sola
batalla. Fue por hazañas como esta que se hizo tan famoso como los Tres. 19 Abisai
era el comandante y el más famoso de los Treinta aunque no era uno de los
Tres.
20 Estaba
también Benaía, hijo de Joiada, un valiente guerrero de Cabseel, quien hizo muchas proezas
heroicas, entre ellas mató a dos campeones de Moab. En otra ocasión, en un
día de mucha nieve, Benaía persiguió a un león hasta un hoyo y lo mató. 21 Otra
vez, armado solamente con un palo, mató a un imponente guerrero egipcio que
estaba armado con una lanza. Benaía arrebató la lanza de la mano del egipcio y
lo mató con ella. 22 Hazañas como estas hicieron a
Benaía tan famoso como los Tres, los guerreros más valientes. 23 Recibió
más honores que los demás miembros de los Treinta, aunque no era uno de los
Tres. Además David lo nombró capitán de su escolta.
24 Los
demás miembros de los Treinta incluían a:
Asael, hermano de Joab;
Elhanán, hijo de Dodo, de Belén;
25 Sama
de Harod;
Elica, hijo de Harod;
26 Heles
de Pelón;
Ira, hijo de Iques, de Tecoa;
27 Abiezer
de Anatot;
Sibecai de Husa;
28 Salmón
de Ahoh;
Maharai de Netofa;
29 Heled, hijo
de Baana, de Netofa;
Itai, hijo de Ribai, de Guibeá (de la tierra de
Benjamín);
30 Benaía
de Piratón;
Hurai de Nahale-gaas;
31 Abi-albón
de Arabá;
Azmavet de Bahurim;
32 Eliaba
de Saalbón;
los hijos de Jasén;
Jonatán, 33 hijo de
Sage, de Arar;
Ahíam, hijo de Sarar, de Arar;
34 Elifelet,
hijo de Ahasbai, de Maaca;
Eliam, hijo de Ahitofel, de Gilo;
35 Hezro
de Carmelo;
Paarai de Arba;
36 Igal,
hijo de Natán, de Soba;
Bani de Gad;
37 Selec
de Amón;
Naharai de Beerot, escudero de Joab, hijo de
Sarvia;
38 Ira
de Jatir;
Gareb de Jatir;
39 Urías
el hitita.
En total eran treinta y siete.
David levanta un censo
24 Una
vez más el enojo del Señor ardió contra Israel, y provocó que David
les hiciera daño al levantar un censo. «Ve y cuenta a las personas de Israel y
Judá», le dijo el Señor.
2 Entonces
el rey les dijo a Joab y a los comandantes del ejército:
—Hagan un censo de todas las tribus de Israel,
desde Dan en el norte hasta Beerseba en el sur, para que yo sepa cuánta gente
hay.
3 Pero
Joab le respondió al rey:
—¡Que el Señor su Dios le dé vida para
ver cien veces más personas de las que hay ahora! ¿Pero por qué, mi señor el
rey, quiere usted hacer tal cosa?
4 Sin
embargo, el rey insistió en que levantaran el censo, así que Joab y los
comandantes del ejército salieron y contaron al pueblo de Israel. 5 Primero
cruzaron el Jordán y acamparon en Aroer, al sur de la ciudad en el valle, en
dirección a Gad. Luego fueron a Jazer, 6 después a
Galaad en la tierra de Tahtim-hodsi y a Danjaán y hasta Sidón. 7 Luego
llegaron a la fortaleza de Tiro y a todas las ciudades de los heveos y los
cananeos. Finalmente, fueron al sur de Judá, aun hasta Beerseba.
8 Habiendo
recorrido toda la tierra durante nueve meses y veinte días, regresaron a
Jerusalén. 9 Joab informó el número de personas al
rey. Había en Israel ochocientos mil guerreros competentes que podían manejar
una espada, y además quinientos mil en Judá.
Juicio por el pecado de David
10 Pero
después de haber levantado el censo, a David le comenzó a remorder la
conciencia, y le dijo al Señor: «He pecado grandemente por haber hecho
este censo. Señor, te ruego que perdones mi culpa por haber cometido esta
tontería».
11 A
la mañana siguiente, la palabra del Señor vino al profeta Gad, quien
era el vidente de David, y le dio este mensaje: 12 «Ve
y dile a David: “Esto dice el Señor: te doy tres opciones; escoge uno de
estos castigos, y yo te lo impondré”».
13 De
modo que Gad fue a ver a David y le preguntó:
—¿Vas a elegir tres años de hambre en toda
la tierra, o tres meses de huir de tus enemigos, o tres días de una terrible
plaga por todo el país? Piénsalo bien y decide qué respuesta debo darle
al Señor, quien me envió.
14 —¡Estoy
en una situación desesperada!—le respondió David a Gad—. Mejor que caigamos
nosotros en las manos del Señor, porque su misericordia es grande, y que
no caiga yo en manos humanas.
15 Por
lo tanto, el Señor mandó una plaga sobre Israel esa mañana que duró
tres días. Un total de setenta mil personas murieron en toda la nación,
desde Dan en el norte hasta Beerseba en el sur. 16 Sin
embargo, cuando el ángel se disponía a destruir Jerusalén, el Señor desistió
y le dijo al ángel de la muerte: «¡Detente! ¡Ya es suficiente!». En ese momento
el ángel del Señor estaba junto al campo de trillar de Arauna el
jebuseo.
17 Cuando
David vio al ángel, le dijo al Señor: «¡Soy yo el que pecó e hizo el mal!
Pero estas personas son tan inocentes como ovejas, ¿qué han hecho? Que tu enojo
caiga sobre mí y mi familia».
David edifica un altar
18 Ese
día, Gad fue a ver a David y le dijo: «Sube y edifica un altar al Señor en
el campo de trillar de Arauna el jebuseo».
19 Así
que David subió para hacer lo que el Señor le había ordenado. 20 Cuando
Arauna vio al rey y a sus hombres acercándose, salió y se inclinó ante el rey
rostro en tierra.
21 —¿Por
qué ha venido, mi señor el rey?—preguntó Arauna.
David le contestó:
—Vine a comprar tu campo de trillar y a edificar
allí un altar al Señor, para que él detenga la plaga.
22 —Tómelo,
mi señor el rey, y úselo como usted quiera—le respondió Arauna a David—. Aquí
hay bueyes para la ofrenda quemada, y puede usar los tablones de trillar y los
yugos de los bueyes como leña para hacer un fuego sobre el altar. 23 Le
daré todo a usted, su majestad, y que el Señor su Dios acepte su
sacrificio.
24 Pero
el rey le respondió a Arauna:
—No, insisto en comprarlo; no le presentaré
ofrendas quemadas al Señor mi Dios que no me hayan costado nada.
De modo que David le pagó cincuenta piezas de
plata por el campo de trillar y por los
bueyes.
25 Allí
David edificó un altar al Señor y sacrificó ofrendas quemadas y
ofrendas de paz. Y el Señor contestó la oración que hizo por la
tierra, y se detuvo la plaga que azotaba a Israel.
SALMOS 93
¡El Señor es rey! Se viste
de majestad.
Ciertamente el Señor se viste de majestad y
está armado con fuerza.
El mundo permanece firme
y no puede ser sacudido.
2 Tu trono, oh Señor, permanece desde tiempos inmemoriales;
tú mismo existes desde el pasado eterno.
3 Las aguas crecieron, oh Señor.
Los diluvios han rugido como truenos;
las inundaciones elevaron sus impetuosas olas.
4 Pero más poderoso que el estruendo de los mares
enfurecidos,
más potente que las rompientes olas en la orilla,
el Señor, quien está en lo alto, es más poderoso
que estos.
5 Tus leyes soberanas no pueden ser modificadas;
tu reino, oh Señor, es santo por siempre y para
siempre.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”